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Red Internacional

En noviembre de 1909 empezó la huelga de las camiseras. La dirigencia sindical decía que la relación de fuerzas era desfavorable, pero una trabajadora dijo que sí y cambió la historia. Columna de Cultura en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario los jueves de 22 a 24 por Radio Con Vos FM 89.9.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Viernes 26 de noviembre | 01:14

Imagen: camiseras en huelga

· La historia de una huelga que, a simple vista, puede parecer una huelga cualquiera.

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· En noviembre de 1909, la huelga de las camiseras o el levantamiento de las 20.000 conmovió Nueva York e impactó en todo el país. Nadie lo sabía pero con esa huelga, empezaba un nuevo momento de la lucha de la clase trabajadora en Estados Unidos (uno de los centros industriales del mundo).

· Con esa huelga se instalaron varios estándares laborales para las mujeres, se estableció el salario mínimo (aunque tardaron muchos años en establecerlo) y los empresarios tuvieron que sentarse a negociar con los sindicatos que organizaban a las que, hasta ese momento, nadie creía que había que escuchar: las trabajadoras.

Una foto de la industria textil de Nueva York:

· La mayoría había migrado de Europa del Este, el idioma más hablado era el Yiddish, la mitad eran mujeres menores de 18 años. Había entre 30 y 40 mil obreras y obreros textiles.

· Las condiciones de los talleres se iban a hacer conocidas en 1911 con el incendio de una fábrica muy famosa, la Triangle, pero eran más o menos parecidas en todas partes: si trabajabas al lado de la ventana tenías luz pero la mayoría trabajaba todo el día con lámparas a gas, sin calefacción ni electricidad. Los talleres se calefaccionaban a leña. Todo era tóxico para las personas que trabajaban.

Nuevas protagonistas

· La protagonista de esta historia es una chica de 17 años, que empezó a trabajar como obrera textil dos semanas después de haber llegado de Ucrania con su familia. Se llamaba Clara Lemlich.

· Para explicar las condiciones laborales decía que las personas “eran reducidas al estatus de máquinas” o “los talleres son insalubres. Ésa es la palabra que usan, pero debería haber una peor”. Poco tiempo después de empezar a trabajar se afilió a un sindicato chico, el Sindicato Internacional de Trabajadoras del Vestido (ILGWU).

· A Clara Lemlich lo que le indignaba más que los salarios bajos era lo mal que trataban los dueños a las trabajadoras. Había entrado a trabajar a la fábrica Louis Leiserson donde hacía drapeado (un trabajo bastante calificado).

· Hay algo interesante que cuenta Clara en una entrevista, y pensaban otras trabajadoras como ellas. Contra el prejuicio de que el derecho al voto era un tema de las mujeres ricas que no interesaba a las trabajadoras. explicó en una entrevista:

“El empresario vota, los jefes votan; los capataces votan... La trabajadora no. Cuando pide que su lugar de trabajo sea seguro o que las jornadas no sean eternas no hay por qué escucharla...Por eso las mujeres trabajadoras hoy dicen que deben tener derecho al voto”.

Clara Lemlich

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¿Qué pasó en 1909?

· En 1906, un grupo de trabajadoras decide armar el local 25 del Sindicato Internacional de Trabajadoras del Vestido (ILGWU) para organizar a más mujeres, porque el sindicato era mayormente masculino y casi no tenían apoyo de sus compañeros.

· El apoyo que tenían era de una organización chiquita llamada Women’s Trade Union League (Liga Sindical de Mujeres), en la que militaban mujeres trabajadoras y sufragistas, para ayudar a la organización sindical y por el derecho al voto.

· El local 25 tenía mucha disposición para luchar, pero cada vez que estallaba una huelga, los empresarios la aplastaban. El 22 de noviembre, llaman a una reunión general de sindicatos de la ciudad y por el clima social que se vivía, van varios dirigentes como Samuel Gompers, uno de los fundadores de la central sindical de EE. UU. Cuenta la historia que durante horas Gompers y otros dirigentes querían calmar las aguas, llaman a la “reflexión y precaución”, dicen que “no da la relación de fuerzas”.

· Clara pide la palabra: “Escuché a todos los que hablaron y no me queda paciencia ... Soy una obrera, de las que ya están en huelga contra condiciones intolerables. Estoy cansada de oír generalidades. Estamos acá para decidir si hacemos huelga o no. Yo propongo que vayamos a la huelga general”. La votación fue a los gritos.

· La huelga duró casi tres meses. El primer día, 15.000 trabajadores y trabajadoras se declararon en huelga, a la tarde eran 20.000.
Se solidarizaron los cortadores, los trabajadores mejor pagos y más difíciles de reemplazar.

· Hubo piquetes y marchas, hubo un acto enorme organizado por las sufragistas. Se citó a Marx, se habló de la desigualdad salarial. Fue tapa del New York Times: “Una multitud apoyó a las chicas en huelga”.

· Todos subían la apuesta. Los empresarios contrataban matones para romper los piquetes y para golpear a las dirigentes (a Clara le dan una paliza y le rompen 6 costillas), la Policía las acosaba. Solamente durante la primera semana, arrestaron a 723 mujeres. ¿Saben quiénes pagaban siempre la fianza? Las sufragistas, que además organizaron el fondo de huelga para mantener la medida de fuerza todo el invierno.

Tu lucha es mi lucha, nuestra lucha

· Esto último es algo interesante para subrayar porque no era común esa alianza. muchas veces parece que los derechos de las mujeres y de los trabajadores son cosas separadas. Pero la división artificial entre la lucha contra la opresión (género) y la luchas contra la explotación (clase) anula dos debates importantes:

· No disputar en el movimiento sufragista, donde había diferencias de clase, políticas e ideológicas (como hoy en el feminismo)

· Ni en las organizaciones obreras donde hubo y hay prejuicios patriarcales. Los sindicatos no querían organizar a las mujeres, porque creían que eran una competencia, que eran incapaces, y en el fondo, porque muchos creían que tenían que quedarse en su casa.

· Había tensiones entre las organizaciones, hubo varias peleas, algunas de cartel, otras más políticas, pero esa alianza fortaleció, no solo a las trabajadoras, sino a la lucha de conjunto.

· Cuando terminó la huelga, se reconoció al sindicato como negociador colectivo, se acortó la jornada laboral y se aumentaron los salarios. No eran todas sus demandas, pero sobre todo inauguró un momento nuevo: las mujeres dejaron de ser actrices secundarias en el movimiento obrero y protagonizaron una ola de huelgas que culminó con la huelga de las textiles de Lawrence en 1912, que le puso un nombre a la lucha por los derechos económicos de su clase y los derechos políticos negados a su género, la lucha por el pan y por las rosas.

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