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La Izquierda Diario

Fotogalería.Refuzniks, la cara oculta de Israel por Martín Barzilai

Martes 18 de mayo | Edición del día
Ben, 27 años, asistente de un videoclub: “Mi padre pasó 40 días en la cárcel por no querer servir en el ejército en Gaza. Cuando fue mi turno de ir, le dije al oficial a cargo sobre mis problemas mentales, que no quería portar un arma y que si me obligaban a portar una, la usaría contra mis superiores. Fue una de las decisiones más importantes de mi vida. Cuando veo a todos los jóvenes que mueren por la causa sionista, solo puedo estar feliz con mi decisión. Me gustaría sentir compasión por estos soldados, pero, sinceramente, no puedo: cuando aprietan el gatillo y disparan a los civiles, eso es imperdonable.” Tel Aviv, 2014. | Martín Barzilai.

Refuzniks es el nombre hebreo por el que se conoce a los jóvenes israelíes que se rehúsan a ser parte de la maquinaria estatal y policial del Estado de Israel. Por diferentes motivos rechazan lo que parece ser una etapa obligatoria en una sociedad militarizada. Desde la niñez hasta la adolescencia, escuelas e institutos, invitan a los soldados a sus aulas para explicarles el papel y la importancia de esa institución.

De hecho, Israel tiene el récord mundial de gasto en armamento per cápita: US$1429. Tsahal tiene 186.500 soldados y puede movilizar 445.000 reservistas. Hoy en día, la mitad de los israelíes comienza el servicio militar a los 18 años (3 años para los hombres, 2 años para las mujeres). Sin embargo, se puede evitar si se presenta algún problema físico o mental. Para los árabes israelíes (18% de la población) y los judíos haredíes (que realizan estudios religiosos), el servicio militar no es obligatorio.

Muchos de los refuzniks son pacifistas. En ese caso, tienen que acudir a un comité que decidirá si la persona tiene o no derecho a evitar el servicio militar. Otros optan por decir claramente que están en contra de la ocupación de territorios palestinos. El castigo para estas personas es la prisión militar. La pena puede variar de 2 meses a 2 años (dependiendo de su posición social y situación personal). También hay personas que evitan el servicio militar por motivos personales (estudios, trabajo, familia). El movimiento de refuzniks está adquiriendo cada vez más importancia a pesar de cargar con un estigma indeleble para su país.

Esta serie de fotografías tiene como objetivo mostrar una parte oculta de Israel. Se trata de algunos de los retratos tomados entre 2008 y 2017 por Martín Barzilai, que forman parte del libro de 200 páginas publicado por Libertalia (Francia) en 2008 y que recibió el primer premio en el festival «Rendez-vous Photo» de Estrasburgo.

