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ELECCIONES EN ESTADOS UNIDOS

Racismo y mentiras en la vuelta de Trump a la campaña presidencial

Donald Trump reinició su campaña de reelección con un acto en Tulsa. Racismo, divagues e intentos cínicos de amigarse con la base afroamericana fue lo que el evento dejó.

Martes 23 de junio | 00:00

AP Photo/Evan Vucci

Donald Trump subió al escenario en su acto de reinicio de campaña en la ciudad de Tulsa, Oklahoma, el sábado por la noche en una posición política difícil. El trío del coronavirus, el colapso económico y los levantamientos nacionales afectaron sus proyecciones. La reelección aparece cada vez más lejana. Joe Biden, su oponente del partido Demócrata, ha estado subiendo en las encuestas, y se perfila para derrotarlo. Para peor, la asistencia en Tulsa estuvo significativamente por debajo de la estimación de la campaña.

El acto fue controversial desde su anuncio. Para empezar, los expertos están casi universalmente de acuerdo en que un acto con miles de personas durante la actual pandemia supone un riesgo significativo para todos los participantes. Este riesgo sólo se incrementó cuando la campaña de Trump decidió no exigir a los asistentes que llevaran máscaras, aunque todos los asistentes tuvieron que firmar una declaración en la que acordaron no hacer responsables a Trump o a su campaña si contraían el virus. Poco antes del inicio, se supo que seis miembros del equipo de campaña habían dado positivo en Covid-19.

Otra razón es que estaba originalmente programado para el 19 de junio - mejor conocido como Juneteenth, que conmemora el día que la noticia de la emancipación llegó al último grupo de esclavos en Texas. Además, la ciudad es también el lugar de la Masacre racial de Tulsa de 1921, donde los supremacistas blancos quemaron la colonia de libertos conocida como Black Wall Street y mataron a cientos de afroamericanos en lo que se considera uno de los peores hechos de violencia contra los negros en la historia de los Estados Unidos. Que Trump hiciera un acto en un lugar y una fecha con esta historia durante el mayor levantamiento contra la violencia racista en generaciones fue ampliamente criticado, y la protesta pública obligó a Trump a retrasarlo un día.

Un comienzo moderado y un discurso sin eje

Al principio, Trump no fue tan explosivo como muchos temían. Por lo general se ciñó a los temas estándar de los republicanos, pregonando su capacidad nombrar jueces conservadores y el Gran Regreso Americano de su presidencia. El control de armas y los viejos argumentos de "los demócratas quieren quitarles las armas" fueron predecibles. Sin embargo, el discurso rápidamente tomó un giro surrealista.

Contó una anécdota sobre cómo le costaba bajar una rampa que culminó con él mismo lanzando un vaso de agua al escenario. Y otra sobre el pedido de un nuevo avión a la compañía Boeing en la que dijo que un alto oficial de la empresa era un “tonto hijo de p*uta”. Esto demuestra lo confuso del mensaje, incluso para él mismo. Como dijo el ex escritor de discursos de Barack Obama, Jon Favreau: "por todas las mentiras y cosas ofensivas que Trump dijo en 2016, había un mensaje: él era el forastero que podía drenar el pantano y luchar contra las élites y hacer que el país se pareciera a los años 50. ¿Cuál es el mensaje ahora? No hay ni una pizca de uno".

A lo largo de todo el discurso, Trump fue incapaz de elaborar un mensaje coherente, oscilando entre los temas estándar de los republicanos, los ataques a Joe Biden tanto por derecha como por izquierda, las historias peculiares y diatribas. Con todo, como táctica política, parece dudoso que el discurso en Tulsa haga mucho para detener la sangría en las urnas. Podemos pensar que tuvo dos grandes objetivos: apuntalar su base y tratar de atraer a los votantes negros.

Pero incluso esto se desdibujó por lo errático del discurso. Por momentos, Trump también parecía intentar apelar al establishment republicano que está incómodo con sus medidas más autoritarias. Esta, seguramente, fue la razón del énfasis en el nombramiento de jueces al principio. Las contradicciones entre ambos tratando de aparecer como un radical de afuera y un republicano del establecimiento pueden verse mejor en la declaración de Trump de que "somos el partido de Abraham Lincoln y el partido de la Ley y el Orden".

Al rescate de Nuestra Herencia

Aunque no pudo con su genio, se mostró más comedido que en muchas de sus recientes declaraciones sobre los levantamientos. Incluso cuando hablaba de la ciudad de Seattle, parecía perdido, amenazando enviar el ejército para "arreglarlo en una hora" y luego diciendo que probablemente sería mejor "sólo mirar el desastre" como ejemplo de los fracasos del izquierdismo. De hecho, la principal forma de Trump de evitar atacar específicamente a la comunidad negra fue refiriéndose continuamente a los agitadores y anarquistas como los autores de los disturbios. No están atacando a aquellos que demandan justicia; están atacando a esos molestos anarquistas que siguen derribando "nuestras hermosas estatuas". Este ataque macartista debería causar alarma en la izquierda. Si Trump continúa avivando las tensiones, podríamos ver un aumento de los ataques de la derecha y la represión estatal contra los activistas de la izquierda.

