Sociedad

CRÍMENES ECLESIÁSTICOS

¿Quién es Zanchetta, el obispo abusador que debe ser extraditado desde Roma?

Protegido de Bergoglio y con asilo permanente en el Vaticano, el exobispo de Orán (Salta) carga con varias denuncias por abusos sexuales agravados. Además tiene fama de estafador. Piden que se lo declare en rebeldía.

Daniel Satur

@saturnetroc

Jueves 21 de noviembre | 12:26

Imagen Mar Ned

La fiscal María Soledad Filtrín Cuezzo, a cargo de la Fiscalía de Violencia de Género y Delitos contra la Integridad Sexual de Orán, acaba de pedir la “captura internacional” del obispo Gustavo Zanchetta, extitular de la diócesis de esa ciudad salteña, en el marco de una causa por abusos sexuales agravados en perjuicio de dos seminaristas.

Las denuncias penales ya existentes contra Zanchetta son dos, pero se presume que, tal como sucede en general con curas que llevan años de “carrera”, sus crímenes sexuales pueden ser muchos más. Al obispo se lo acusa de “abuso sexual simple continuado, agravado por ser cometido por un ministro de culto reconocido”, en perjuicio de dos víctimas que lo denunciaron en febrero pasado por hecho ocurridos en 2017.

Rebelde con causa

Filtrín Cuezzo pidió al juez de Garantías Claudio Parisi que declare “en rebeldía” al clérigo, ya que desde hace tiempo lo viene citando a través de emails y mensajes telefónicos (a los números de Roma que el mismo Zanchetta le proveyó) pero el obispo nunca responde. En agosto pasado el religioso hizo un viaje a la Argentina. Antes de volverse al Vaticano le dio a la fiscal esas vías de contacto y prometió responder cuando fuera requerido. Desde entonces, nunca más respondió.

La fiscal se había opuesto en esa oportunidad a que se le permitiera a Zanchetta volver a Roma. Según las fuentes del caso, ella intuía que el acusado pudiera implementar las habituales maniobras de ocultamiento que implementa la Iglesia para con sus criminales y que efectivamente ahora quedan en evidencia. Pero entonces el juez Parisi no le hizo caso y dejó que Zanchetta volviera a su refugio romano.

Vale decir también que desde que fue denunciado en febrero Filtrín Cuezzo fueron varias las gestiones judiciales realizadas ante la Nunciatura Apostólica (algo así como la embajada del Vaticano en el país), para que Zanchetta se dignara a responder los llamados de la Fiscalía, pero todas fueron infructuosas. Eso deja en evidencia el doble discurso del Papa Francisco, que se llena la boca hablando contra los abusos en la Iglesia pero en la práctica ejecuta el tradicional encubrimiento para sus delincuentes.

Refugiado

Hace un año, como oportunamente informó este diario, se supo que en julio de 2017 Gustavo Zanchetta había renunciado a su cargo de obispo de Orán acorralado por denuncias de abusos sexuales contra seminaristas. En ese momento las denuncias aún no habían llegado al Poder Judicial salteño. Por eso, buscando evitar el escándalo público, la Iglesia hizo circular la versión de que el cura dejaba la diócesis por “problemas de salud”.

El mismo Zanchetta publicó el 29 de julio de 2017 una carta en la que afirmaba que se iba de la diócesis porque su estado de salud le impedía “llevar plenamente el ministerio pastoral” y que lo obligaba a “partir lo antes posible para iniciar el tratamiento”. Obviamente nunca se supo qué enfermedad tiene Zanchetta ni mucho menos si fue cierto que peligraba su vida. Evidentemente, una mentira orquestada por la jerarquía católica.

El obispo primero se fue a “descansar” a la Arquidiocesis de Corrientes, invitado por su amigo monseñor Andrés Stanovnik (a quien conoce muy bien ya que fue quien lo ordenó obispo en 2013). Pero apenas dos meses después fue fotografiado en Madrid, vivito, coleando y participando de un curso académico en la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Cinco meses después de abandonar Salta, se subió a un avión rumbo al Vaticano, donde el 19 de diciembre de 2017 Francisco lo designó asesor de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (APSA), dependencia conocida como “la inmobiliaria” de la Santa Sede, que maneja más de cinco mil propiedades en diversos países. Según algunas fuentes, ese cargo no existía y Bergoglio lo creó exclusivamente para él. Se ve que ya se había producido el milagro de su sanación.

