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POLÍTICA NACIONAL

Recuerdos de la Alianza: ataque contra los jubilados y represión en las calles

Las imágenes de una Buenos Aires saturada de Gendarmes recorrieron el país. Hoy el Gobierno intentará aprobar la reaccionaria reforma previsional con los votos peronistas. La CGT convoca a marchar y a un paro que recién tendría lugar mañana, luego de la eventual aprobación de la ley.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Jueves 14 de diciembre de 2017 | Edición del día

Se ha afirmando muchas veces que la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa. La imagen le pertenece a Karl Marx y es parte de un gran texto que explicaba el ascenso de Luis Bonaparte al poder en Francia. Corría la mitad del siglo XIX. En la Argentina contemporánea, aunque la historia se repite, a veces se resulta difícil distinguir tragedia de farsa.

Una ex ministra de la Alianza que redujo los ingresos de los jubilados en un 13 %, hace casi dos décadas, es hoy titular de la cartera de Seguridad. Es la responsable de la desproporcionada militarización de la Ciudad de Buenos Aires, así como la impulsora de la impunidad para el accionar de las fuerzas represivas. El lugar que ocupa Patricia Bullrich en la historia de las muertes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel lo ilustra.

Ayer fue la Gendarmería la que impidió, apelando a palos, perros y un carro hidrante, la llegada de organizaciones de desocupados a la Plaza de los dos Congresos. Marchaban para denunciar la reaccionaria reforma jubilatoria que ataca los ingresos de millones de trabajadores. El martes habían sido reprimidos manifestantes en el marco de la cumbre de la OMC. Al cierre de esta edición, a más de 24 horas de los hechos, tres personas continuaban detenidas sin ser indagadas. El juez que interviene se llama Claudio Bonadio. Sobran las explicaciones.

El clima represivo nacional que impulsa el gobierno no nació en la última semana. Por el contrario, desde hace meses es posible verlo en el sur del país. Allí, donde el problema de la tierra se une al de las inversiones petroleras, grandes empresarios y terratenientes reclaman un Estado que imponga su orden a costa de la sangre mapuche.

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En estas horas, el discurso represivo y la militarización de la CABA no pueden ser separados del intento de avanzar en imponer nuevas condiciones de explotación a la clase trabajadora y nuevos sacrificios al pueblo pobre. La contracara es la garantía de todo tipo de beneficios para el gran capital.

La triple contrarreforma que encarnan los proyectos de reforma laboral, previsional y tributaria constituyen los rostros actuales de esa política. El martes, en otra remake aliancista, el diputado Eduardo Amadeo –ex menemista y ex vocero de Duhalde- fue actuó como uno de los más acérrimos defensores de la reforma que hunde el ingreso de 17 millones de jubilados.

Ayer, en Córdoba, Macri defendió lo que llamó leyes que “dan previsibilidad”. Sin embargo, ese carácter solo corre para el gran empresariado. Las millones de personas que serán puestas ante el trance de “elegir” jubilarse a los 70 años solo pueden sentir inestabilidad. En el gobierno de la CEOcracia, solo el desprecio por la gente de a pie se iguala con la defensa tajante del interés capitalista.

Peronismo de la gobernabilidad

Una vez más, la ventaja estratégica para el plan de ajuste de la CEOcracia de Cambiemos reside fuera de sus filas. Nadie en su sano juicio podrá negar el papel de la gran corporación mediática y de gran parte de la casta judicial.

Pero los avances macristas en el Congreso serían imposibles sin la colaboración activa de una fracción importante del peronismo. Una fracción que se extiende territorial y socialmente por los diversos niveles de poder que ocupa esa fuerza.

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Los últimos dos años y las últimas dos semanas volvieron a mostrar esa funcionalidad del peronismo. Cambiemos conquista leyes de ajuste aun siendo una minoría en las cámaras legislativas. Los Pichetto o Bossio son los garantes legislativos de la ofensiva cambiemita.

El peronismo sindical suma colaboración activa a esa gobernabilidad. La “creatividad burocrática” sorprende. Cuando uno pensó que había visto todas las formas de capitulación posibles, la CGT inventa el "paro post facto". Una medida de fuerza llamada a condición de…y cuando el saqueo al bolsillo de los jubilados ya haya sido votado.

El descontento, las calles y la resistencia

El giro represivo del gobierno evidencia los enormes límites a su política real. Los discursos floridos de campaña son ya un recuerdo del pasado, a años luz de distancia. El descontento, que este jueves se evidenciará en las calles, permite recordar que el resultado electoral no fue un cheque en blanco hacia el oficialismo.

Reafirma, además, aquella definición que ponía fuertes límites a la llamada "hegemonía cambiemita". Lograrla significará superar con cierto éxito los obstáculos sociales a su política de ajuste.

Precisamente de lo que se trata es de poner en movimiento ese enorme descontento social que recorre el país. Ese descontento que hasta obliga a la CGT a salir parcialmente del cono del sombras en el que habita hace meses. Esa rabia que se ve en cada esquina de cada barrio de cada ciudad.

El martes, durante la tensa reunión de comisiones en la Cámara Baja, Nicolás del Caño, el diputado del PTS-Frente de Izquierda, llamó a rodear el Congreso para impedir la aprobación de la reaccionaria reforma. Si hay algo que resulta evidente a esta altura es que la bronca y la disposición para hacerlo sobran. Los responsabilidad de los dirigentes de los grandes gremios es central.







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