Política

INFORME

RAM: un “invento” del Estado para aniquilar mapuches

Quienes dicen que existe llevan años sin identificar a uno solo de sus líderes. Un enemigo a la medida de la represión.

Daniel Satur

@saturnetroc

Domingo 10 de diciembre de 2017 | 09:41

Foto ANBariloche

Al decir de los voceros oficiales del poder económico y político, desde hace cuatro años actúa en la Patagonia una guerrilla indígena, un grupo de personas armadas que ejecutan crímenes de forma clandestina sembrando el terror y la angustia en la población.

Sin embargo las comunidades mapuches de Río Negro, Neuquén y Chubut, infinidad de investigadores académicos y especialistas en pueblos originarios, organismos de derechos humanos y referentes políticos no ligados a la Sociedad Rural no sólo lo niegan sino que aseguran que la llamada Resistencia Ancestral Mapuche, la RAM, es un invento de los mismos acusadores para justificar la represión y la criminalización social.

Parece innecesario remarcarlo, pero la verdad se empecina en asistir a este último grupo.

Mito fundador

En la templada madrugada del 30 de enero de 2013 una patrulla de la Policía chilena al mando del fiscal Sergio Fuentes ingresó por la fuerza en la casa de la machi (médica, consejera y protectora mapuche) Millaray Huichalaf. Fue en El Roble, comuna de Río Bueno, provincia del Ranco. La crónica policial diría que allí se encontró algo parecido a un arsenal: “dos pistolas a fogueo, una escopeta hechiza, cartuchos calibre 12, comunicadores handy, pasamontañas, ropas y botas militares, contenedores con bencina y lienzos con frases alusivas al conflicto mapuche”, escribió El Mercurio.

Entre los moradores, además de la machi, se encontraba “el argentino” Facundo Jones Huala, acusado junto a otros mapuches de incendiar veinte días antes una casa del fundo Pisu Pisué. Desde entonces el joven pasaría varios meses con prisión domiciliaria en Chile hasta que logró cruzar la cordillera y volver a Argentina.

Por entonces la sigla RAM no significaba nada y la resistencia ancestral mapuche era nada más que una denominación general utilizada para describir la larga lucha de esa población originaria en la Patagonia. La historia que se pretende hoy contar sobre la creación de la RAM tiene elementos tan vidriosos que hasta para el sitio Wikipedia (no excento de altas batidas de fruta) “es una supuesta organización armada mapuche que habría aparecido a fines de 2013, sospechada de ser un montaje de los servicios de inteligencia”.

Enemigos íntimos

Si bien se venía hablando de ella con anterioridad, los discursos oficiales sobre la RAM estallaron a partir de la desaparición de Santiago Maldonado, el 1° de agosto en el predio de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen. Al punto que, utilizando la mentira como mecanismo de defensa, durante un buen tiempo desde Patricia Bullrich hasta Elisa Carrió dijeron que Santiago pertenecía a esa organización.

Pero a lo largo del último año, en diálogo con éste y otros cronistas, integrantes de las comunidades mapuches a las que se les colgó el cartel de “terroristas de la RAM” han desmentido, tanto on como off the record, cualquier tipo de vinculación con esa organización. Es más, las mujeres y los hombres más preocupados por visivilizar el reclamo territorial mapuche (porque son voceros de la comunidad, porque tienen hijos por los que luchar y porque conocen en detalle las intenciones oficiales) aseguran que la RAM, en rigor, no existe.

Sin embargo las grandes empresas periodísticas y los funcionarios macristas llevan un buen tiempo poniendo un signo igual entre varias comunidades mapuches y la temible RAM. Sin pruebas fehacientes y reales, le adjudican a esas comunidades (que sólo buscan recuperar parte de su territorio) decenas de violentos atentados, acciones temerarias y hasta el asesinato de un policía.

Pero pese a contar con infinidad de recursos de inteligencia y criminalística, y a soler usarlos tanto legal como ilegalmente, ningún poder del Estado ha logrado identificar hasta hoy a algún líder de la RAM. A Facundo Jones Huala se lo sindica tan sólo como uno de sus “fundadores” o “ideólogos”, adjudicándole haber creado en 2013 (el año en el que le inventaron la causa en Chile) la Resistencia Ancestral Mapuche.

Tampoco se ha detectado hasta el momento alguna publicación, blog o página de internet por los cuales la RAM dé a conocer sus pensamientos y acciones. Una ausencia que no encaja mucho con la idea de una célula terrorista que, además de convencida de sus ideas, se precia de su imagen y le interesa dar a conocer sus cometidos.

