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AMÉRICA DEL NORTE

Renegociación del TLC: trasnacionales en desacuerdo con cambio en reglas de origen

A varios meses en los cuales aún no hay un acuerdo sobre la renegociación del TLCAN por parte de los países que lo integran, principalmente a las dificultades encontradas por el gobierno de Trump, se suman nuevas declaraciones de múltiples empresas que se oponen a la modificación de dicho tratado.

Jesús Pegueros

Estudiante de la Facultad de Economía de la UNAM | @DemoPegueros

Martes 20 de junio de 2017 | Edición del día

Se trata de declaraciones que recorren distintos ejes industriales entre los cuales destaca la automotriz, tanto ensambladoras como productoras de autopartes, así como petroquímicas y energéticas las cuales “recomiendan” no modificar los puntos del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) en dos aspectos esenciales: reglas de origen y negociación trilateral, ya que mencionaron los “enormes beneficios” que ha traído el empleo del documento en los años de su vigencia y en específico en estos sectores.

En una carta firmada por al menos 11 empresas de alto renombre a nivel internacional, entre las cuales destacan las automotrices japonesas Toyota, Nissan, Honda, Susuki, Isuzu y Hyundai las británicas McLaren y Aston Martin, y las italianas Maseratti y Ferrarui, se solicitó al representante comercial de Estados Unidos no modificar las reglas de origen en el tratado. Inclusive mencionaron que es necesario reforzar con complementos en materia de modernización de control de patentes y comercio electrónico.

Esto debido a que el sector automotriz en su conjunto ha sido uno de los más beneficiados producto de la venta de mano de obra barata y ritmos de trabajo extenuantes a lo largo del país, pero a pesar de eso las automotrices que no son de los tres países del TLCAN quedarían en desventaja al incrementarse el porcentaje de componentes “de origen” (se pretende incrementar de 60 a 85%). A la carta también se añadieron las firmas de 5 productoras de autopartes como la japonesa Denso, la estadounidense Delphi, la canadiense SiriusXM, la holandesa NXP y la alemana Bosch.

Por el lado de los empresarios petroquímicos, no han quedado al margen sino que han avanzado en la penetración de México y otros países. “Nuestra industria se beneficia hoy y se beneficiará en el futuro de la globalización del comercia y en el aseguramiento del acceso al mismo”, fue lo que mencionó en un reciente foro empresarial el presidente de la American Chemistry Council (ACC), Cal Dooley quien aseguró que “las políticas deben ir dirigidas a asegurarnos un mayor acceso al mercado global... (esto) no se consigue cerrando el mercado estadounidense sino a través de grandes acuerdos” refiriéndose al TLCAN y el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP).

Mientras tanto, al otro lado de la frontera, ocho senadores de Estados Unidos manifestaron su intención de no renegociar el TLCAN en el sentido proteccionista de Trump, sino en la continuidad de la extensión de las relaciones comerciales como el sentido que originalmente tenía el tratado. Esto mediante el señalamiento de una serie de puntos entre los cuales recomiendan que la barrera arancelaria sea prácticamente de cero en todos los productos energéticos con su semicolonía. Esto al tiempo que se garantiza el “acceso libre” a los inversionistas estadounidenses en los mercados de México, así como fuentes de recursos tanto naturales como laborales, así como protección consistente en imponer las condiciones de las leyes estadounidenses.

Sin acuerdo entre ellos

Este conjunto de declaraciones nos permiten visualizar la profunda discusión que existe tanto entre trasnacionales no estadounidenses como en las del vecino del norte, entre los que se han beneficiado más con la entrada en vigor del TLCAN con el que se afianzó el periodo de globalización, y los sectores menos beneficiados por dichas medidas, a lo cual se suma la presión de la población que perdió sus empleos y echa la culpa de ello a la relocalización productiva de la industria hacia México y que son precisamente los que pusieron a Trump en el poder.

Estos roces parecen no tener salida al menos en el periodo próximo. O al menos así lo manifestó el secretario de comercio del país vecino, Wilbur Ross, quien en un reciente foro de inversión mencionó que las negociaciones podían prolongarse hasta el 2018, aludiendo, incluso, al escenario electoral en México como uno de los elementos circunstanciales que podrían dificultarlas.

Negociaciones en un escenario convulsivo

Esta situación no es secundaria puesto que ejemplifica la difícil situación que enfrenta el gobierno de Trump a la hora de querer llevar adelante sus promesas de campaña.

Por un lado, las discusiones internas dentro de la misma clase dominante estadounidense, lo que hace ver a Trump como un gobierno cuyo discurso duro contrasta con la debilidad del avance en sus acciones: la renegociación del TLCAN se retrasa por 8 meses, el decreto “antimusulmán” sigue detenido por la Corte Suprema, el proyecto del muro fronterizo, sin presupuesto sigue dando tumbos, entre otras cuestiones.

Por el otro lado, las fricciones con los capitales no estadounidenses empiezan a surgir. Ninguna trasnacional quiere quedar fuera del “festín” de la precarización laboral en México –que tiene los salarios más bajos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico-, el “atractivo” para las inversiones extranjeras al sur del río Bravo, de las que tanto se han beneficiado hasta ahora.

Esto es reflejo de la crisis del capitalismo imperialista estadounidense, las medidas proteccionistas en el terreno económico, chocan constantemente con una estructura que se sostiene mediante fuertes y anchos flujos internacionales de capital. Aunque estas medidas sean producto de una enorme presión social de su país, también los sectores empresariales más beneficiados actúan como constante presión haciendo imposible un acuerdo inmediato, entre los diferentes sectores del capital estadounidense discutiendo entre sí, aunado a las protestas de los capitales trasnacionales no estadounidenses.

Sin embargo, tanto para los trabajadores mexicanos que soportan jornadas inhumanas en condiciones de extrema precariedad como para los millones de desempleados y precarizados del lado norte del río Bravo ninguno de los dos sectores responde a sus demandas. Por el contrario, como lo ha demostrado las medidas xenófobas, antinmigrantes y guerreristas de Trump, en solo 3 meses, los “opositores” a las medidas bilaterales (por fuera del “espíritu” del TLCAN) y a la profundización de la reglas de origen tienen acuerdo en todo lo demás con Trump: hay que garantizar la continuidad y profundización del TLC, al final, ambos “bandos” sólo ven por sus ganancias.

Hasta aquí, el papel del gobierno mexicano es el de estar totalmente dispuesto a negociar, a sabiendas de que, como sucedió en las negociaciones de 1993 del TLCAN original, sólo estuvieron para firmar las disposiciones de un acuerdo totalmente en favor de los intereses de los empresarios estadounidenses.

Ahora no hay visos de que la renegociación asuman un rol diferente. Todo apunta a que el imperialismo estadounidense abra una nueva fase de expoliación y saqueo en todo el continente, así como una mayor degradación de las condiciones laborales de la clase trabajadora en todos los países del TLCAN.

Frente al ataque que se viene, es vital que la clase trabajadora y los pobres del campo y la ciudad de todos los países de América del Norte se unan para enfrentar los planes de Trump y las trasnacionales.







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