Izq: Yaron, 22 años, cartero: “Estaba en una escuela secundaria militar. Se suponía que debía convertirme en un oficial de alto rango. En Internet, me encontré con una entrevista a un político que dijo que los árabes y los judíos podían cooperar. Después de eso, todo ha cambiado para mí. Después de un año y medio de servicio, pasé cuarenta días en prisión.” Tel Aviv, 2016 Der: Omri, 18: “Todo empezó con la conciencia sobre algo muy simple: estoy en contra de quitar una vida. Rápidamente me di cuenta de que no podía ser parte de una estructura violenta como el ejército. En casa no hablábamos de política, ni siquiera sabía qué era la ocupación de los territorios palestinos. Cuando fui a Cisjordania, fue como un electroshock. En los puestos de control, a las 3 de la mañana, podemos ver a 8.000 personas esperando para pasar por una puerta muy pequeña. Hay personas mayores, mujeres embarazadas y pacientes. Algunos caen por agotamiento. Pasé 67 días en la cárcel.” Tel Aviv, 2016. | Martín Barzilai
Alona, 24 años, estudiante: “Nací en Ucrania y llegué a Israel en 2002. Me levantaba todos los días a las 5 de la mañana, iba al ejército y me quedaba hasta las 5 de la tarde. Y trabajaba casi todos los días en un café hasta la una o las dos de la madrugada. Vivía con mi tía. Pero no tenía suficiente dinero para ayudarla con el alquiler. Sentía que era una carga para ella. Una vez dormí en la calle. Después de este episodio, decidí que no continuaría con mi servicio militar.” Tel Aviv, 2016. | Martín Barzilai
Izq: Tamar, 20 años: “Soy pacifista. En 2008 decidí ir a la cárcel para explicar que es posible cuestionar el tabú del servicio militar. Lo más importante para mí era que la gente pudiera escuchar una voz diferente. Pasé tres meses en prisión. Durante el último mes estuve en soledad porque no quería usar el uniforme. En cuanto a lo que está sucediendo ahora, creo que es aún más importante negarse a ingresar en el ejército. El odio y la intolerancia mostrados hacia este tipo de decisiones son aún más fuertes hoy que entonces. El nacionalismo y la propaganda de la derecha han hecho que la gente pierda toda esperanza. Mi generación ha crecido sin ningún contacto con la sociedad palestina. Así que el odio florece más fácilmente." Tel Aviv, 2014. Der: Daniel, 24 años, estudiante: “Como socialista, no quería hacer el servicio militar porque estoy en contra del imperialismo. Además, en la sociedad israelí, la guerra siempre ha sido sinónimo de injusticia social. Independientemente del gran problema social que sea, queda relegado al último lugar del debate público, si el estado decide que el ejército debe atacar el Líbano o Gaza. Mis padres no querían que le sucediera una tragedia a su único hijo. Al final, me declararon no apto para el servicio debido a problemas psicológicos." Haifa, 2009. | Martín Barzilai.
Aiden 19: “Decidí que no iría al ejército cuando vi el vídeo de mi amiga Taïr Kaminer. Quería hacer algo valiente y solidario. Pensé que podría tener un efecto positivo en esta causa de que un transgénero fuera a la cárcel de hombres.” Tel Aviv, 2016. | Martín Barzilai.
Isham, 39: “Mis padres son drusos y comunistas. Estaba claro desde el principio que no me uniría al ejército porque no podía apoyar la política israelí. Hay una ley de 1957 que obliga a los drusos a unirse al ejército. Las principales familias drusas lo han aceptado. Hay un acuerdo entre dos élites, los jóvenes no tienen voz en ese tema. El objetivo de Israel siempre ha sido dividir y gobernar. La política israelí ha funcionado, los jóvenes drusos se unen al ejército y se les hacen creer que son privilegiados, pero su situación social sigue siendo lamentable. Hacen todos los trabajos malos, especialmente en los puntos de control. Pasé un año y medio en prisión por desobediencia.” | Martín Barzilai.
Giyora Neumann, 55 años, periodista: “En 1971, cuando tenía 17 años, fui el primero en negarme a alistarme en el ejército e ir a la cárcel. En ese momento era activista de Matzpen, un partido político socialista, revolucionario y antisionista. Estábamos en contra de la ocupación (de los territorios palestinos) desde el principio (nota del editor, en 1967). También lo hice por motivos personales: mi familia sufrió otra ocupación... en Polonia. Mis padres me apoyaron a pesar de que tenían miedo. Entendieron mi posición. Tal vez sufieron, más desde un punto de vista social, por lo que la gente decía de su hijo de lo que yo mismo sufrí.” Tel Aviv, 2009. | Martín Barzilai.
Izq: Haggai, 26 años, periodista: “Cuando tenía 16 años tuve un maestro que por primera vez nos habló del conflicto de una manera diferente. Ese mismo año participé en un convoy de paz a Cisjordania para ayudar a reconstruir las casas palestinas que habían sido destruidas por el ejército. En 2001 fuimos 25 los que decidimos ir a la cárcel para protestar contra la ocupación. Hubo un gran juicio. Los testigos aparecían en televisión. En la facultad de derecho este juicio se ha convertido en un caso importante, tanto desde un punto de vista político como filosófico. El ejército quería dar un ejemplo para asustar a los demás, me condenaron a dos años de prisión.” Tel Aviv, 2009. Der: Tair, 19 años: “Es obvio que en esta sociedad todos deben ir al ejército independientemente de lo que piensen o de quienes sean. El gobierno, los propios soldados, el Ministerio de Defensa, todo el mundo dice: "No tenemos otra opción”. Los israelíes se convencen a sí mismos de que no hay alternativa a la guerra. Mi idea era romper este prejuicio. En cuanto a los retenes, el argumento es el mismo: “No tenemos otra opción, nos apuñalan en la calle”. Esto es parte del problema general de este país, todo está conectado al terror.” Tel Aviv, 2016. | Martín Barzilai.
Omer, 20 años, estudiante: “El sistema del ejército funciona bien. No deja tiempo para la reflexión. Creo que los israelíes deberían conocer la situación de los palestinos para poder elegir si quieren unirse al ejército o no. Mi padre es un general importante, fue director adjunto del Mossad (la agencia de inteligencia israelí). Estábamos en lados opuestos. Pasé dos meses en la cárcel. Mi caso causó un gran revuelo. Fue duro, perdí cinco kilos.” Tel Aviv, 2009. | Martín Barzilai.
Kobi, 38 años, investigador en matemáticas: “Cuando tenía 12 años decidí que no haría el servicio militar. No me sentí obligado a servir a un país del que no me sentía parte. La primera vez que me llamaron dije que era gay, depresivo y desequilibrado. Hoy me arrepiento de haber tomado el camino más fácil y no haber simplemente declarado que me negaba a servir en el ejército. El ambiente en Israel es cada vez más sofocante, cada vez es más peligroso protestar en Tel Aviv contra la ocupación de los territorios.” Haifa, 2014. | Martín Barzilai.
Izq: Or, 19 años: “Debido a que crecí en una familia israelí muy sionista, cuando era niña estaba segura de que me alistaría en una unidad de combate. Pero cuando estaba en una manifestación contra el muro en Cisjordania, el ejército israelí nos disparó. Ese día me di cuenta de que no haría mi servicio militar. Voy a ir a la cárcel para que mi familia lo entienda.” Tel Aviv, 2009. Der: Uri: “Cuando estaba en la escuela secundaria, comencé a entender que lo que nos enseñaban en la escuela era solo una parte de la historia. Me interesaba la política y estaba en contra de la ocupación de los territorios palestinos. A los 17 años, pensé por primera vez que no debía unirme (al ejército). Eso fue un shock para mis padres. Intentaron convencerme de que me uniera al ejército, pero no lo consiguieron. Al final, me declararon no apto para el servicio debido a problemas psiquiátricos." Haifa, 2009. | Martín Barzilai.
Margarida, 23 años: “Llegué a Israel desde Brasil con mi familia cuando tenía 14 años. Me uní al ejército a los 19 y pedí que me instalaran cerca de mi casa. Nunca me escucharon. Al final, tomé 60 pastillas para que entendieran que era algo grave y se deshicieron de mí. Soñaba con trabajar en el aeropuerto, pero ahora eso es imposible.” Ashkelon, 2009. | Martín Barzilai.
Izq: Gal, 19 años: “Cuando tenía 13 años recuerdo haber visto en la televisión a los refuseniks que iban a la cárcel por no unirse al ejército. Los encontré repugnantes. Los ataques suicidas de 2002 a 2003 me afectaron. Después leí sobre la historia de Palestina y me di cuenta del alcance de mi ignorancia. Al final, y sobre todo por mi familia, decidí que me declararan no apto para el servicio por problemas psicológicos. Creo que lo más difícil para mi padre es cuando la gente le pregunta qué estoy haciendo ahora. Si fuera un chico 'normal' estaría en el ejército." Haifa, 2009. Der: Gaï, 30 años, dramaturgo: “Llevaba un mes en el ejército cuando supe que mi hermana pequeña había muerto en un ataque suicida en Jerusalén. Me quedé en el ejército en un intento por evitar deprimirme por completo. Pero no funcionó. Mucho después viajé a Francia donde trabajé con refugiados palestinos. Fue en ese momento que decidí ser un “misionero” contra el servicio militar.” Tel Aviv, 2009. | Martín Barzilai.
Alex, 22 años, operador de cine. "A los 17 años, fui a los territorios ocupados para ayudar a los palestinos y recoger aceitunas. Me di cuenta de que la seguridad como justificación de la ocupación era una mentira. Decidí no hacer mi servicio militar. Pasé 5 meses en prisión por desobediencia." | Martín Barzilai.
Raz, 26 años, cineasta: “Cuando tenía 15 años no sabía nada sobre los palestinos. Vivía en una especie de burbuja. Pero cuando entré a los territorios por primera vez, vi muy claramente que la ocupación no existía por razones de seguridad. Sentí fuertemente que nos habían mentido. En 2008, siete de nosotros nos negamos a alistarnos en el ejército. Pasé 4 meses en la cárcel. Me encontré cara a cara con la realidad de otras chicas que se encontraban en una situación mucho más difícil que la mía tanto a nivel familiar como social.” Tel Aviv, 2016. | Martín Barzilai.