Y por si fuera poco, sus supuestos integrantes (mostrados por los medios portando peligrosas vinchas, ponchos y ondas) no hacen más que negarla cada vez que se les pregunta.

Si la RAM existe, acciona y perdura lo hace centralmente en las pantallas y en los informes de inteligencia del Gobierno. Su accionar se conoce sólo a través del relato elaborado por “fuentes oficiales” del Poder Judicial, de ministerios de seguridad y de la Policía y difundido por los alfiles del periodismo oficialista.

Si algunos hechos violentos existieron realmente (como el incendio de la estación de La Trochita de El Maitén o el susto al puestero de la estancia de Benetton en Epuyén) fueron ejecutados por personas que sabían muy bien que nadie los perseguiría ni detendría. Como el mismo personal de las fuerzas de seguridad o de inteligencia. O como las guardias blancas de sicarios al servicio de Benetton, Lewis y demás magnates.


Foto FM Libre

Algo huele a podrido

Una de las estrellas de la campaña antimapuche, Jorge Lanata, escribió en Clarín el 26 de agosto una nota de antología. Allí afirmaba que “desde 2013 hubo 77 atentados de la RAM, Resistencia Ancestral Mapuche, en Río Negro, Chubut y Neuquén: incendios, amenazas, secuestros, abigeato, destrucción de maquinarias, etc.”. Y agrega que “Facundo Jones Huala, 31 años, hoy preso en Neuquén, es uno de los ideólogos del grupo. Según el Ministerio de Seguridad la RAM mantiene reuniones cotidianas con la Cámpora y la Universidad de las Madres, y recibe financiamiento y apoyo logístico de las FARC colombianas y grupos extremistas kurdos de Turquia”.

Cuesta creer que Jones Huala (el único mapuche que alguna vez dijo que la RAM podría existir) pueda organizar y coordinar acciones que se desarrollan a veces a cientos de kilómetros estando prisionero en una cárcel federal de Esquel con todo el sistema penitenciario controlándolo. Pero las elucubraciones de Lanata no son inocentes. Menos aún improvisadas. Esas afirmaciones, escritas en medio de la crisis por la desaparición de Santiago Maldonado, son parte de un relato cuidadosamente armado (y sin reparar en gastos) en común acuerdo con la Casa Rosada.

El mismo personaje había encabezado un informe televisivo en “Periodismo Para Todos” (Canal 13), el 6 de agosto, en el que montó una ficción (basada en algunos hechos reales) que le dio sustento a una afirmación bizarra: “Hay guerrilla indígena en el Sur, quiero decir grupos armados, y esta semana llegó a Buenos Aires, se llaman RAM”. El informe se articuló alrededor de supuestos atentados cometidos por la comunidad Pu Lof en Resistencia de Cushamen, enmarcados en la “amenaza mapuche” que “preocupa al Gobierno”. Una amenaza, se dijo, “que llegó desde Chile y se extiende por Río Negro, Neuquén y Chubut”. En ese programa la desaparición de Santiago Maldonado (ocurrida cinco días antes) fue minimizada por el conductor y sus discípulos, apenas mencionada al pasar.

Si Lanata y sus onerosos equipos de investigación no pasaron de la operación paraestatal y la amalgama de información ¿qué queda para profesionales mucho menos sofisticados como Claudio Andrade, Eduardo Feinmann, Antonio Laje o Alejandro Fantino? Es así que desde hace meses desde las cloacas mediáticas se asiste a uno de los capítulos más vergonzantes de la historia del periodismo argentino, sólo asemejable al apoyo simbólico y material dado por varios diarios y periodistas al plan genocida perpetrado entre 1976 y 1983.

Leé también El crimen de Santiago y el periodismo: un antes y un después

“La RAM no existe”

A la conclusión de que la RAM no existe llegaron en todo este tiempo desde varios sectores.

El 31 de agosto cientos de comunidades mapuches de Río Negro, Chubut, Neuquén y Santa Cruz difundieron un “Posicionamiento de autoridades y organizaciones originarias, Puel mapu frente a ’el drama o grotesco llamado Resistencia Ancestral Mapuche- RAM’”. Allí denunciaron la persecusión estatal a la lucha originaria por el territorio y plantearon directamente que los hechos adjudicados a los mapuches parecen “más el accionar de un ’grupo de inteligencia’ que de la lucidez y capacidad de resistencia cultural que ha tenido el pueblo mapuche en décadas de represión cultural”.

