Juventud

Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Repartidores de aplicaciones: "¡Al paro por nuestros derechos!"

Con el hashtag #YoNoReparto, en el día de hoy un sector de trabajadores de aplicaciones llama a un paro de actividades en varios países en el marco de la pandemia del coronavirus. Reclaman condiciones de seguridad e higiene para seguir brindando el servicio en medio de la crisis sanitaria además de un aumento de tarifas base para mejorar los ingresos de los que prestan servicios para estas plataformas digitales

Marc Arcb

Trabajador de aplicaciones

Jonhy Vega

Trabajador de aplicaciones

Eze Fernáandez

Trabajador de aplicaciones

Miércoles 22 de abril | 02:12

En el medio de la pandemia, nos llegó un mail, que nos instruía para que nosotros produzcamos nuestro propio barbijo. Un “arreglate vos en esta pandemia”, una forma más en el que el empresariado nos muestra su desprecio por nuestra vida. Reclamos sobran para llamar a distintas medidas de fuerza

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El sindicato de cadetes ASIMM (Asociación Sindical de Motociclistas Mensajeros y Servicios) mira para un costado al reclamo por la falta de materiales de protección sanitaria que las empresas deberían darnos. También se hacen los distraídos con la ART, la obra social, las licencias pagas para los pacientes de riesgo y ni siquiera salieron en el ingreso familiar de emergencia (IFE). Para nosotros, la miseria sobre nuestras espaldas, para unos pocos, la sed de ganancia.

Nuestras vidas primero

En medio de esta crisis, esto pesa aún más sobre nuestras espaldas ya qué tenemos que sumar horas y horas para agarrar “una moneda más”.
Para la clase trabajadora el avance del neoliberalismo significó peores condiciones materiales y laborales de miles y miles en todo el mundo. Hoy quieren imponernos la uberización de los trabajadores como el eslabón más débil de la cadena de trabajo.
Lejos de resignarse las y los jóvenes que trabajan en casas de comida rápida como Mcdonalds, Burguer King y Mostaza se organizaron frente al ataque que las empresas quieren asestar a sus bolsillos, echando mano a las trampas de la flexibilización del salario. Nosotros sabemos de sus extensas horas, de que para muchos de ellos y ellas es su primer laburo, con el que pueden, con suerte, costear sus estudios. Por eso los y las tomamos como ejemplo.

Hoy somos más de ochenta mil repartidores que salimos a ganarnos el mango por las empresas de apps frente al desempleo que vienen en crecimiento. Muchos venimos saltando de agencia en agencia, de trabajo en negro a trabajo en negro. Con la economía de plataformas y las benditas apps quisieron vendernos el cuento de que podemos manejar nuestros horarios y de trabajar sin jefes ni nadie encima que nos vigile. Pero lo cierto es que dejamos nuestra vida en este trabajo, como le ocurrió a nuestro compañero en Rosario. No tendremos supervisor encima pero están todo el tiempo controlandonos y tomándonos el tiempo de pedido a pedido. Tienen que reconocernos como trabajadores con todos los derechos elementales

Somos esenciales

Durante la pandemia demostramos ser esenciales, se ven más trabajadores con mochilas que ambulancias como destacó el periodista Bercovich, sin embargo, como venimos diciendo, no tenemos derecho ni a un barbijo. Es tal la irracionalidad de estas empresas qué con tal de saciar sus ganancias dejan a la deriva a miles de trabajadores a qué puedan contraer él coronavirus.

Como venimos señalando por este medio y reflejado en distintas notas, el plan de los empresarios a escala mundial es hacer pagar la crisis económica a los, trabajadores aprovechando esta pandemia como excusa para avanzar sobre derechos laborales con reducciones salariales, suspensiones y despidos masivos. Frente a esta política de los ricos organicémonos para formar comisiones de seguridad e higiene frente a los faltantes de insumos sanitizantes para nuestra labor como barbijos y alcohol en gel, y a exigir que los sindicatos se pongan a la cabeza de pelear por nuestros derechos.

Los y las pibas de casas de comidas rápida muestran el camino, organizándose frente al ataque por la reducción salarial, salieron a responder y desmantelaron toda la fachada de las empresas billonarias que no les importa si sus empleados pueden comer o no. Esos chicos y chicas demuestran que por medio de las redes podemos hacer oír la voz de los de abajo, exigiendo por nuestra salud y a ser reconocidos como trabajadores y por todos nuestros derechos.







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