Mundo Obrero

CARTA

Relato de un trabajador del plástico

Les quiero contar que conseguí laburo. Posiblemente, como todos los trabajos anteriores, sea algo temporal y un día, como siempre, me frenen en los molinetes para decirme “vos no entrás”.

Jueves 25 de septiembre de 2014 | Edición del día

Entré a trabajar en esta fábrica metalúrgica que trabaja, en realidad, con chapas y piezas de plástico. Tuve que mudarme y dejar mi familia para agarrar este trabajo.
Desde hace seis semanas vivo en una ciudad que no es la mía, para trabajar en un trabajo en el que me consideran una mula de carga. Trabajo trece horas diarias.
Como en mis trabajos anteriores trabajo en el sector de Mantenimiento, reparando máquinas que le generan gigantes ganancia a los dueños. Somos 22 en mi sector y casi 400 en total.
A pesar de todo, estoy muy contento de poder estar trabajando en una fabrica, me siento "como en casa".

Las condiciones son muy malas, la seguridad industrial no existe, nadie tiene casco, ni cuenta con elementos de protección. Solamente los trabajadores de un sector tienen protectores auditivos y cofia. Pero no les dan barbijos siendo que trabajan con químicos, entre ellos algunos que después de olerlo durante cinco minutos, te mareás. A los obreros que están en producción solo les dan una cofia para que ningún pelito caiga sobre sus preciados objetos de plástico y les arruine parte de la producción.

Del sindicato no se mucho. Pero calculen que el sindicato permite, a la empresa, tenernos contratados un año, o mas para pasarnos a planta y después no nos reconoce la antigüedad, una brutalidad. Les chorrea burocracia por las orejas.
Hace dos años la empresa, entre otras, recibió el apoyo del Estado para construir un galpón en el cual guardar stock que despues utilizan para seguir vendiendo cuando nos echan a la calle. A la inauguración vinieron todo tipo de funcionarios políticos, de todos los pelajes. Una fiesta de la que fuimos los espectadores.

Hace pocas semanas que estoy y ya hubo dos “incidentes”. El primero, el gancho de la grúa puente, con el que se transportan los bolsones con elementos metálicos se desprendió y cayó arriba de una de las máquinas a la que hacemos mantenimiento. Obviamente que la hizo pedazos. Por suerte el operario se dio cuenta de que el cable de acero se estaba cortando y la direccionó hacia donde no había nadie. El otro, una maniobra desafortunada con el Clark que casi lamentamos. Un trabajador presionado por los acelerados tiempos del patrón. Seguramente el compañero pase a engrosar el índice de desempleados.

En pocas mugrosas semanas, dos incidentes pudieron terminar en desgracia, lo que me da la pauta de que esto sucede con frecuencia, y eso es debido a la carga horaria inmunda a la que nos someten. En ambos casos, los ritmos frenéticos que impone la empresa y su desidia en seguridad industrial y control de las personas, maquinas y herramientas. Para terminar, cuento que le pregunté a un compañero del taller de cincuenta años cuánto hace que laburaba ahí, y me dijo que hacía quince años. Luego le pregunté cuántos días trabajaba ocho horas. Me dijo que nunca en quince años. Que trabaja trece horas y que si trabaja ocho, no puede pensar en llegar a fin de mes.

Creo que las condiciones están dadas para que algo explote en cualquier momento, espero estar al pie para poder organizarlo con paciencia y con plena conciencia. Ya mis compañeros me invitaron los viernes a jugar a la pelota. Ando con una lesión en la pierna, además de no ser un crack. Este es un buen momento para construir relaciones con los compañeros que sirvan para enfrentar a estas patronales negreras que nos roban día a día el bien mas preciado que tenemos, nuestro tiempo.







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