Esas mismas comunidades denunciaron que “existe un Estado ausente que hasta el día de hoy no se hace cargo en hacer la Reparación Histórica a los 38 Pueblos Originarios que conviven aquí en este territorio, como tampoco se hace cargo de terminar con el relevamiento territorial de la Ley 26.160, ni se hace cargo de entregar ni un título de Propiedad Comunitaria a ningún pueblo preexistente, ni en resolver el conflicto político territorial que tiene con el Pueblo Nación Mapuche, pero sí moviliza recursos, fuerzas armadas, jueces y fiscales y mucha tinta de los medios empresariales para iniciar la caza de un fantasma llamado ’Resistencia Ancestral Mapuche’”.

En esa línea Ignacio Prafil, werken de la Lof Fvta Anekon, dijo a Página|12 el 2 de septiembre que desde el Estado “con la RAM se exacerba la xenofobia y discriminación con los pueblos indígenas, siendo que el 52 % de la población tiene ascendencia indígena”. Para él y sus hermanas y hermanos, “es un invento de los servicios de inteligencia para aplicar planes represivos”.

Hace pocos días, entrevistado por el diario La Nación, el miembro de la comunidad La Azotea Nilo Cayuqueo aseguró que para ellos “la RAM no existe, no los conocemos, yo hablé con las comunidades mapuches y no los conocen. La RAM es un invento de la prensa hegemónica, de los grandes medios”. Incluso tildó a la ministra Patricia Bullrich de ignorante y desinformada, algo “inadmisible” en quien “tiene que dirigir la seguridad del país”.

El 19 de agosto, cuando la campaña antimapuche del Gobierno y sus aliados estaba a pleno, la misma madre de Facundo Jones Huala lanzó ante este cronista una definición contundente: “Muchos se comieron el cuento de la RAM. Hoy leía una noticia sobre gente de Cholila que quedó sin trabajo y salió a hacer un corte de ruta y ya salieron a decir que era la RAM la que cortaba. Van quedando claras algunas cosas. ¿Quién es la RAM, los mapuches o los milicos?”, se preguntaba María Isabel Huala.

La semana pasada, miembros de la comunidad a la que pertenecía Rafael Nahuel afirmaron al sitio Al Margen que “Acá no existe ninguna RAM. Acá es la Lof y son las familias que están buscando este mejor vivir”. Para ellos, los mismos acusados de pertenecer a la RAM, esa agrupación “es un enemigo que se ha inventado el Estado para matarnos. ¿Qué es la RAM? Acaso es una persona armada que dispara a quemarropa… entonces la única RAM que vi son los gendarmes y los policías”.

Por si no fuera suficiente, el lunes pasado Marcelo Saín, especialista en temas de seguridad e inteligencia y quien fuera el primer jefe de la Policía de Seguridad Aeroportuaria redondeó la acusación: “Todo el accionar del Ministerio de Seguridad está orientado a ir construyendo un dispositivo de gestión de alta conflictividad política y social, con un sector de la Justicia, con las fuerzas de seguridad y con sectores políticos (…) Acá están construyendo el problema mapuche (…) Es mentira que existe le RAM”.

Y hasta María Emilia Soria, hija del fallecido Carlos Soria (el líder peronista rionegrino amigo del jerarca nazi Eric Priebke), negó la existencia de la RAM. En C5N dijo que es un “gran invento” convertido en el “enemigo necesario” del Gobierno y su ministra Bullrich. “Hemos perdido todo tipo de estado de derecho”, añadió.


Foto archivo Gendarmería Nacional

Dale que va

¿Quiénes son los que dicen que la RAM existe y hay que tenerle mucho miedo?

Para Patricia Bullrich, según sus dichos del 9 de agosto en TN, “la RAM está financiada por una organización inglesa que podría tener intereses en la región, está confirmado”. Es más, hasta la ministra tendría en sus manos las “pruebas” de que es apoyada logísticamente por el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, las FARC, la ETA y el IRA irlandés.

Como para que Bullrich no se sienta sola, a mediados de agosto en un debate por A24 el dirigente neonazi Alejandro Biondini respaldó a la ministra afirmando que sus declaraciones son ciertas y que el RAM es una amenaza nacional “directamente patrocinada por Inglaterra”. Al coro se sumarían excomisarios, militares retirados, especialistas en “terrorismo” y otras lacras.

Con semejante caracterización de semajantes especialistas, era natural que las cabezas bienpensantes de la Patagonia dieran la voz de alerta. Además de constantes declaraciones temerarias de los gobernadores de la comarca, pocos días después la Sociedad Rural Argentina sacó un comunicado en el que decía que hay, por parte de grupos mapuches, hostigamiento y violencia. “Es importante que se esté actuando frente a la problemática, ya que son muchas las familias de productores que sufren la amenaza constante de este grupo criminal, que por años se manejó con total impunidad (…) A pesar de todas las pruebas que existen en contra de estos grupos criminales, hay jueces que actúan con llamativa demora”. ¿Cuáles son “todas las pruebas que existen”? La Sociedad Rural se olvidó de mostrarlas.