Fue en las estatuas donde Trump claramente avivó el sentimiento nacionalista blanco. Después de referirse a la estatua del general Confederado en Washington DC que había sido derribada y quemada por los manifestantes la noche anterior, se dedicó a hablar sobre "Nuestra Herencia". El objetivo eran los sectores más radicalizados de su base, los mismos que atropellan gente en las manifestaciones o directamente les disparan. De hecho, jugó con este "patriotismo" al sugerir que la quema de banderas debería ser un crimen castigado con un año de prisión. También dijo que la izquierda radical quiere "derribar nuestras estatuas y castigar a cualquiera que no se ajuste a sus demandas".

Las contradicciones del discurso llegaron a su máximo cuando lanzó un ataque en toda la linea a Biden por sus posiciones racistas. Señaló la afinidad personal del candidato Demócrata con los segregacionistas, su terrible historial de votos, y cómo las políticas económicas que Biden apoyó durante mucho tiempo han empobrecido a los afroamericanos. El frutilla del postre fue la frase "la justicia racial comenzará cuando Joe Biden se retire de la vida pública". El hecho de que Donald Trump, con sus décadas de historia de racismo, haya sido capaz de montar un ataque tan válido contra su oponente es una señal tan clara como cualquiera de que muchas de las diferencias entre las dos partes son cosméticas.

Frenen los testeos

La pandemia del Covid-19 ya dejó más de 121 mil muertos en los Estados Unidos y esa cifra no para más que aumentar. El manejo de la pandemia por parte de Trump ha sido un desastre absoluto que ha dejado a la clase trabajadora negra y latina especialmente vulnerable. A medida que los estados de todo el país están reabriendo -aunque el número de de casos en ellos sigue aumentando- es probable que nos dirijamos a otro un nuevo pico. En este contexto, los comentarios de Trump el sábado sobre el virus son especialmente indefendibles.

A lo largo del discurso mezcló afirmaciones no científicas sobre el virus (incluyendo su ya clásica frase de que hay poca diferencia entre Covid-19 y la gripe común), retórica racista (incluyendo llamar a Covid "kung-flu"), y propuestas terriblemente desacertadas para la reapertura. Una de las más insidiosas vino después de una extendida afirmación de que los jóvenes no se contagian, lo que es mentira, cuando exigió que las escuelas vuelvan a abrir en otoño. Dado que Trump ya está haciendo demandas en junio sobre la reapertura de las escuelas, parece muy probable que, en agosto, las escuelas de todo el país puedan ser obligadas a reabrir. Esto pondría a los profesores, estudiantes, personal y familias en un riesgo incalculable.

Entre todas sus referencias al "virus chino", Trump ofreció una información escandalosa: que había instruido explícitamente a los funcionarios a retrasar las pruebas para ocultar el número de infectados. En un momento de sorprendente franqueza, Trump dijo a la audiencia: "Cuando se hacen tantas pruebas, se encuentran más contagios. Se encuentran más casos. Así que le dije a mi equipo, ’bajen la velocidad de testeo, por favor’".

Trump admitió, en la televisión nacional, haber falsificado deliberadamente el número de casos de Covid en los EE.UU. No tenemos ni idea de cuántas personas tienen realmente Covid porque, como los profesionales médicos han estado insistiendo desde el comienzo, no se hacen suficientes testeos. Este es un problema enorme cuando se trata de entender el alcance completo de la pandemia. Que el magnate hable de haber hecho pocos testeos y a la vez diga que “salvó miles de vidas” es simplemente criminal.

Macartismo para todos

Lo único en lo que el presidente fue consistente fue en su macartismo. Es una táctica clásica de los líderes de la derecha para azuzar el miedo a la izquierda como una forma de polarizar su base. Que haya insistido una y otra vez sobre las supuestas amenazas de los "ultraizquierdistas" y los "anarquistas" es notable. De hecho, tanto él como Mike Pence, que abrió el acto, hablaron de la necesidad de resistir a los demócratas y su socialismo. Si bien la idea de que el partido demócrata apoya el socialismo es ridícula, decir estas cosas es un reconocimiento de que el movimiento Black Lives Matter polarizó aún más la situación. La abolición de la policía, algo que hace no mucho tiempo se consideraba radical, es una de las demandas más sentidas del movimiento y Trump espera asustar con eso a su base para que vayan a votar.

El problema es que retratar a los manifestantes y al establishment democrático como unidos es ridículo. Mientras que tiene razón en que los mayores levantamientos están ocurriendo en áreas controladas por los demócratas, los demócratas en esas ciudades han sido brutales al usar la policía para reprimir a los manifestantes. Millones de personas han visto videos de la policía de Nueva York, Los Ángeles, Atlanta y Chicago atacando violentamente a los manifestantes. Para grandes sectores de la población es evidente que los manifestantes están luchando contra los dirigentes demócratas de sus ciudades tanto como contra Trump.

Trump está claramente tratando de atar las demandas de los manifestantes a Joe Biden y al resto del partido Demócrata. Pero estos fueron muy claros al decir que no quieren abolir la policía. Ni Trump ni Biden quieren atacar el sistema policial de manera significativa. A medida que los levantamientos continúan y se desarrollan, los políticos de ambos partidos seguirán tratando de cooptarlos.

Donald Trump es uno de los peores ejemplos que el capitalismo tiene para ofrecer y, a cada paso, está dejando claro que su única solución a la crisis actual es hacer que la clase trabajadora pague. Dijo una y otra vez el sábado que el próximo año será el mejor año económico que hemos tenido, pero incluso si es cierto - y hay muy pocas pruebas que sugieren que es - que la prosperidad sólo vendrá para Trump y los de su clase.







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