Cultura

ZAPATA 100 AÑOS

Relegada la figura de Emiliano Zapata en el cine mexicano

“Para el cine mexicano, el zapatismo había estado cautelosamente olvidado” (1), escribía el crítico Gustavo García revelando cómo el movimiento del Caudillo del sur había sido minimizado por el Séptimo Arte.

Martes 9 de abril | 19:37

García recuerda que el espíritu zapatista estaba presente en algunas películas como La escondida (1955), de Roberto Gavaldón, y El Caudillo (1967), de Alberto Mariscal, y tuvo una breve aparición en Lauro puñales (1968), de René Cardona y en las películas de Gabino Barrera dirigidas por Cardona y protagonizadas por Antonio Aguilar.

Emiliano Zapata (1970) una gran producción bajo la dirección de Felipe Cazals con un actor-cantante-jinete como Antonio Aguilar, sin duda una manera que tenía el régimen priísta de congraciarse con los héroes revolucionario, además de mostrar su confianza en los directores jóvenes.

El filme es fallido por intentar utilizar la figura de Zapata como propaganda, iniciando con una declaración de principios. Se escucha la voz en off del narrador mientras un alto mando del ejército se pasea por un cuartel donde acaban de azotar a un campesino, “La lucha de Emiliano Zapata no fue en vano, la Revolución Mexicana han entregado a los campesinos más de 70 millones de hectáreas entre los campesinos y ha realizado una profunda reforma agraria”.

Tenemos como resultado un héroe deformado, donde se le resta su importancia revolucionaria, y donde se falsea la historia dejando una figura de cartón vacía. Cuando son derrotados los villanos oficiales de la Revolución, Porfirio Díaz y Victoriano Huerta, el zapatismo se sumerge en balaceras caóticas, olvidando que los proyectiles se dirigían contra el ejército carrancista, pero Carranza siendo un prócer de la patria no podía ser enemigo del héroe.

Se tienen ciertos toques de verdad histórica, como la elección de Eulalio Gutiérrez como presidente emanado de la Convención de Aguascalientes, pero estos son los menos, lo que resalta es el carácter ahistórico que impone la censura oficial a sus productos.

Emiliano Zapata termina con el traicionero asesinato del Caudillo del sur en la hacienda de Chinameca, el cuerpo es custodiado por fuerzas federales donde los altos oficiales nos recuerdan mucho a Huerta, mientras un campesino mira incrédulo y receloso el fin de su líder.

Las siguientes décadas pocos serían los esfuerzos para retomar la imagen del revolucionario de Anenecuilco: Zapata en Chinameca (1988), de Mario Hernández y Zapata, el sueño de un héroe (2004), de Alfonso Arau, “ambas obras reiteraron los graves errores ideológicos y estéticos de las anteriores aproximaciones fílmicas… en el mejor de los casos, quedaron como obras fallidas” (2).

Mención aparte merece la película Viva Zapata! (1952) de Elia Kazan, con el guión de John Steinbeck basado en el libro de Edgcumb Pinchon, protagonizada por Marlon Brandon y Anthony Quinn, por la cual Brandon obtuvo el premio como mejor actor en el Festival de Cannes y Quinn ganó el Óscar como mejor actor secundario.

El filme “tuvo el mérito de darle cierto relieve internacional a la figura del héroe quien quedó convertido en sutil vehículo para intentar proponer algunas ideas de “izquierda” en el contexto de la Guerra Fría y de su expresión más cabal a través del oprobioso Comité de Actividades Antinorteamericanas” (3).

La premisa es sencilla Emiliano Zapata (Marlon Brando) es un campesino analfabeto que junto a su hermano Eufemio (Anthony Quinn) y un periodista Aguirre (Joseph Wiseman) encabeza la revuelta de campesinos contra Porfirio Díaz.

Al terminar la Revolución Maderista, Francisco I. Madero (Harold Gordon) lo nombra general. Madero es asesinado y Zapata asume el poder. Su sencillez, pureza y sinceridad, le valen el odio de los políticos y militares. Ante tal hostilidad, Zapata se refugia en las montañas con su mujer (Jean Peters) hija de un terrateniente, y unos cuantos fieles, hasta que es asesinado en una emboscada.

Pero la película se rueda después de un momento complicado en la vida de Kazan, recuerda el especialista Tomás Pérez Tourrent, “… es la primera película de Elia Kazan después de su actuación en los procesos macartistas es evidente que esto tiene una influencia definitiva en el filme. Su película pretende ser la toma de posición de un hombre que “siendo de izquierda y progresista es antiestalinista” (Michel Ciment, Kazan par Kazan, Paris 1973), habla del riesgo que supone la mística revolucionaria, el dilema trágico de la revolución: “una vez que se ha hecho la revolución ¿qué hacer con el poder?, ¿qué especie de estructura construir?” (4)

La cinta se divide en tres partes la primera donde un hombre organiza al pueblo para luchar contra la opresión e injusticias, algo justo. La segunda una vez en posesión del poder Zapata no sabe como ejercerlo, el poder lo corrompe. La tercera Zapara lo abandona el poder y se vuelve vulnerable y es asesinado.

Kazan tiene muchas vacilaciones ideológicas en la historia, la lucha de Zapata la ve fundamentada en una “pureza” que les da la “pobreza”, alejada de intereses concretos como la toma del poder por parte del campesinado.

La historia que cuenta del filme es la historia de un fracaso, lo cual no deja de ser cierto, aunque Kazan evita tratar las causas del fracaso.

La influencia estética de la película es el archivo Casasola que el director impactó. Al final para algunos la historia convierte a un bandido en un Santa Claus, y para otros un idealista es convertido en un asesino.

Documentales

Los documentales como Testimonios zapatistas (1986), de Adolfo García Videla, Los últimos zapatistas (1999), de Francesco Taboada Tabone o Los zapatos de Zapata (2002), Luciano Larobina han hecho un registro histórico y una recuperación de la herencia y memoria del movimiento zapatista.

Notas:

(1) V.V. A.A. Filmoteca 1, El cine y la Revolución Mexicana, editado UNAM, México 1979, p. 110.
(2) Cine toma, revista mexicana de cine, año 2, núm. 12, septiembre-octubre 2010, p.14.
(3) VV. AA., Cine y Revolución, La Revolución Mexicana vista a través del cine, Coord. Pablo Ortiz Monasterio, ed. IMCINE, México 2010, p.123.
(4) Filmoteca 1, 1979, p. 87.







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