Como para darle cierto misticismo a la cosa, el 1° de diciembre el intendente de Bariloche, Gustavo Gennuso, agregó ante la agencia Télam que “algunos grupos de esos (jóvenes violentos de los 90 y los 2000) se volcaron a una cultura anarquista muy new age. En esa marginalidad se mezclaba todo, algunos ideólogos, algunos ladrones y violencia. Ese grupo pseudo anarquista fue creciendo hasta los saqueos de 2012”. Muchos de esos pibes, al decir de Gennuso, son “fáciles de cooptar para esta movida fuera de la ley que hace un grupito chiquito de los mapuches”.

A esta altura, que Lanata insista es algo más que lógico. El sábado pasado, en su columna de Clarín, volvió sobre el asunto. Pero esta vez acusó recibo de tanta agua que pasó debajo del puente. Respecto a la RAM, dice el vocero oficial, “es difícil decir cuántos son: veinte personas, cincuenta o mil. En cualquier caso son una minoría ruidosa y no representativa. En los últimos días, se han transformado en un ente mitológico: todos hablan como si nunca hubieran existido y los atentados fueran un invento de los medios”. Y le dio una vuelta de tuerca: “En distintos allanamientos se encontraron armas de guerra, rifles Winchester, pistolas y varios kilos de marihuana. Quienes siguen el tema no descartan que parte de la actividad de estos grupos sea el narcotráfico”.

¿Pero quiénes son los líderes de la RAM? ¿Dónde están sus centros de operaciones, cuáles son los alcances de su acciones? No saben no contestan.

Obviamente el problema no son, en definitiva, Lanata y el resto de los vendehumo que, con mayor o menor trayectoria y prestigio, se masturban fantaseando historias del bajomundo indígena. El problema es que hay ministros, jueces y personal armado dispuestos a llenar esas “fantasías” con presos, perseguidos y hasta muertos.

Las vaquitas y las armas son ajenas

Quienes abonan, alimentan y reproducen el relato sobre la existencia de la RAM son la Sociedad Rural y los empresarios más encumbrados de la Patagonia, el Presidente Mauricio Macri y todo su gabinete, los gobernadores de Río Negro, Chubut y Neuquén, las dos o tres corporaciones mediáticas más importantes del país (junto a un puñado de diarios y portales del interior con alto financiamiento estatal), las policías provinciales y la Federal, la Gendarmería, la Prefectura, la PSA, varios jueces y fiscales federales a los que se suman otros tantos de los poderes judiciales de las provincias del sur y referentes de organizaciones políticas y “ONG” de centro derecha, de derecha y de ultraderecha.

Entre las voces que desautorizan ese relato sobre la existencia de la RAM se encuentran los mismos miembros de la comunidad mapuche, organizaciones y profesionales que investigan a nivel antropológico, sociológico, económico y político la situación de los pueblos orginarios, documentalistas, historiadores, periodistas de dilatada trayectoria en la región, referentes de lucha por los derechos humanos, abogados y abogadas que toman causas territoriales y ambientalistas, organizaciones sociales, políticas y sindicales de todo tipo e incluso (aunque silenciosamente) algunos miembros del Poder Judicial a los que los avergüenza lo burdo de la maniobra criminalizadora del pueblo mapuche.

Curiosamente, cuando no hay mucho margen para posiciones “intermedias”, los máximos referentes del kirchnerismo y del peronismo opositor no están en ninguna de las dos listas. Desde CFK (con su silencio sobre el punto) hasta Miguel Ángel Pichetto (que abona el relato oficial) terminan favoreciendo al macrismo y su represión, toda vez que no rechazan de plano la mentira oficial y no plantean la organización y la movilización popular para derrotarla. Será que, como suele pasar, los intereses de clase siempre priman por sobre otros.

Habrá en todo este asunto personas que se reivindiquen de la RAM, sobre todo en el universo amplio y vasto de comunidades y agrupaciones originarias y especialmente mapuches. Pero la RAM tal como se la conoce a través de la prensa aliada al Gobierno y de los informes de los funcionarios macristas, es un liso y llano invento.


Foto Rado Chubut


Nota: que la RAM no exista no quiere decir que no haya mapuches a los que se los acusa de integrarla y por ello los procesan, persiguen, controlan y violentan. A ellas y ellos va dedicado este informe.








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