Martín Barzilai nació en Montevideo, Uruguay. Se graduó en 1994 en la Ecole Nationale Supérieure Louis-Lumière de París. Luego viajó por Sudamérica donde se interesó por los problemas políticos y sociales de la región. En Buenos Aires, fue parte de Sub Cooperativa entre 2011 y 2015. También hizo
varios reportajes en Israel-Palestina y Túnez. Colabora con muchos medios franceses (Le Monde, L’Obs, Courrier International) e internacionales (New York Times, Rolling Stone) combinando encargos de prensa y trabajo autónomo. Actualmente es profesor de fotografía en París.

Ha sido seleccionado para la feria nacional de artes visuales de Argentina (2014 y 2015). Su obra ha sido expuesta en París, Barcelona, ​​Sao Paulo, Buenos Aires, Montevideo y Los Ángeles.

Principales exposiciones personales:
« Operation Massacre in Montevideo » (1994) Publico - París
« Communities at the Heart of War - Colombia » (2004) La Passerelle - París
« Nights in Barcelona » (2007) Ultramarino - Barcelona
« Refuzniks» (2017 - 2019) - Sète, Brest, Romans, Montpellier, Toulouse

Principales exposiciones colectivas:
« Buenos Aires » (2008) Carré d’Art - Rennes
« E.CO » (2010) Antigua fabrica de Tabacos - Madrid
« Puerto Quilombo » (2012) Centro de Fotografía - Montevideo
« Behind closed gates » (2013) Latin-american Forum of photography - Sao Paulo
« Puerto Quilombo » (2014) Centro Cultural Recoleta - Buenos Aires
« Behind closed gates » (2015) Biennale Photoquai - París
« La maison et le monde » (2016) galerie gare de Marlon - París
« Photography in Argentina » (2017) Getty Center - Los Angeles
« Adolescence » (2018) Festival du regard - París
«Paris de la peine » (2020) Maison du Japon - París
«Le grand bal masqué» (2020) Quartier rouge - París
«Le bal masqué solidaire» (2021) La Flèche d’Or - París



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