Géneros y Sexualidades

Mujeres que despiden a mujeres

¿Quién es la CEO que dejó en la calle a las familias de Latam?

Latam envió el 8/2 un telegrama a las trabajadoras y trabajadores que no aceptaron los “retiros voluntarios” cuando la empresa anunció que cerraba su filial en Argentina en junio de 2020. ¿Quién es la CEO que dejó en la calle a más de 1700 personas?

Celeste Murillo

@rompe_teclas

Martes 9 de febrero | 12:46

Durante 2020, muchas trabajadoras y trabajadores lucharon por su fuente de trabajo y denunciaron a la empresa por presiones para aceptar retiros y despedir mientras regía el decreto antidespidos. La agrupación aeronáutica El Despegue publicó un comunicado denunciando que “los retiros voluntarios se aceptaron bajo presión de la empresa”.

El mismo año que la empresa dejaba muchas trabajadoras en la calle, la mayoría de ellas sostén de hogar, la CEO Rosario Altgelt fue entrevistada para el libro Rompimos el cristal, de Carolina Castro, la primera empresaria en llegar a la mesa chica de la Unión Industrial Argentina. ¿Quién toca el cielo con las manos en Latam?

Las que miran desde el techo

El techo de cristal es una metáfora que visibiliza los obstáculos que impiden a las mujeres llegar a lugares de poder y de decisión. Tuvo su época dorada como “agenda” feminista en los años ‘80 y ‘90, pero algunas empezaron a mirarla de reojo: supuestamente era de todas pero dejaba a muchas afuera.

Romper el techo de cristal era para “mujeres más bien privilegiadas, con buena formación, y que ya poseen grandes cantidades de capital cultural y de otro tipo”, así lo explicó la feminista estadounidense Nancy Fraser. Siempre hay una excepción, la chica de barrio que llega a un cargo alto y la estudiante que se esfuerza y se convierte en CEO pero, en general, las que rompen el cristal, son bastante parecidas entre sí.

La presencia de empresarias creció en las últimas décadas (aunque sigue siendo minoritaria), pero eso no tuvo impacto en la vida de la mayoría de las mujeres. ¿Se debilitaron los prejuicios? Sí, pero también integrar a una minoría a su mesa chica representó un rédito para las clases dominantes; las que llegan se transforman en ejemplo de que es posible ser iguales (en un mundo desigual). Por el techo de cristal se colaron la meritocracia neoliberal y la justificación de una sociedad donde solo algunas pueden llegar al techo y romperlo, mientras la mayoría nunca sale del sótano.

No es común escuchar a las empresarias, menos a las que como la autora, Carolina Castro, Paula Altavilla o Rosario Altgelt, están al frente de compañías en sectores clave (industria las dos primeras, servicios, la última). No desconocen que su realidad es diferente a la de la mayoría, pero la explicación de su éxito la encuentran en el esfuerzo personal, medido más en comparación con el de sus compañeros de clase y menos con el de sus pares de género. El nombre de Rosario Altgelt se hizo conocido por el comunicado de Latam en junio 2020: “este es un mensaje que nunca hubiese querido tener que enviarles”, y que decía cosas como, “se impidió la ejecución de los cambios estructurales necesarios para garantizar nuestra continuidad”, cuando la empresa decidió cerrar sus operaciones en el país. El comunicado culpaba a las trabajadoras y los trabajadores por no aceptar peores condiciones laborales para que la empresa pudiera competir con las aerolíneas low cost.

“Me motiva muchísimo esto de llevar a la gente a cumplir sus sueños”, dice la CEO de Latam. Por supuesto, se refiere a quienes pagan el pasaje, porque si trabajás en Latam es bastante difícil que cumplas tus sueños. Altgelt se define como una mujer que ama a su familia y a su trabajo. Para ella, “se trata de aprender a convivir con esta dualidad, de saber balancearnos entre dos áreas que amamos”.
Lo que hay que reconocerle es la honestidad: “cuando hablo de la mujer, hablo sobre todo de las mujeres con poder de decisión; ese es el punto que de alguna manera más me atrae”. No es políticamente correcta, no le gustan los cupos ni el feminismo, pero intenta mostrarse empática (usa esa palabra) con algunos temas como la maternidad, dice que escucha las necesidades.

Las que miran desde abajo

Las trabajadoras de Latam no coinciden: “muchas veces nos vimos en la situación de tener que elegir entre un descuento o una sanción o quedarnos con nuestros hijos cuando estaban enfermos. Muchas tuvieron que pasar por situaciones de acoso, que si no hubiera sido por la organización que existía entre las trabajadoras y los trabajadores hubiera sido pasado por alto”.

Hay trabajadoras y trabajadores de Latam que lucharon durante todos estos meses, en condiciones muy difíciles, para defender los puestos de trabajo que eliminó la empresa, mientras el gobierno hizo la vista gorda y reactivaba los vuelos. La misma trabajadora nos contaba: “Para nosotras y nosotros todos estos meses fueron de mucha angustia, muchas somos mujeres, madres, sostén de hogar con padres y madres a cargo, cobramos la mitad del sueldo y atravesamos embarazos con mucha incertidumbre, sobre cómo será el futuro para nuestras familias. Hasta los últimos días antes del cese de operaciones, pusimos el cuerpo para repatriar pasajeros, el maltrato es muy grande”.

Rosario Altgelt en su entrevista en el libro habla sobre la igualdad y las oportunidades de las mujeres, pero el 8 de marzo de 2020 las trabajadoras de la aerolínea hicieron una asamblea de mujeres y la CEO no fue tan elegante como en el libro: “¿Me pueden explicar si creen que es gratis para la compañía atrasar vuelos de todo el día por una asamblea de mujeres?”, y cerraba con un, “Encima yo que soy mujer, más bronca me da porque no me banco el Día de la Mujer”. “No hace más que confirmar lo que dijo una vez sobre una asamblea de mujeres, un paro, que hicimos un 8 de marzo, que para ella toda la cuestión de la mujer es algo que se puso de moda”, contó la trabajadora de Latam.

Victorias que son de otras

La sinceridad de la CEO es incómoda para los sectores del feminismo que sostienen que más mujeres en los lugares de decisión representa un avance para todas. La verdad es que pasó algo diferente, ese avance fue en tijeras: mientras se consolidaron las profesionales y las políticas de los partidos tradicionales, los síntomas más agudos de la desigualdad y la opresión de las sociedades capitalistas se feminizaron.

Esta realidad hizo más extendida una crítica que antes solo señalaban las marxistas o algunas tendencias anticapitalistas en el feminismo. Todavía existen ámbitos donde está naturalizado que las mujeres no entren por su género. Es uno de los testimonios vivos del patriarcado, imposible de transformar gradualmente mediante leyes y cambios culturales.

Hoy lo vemos en la brecha que existe entre la igualdad formal y la desigualdad real; las empresarias van a decir que no ven que sea tan grande, que se avanzó mucho, pero las trabajadoras de Latam, las chicas que hacen delivery, las que limpian casas y cuidan hijos de otras mujeres, no tienen otra opción que verla, la vida las obliga a tener los ojos bien abiertos.

Estos contrastes renuevan preguntas en el feminismo. Una de mis favoritas la hizo la filósofa inglesa Lorna Finlayson: “La pregunta importante no es si es posible que exista un capitalismo sin discriminación de género, sino si esa sería una igualdad por la que valga la pena luchar”.

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