Los traslados del abusador homofóbico

A fines de julio de 2013, días después de que Bergoglio designara a Zanchetta obispo de Orán, en un artículo de Horacio Verbitsky publicado en Página|12 se difundió una serie de durísimos testimonios contra el sacerdote en relación a su paso por el Obispado de Quilmes.

“Este no es un pastor con olor a oveja sino a lobo”, “el tipo es un hijo de puta y un degenerado, lamentablemente no puedo denunciarlo” y “hubo abusos en el seminario, de alguna manera él era el jefe y sometía a algunos chicos”; fueron parte de los testimonios de seminaristas, curas y laicos recogidos en aquella nota de Verbitsky. Uno de ellos suplicaba, incluso, que fuera una broma “el nombramiento de Zanchetta como obispo de Orán”.

Zanchetta fue acusado, entre otras cosas, de echar empleados de un colegio de Quilmes por ser homosexuales, de ofrecerle a una persona un trabajo en un colegio de Florencio Varela “a cambio de algún servicio” y de abusar de seminaristas que estaban bajo su mando. Y además de esos abusos de poder y sexuales, fue acusado de protagonizar varios “desmanejos económicos”. Tan expuesto quedó que varios laicos y religiosos se opusieron a su designación como obispo de Orán y hasta juntaron firmas para evitarlo (sin suerte).

Desde que se hicieron públicas las denuncias contra Zanchetta el Vaticano tomó distancia del obispo y hasta informó que iba a haber una “investigación interna” sobre sus conductas. Pero, visto en retrospectiva, podría decirse que cuando en 2013 el Papa lo mandó de Quilmes a Orán en verdad estaba ejecutando uno de los típicos “traslados” para alejar a los acusados de la feligresía inquieta cuando surgen denuncias de abusos y otras tropelías.

De la misma manera, podría considerar que la renuncia al Obispado de Orán en 2017, camuflada de problemas de salud, no fue otra cosa que un nuevo “traslado” para alejar al protegido de Bergoglio de sus nuevos denunciantes. De hecho un año después de la partida de Zanchetta al Vaticano, la jerarquía católica ejecutó otros “traslados”, esta vez de tres sacerdotes salteños que denunciaron al obispo por nuevos abusos.

Según informó entonces el diario El Tribuno, “las remociones de los curas denunciantes son inesperadas para la comunidad de Orán. Algunos de ellos incluso tienen más de diez años frente a sus parroquias. Detrás de estos movimientos (…) se interpreta que luego de la remoción, alguien ‘cercano al Papa’ habría intercedido por Zanchetta, por lo que los denunciantes ahora sufren el peso de su acusación”.

Tan pesada fue la carga que desataron las denuncias al interior de la Iglesia que la propia jerarquía eclesiástica decidió cerrar el seminario que el propio Zanchetta había creado hace seis años en Orán.

A las puertas del juicio

En julio pasado, luego de recolectar suficientes pruebas y testimonios, la fiscal Filtrín Cuezzo pidió la elevación a juicio oral contra Gustavo Zanchetta por los delitos de “abuso sexual simple continuado, agravado por ser cometido por un ministro de culto reconocido”. Finalmente el 12 de noviembre fue notificada de que ya se conformó el tribunal que juzgará al obispo.

Ahora se espera que los jueces de la Sala II del Tribunal de Juicio de Orán María Toledo Zamora, Raúl López y Héctor Fayos fijen fecha para sentar en el banquillo de los acusados al protegido de Bergoglio y comiencen las audiencias.

Además de los testimonios de las víctimas denunciantes, entre las pruebas registradas en la causa figuran las pericias psiquiátricas y psicológicas realizadas a Zanchetta por el Centro de Investigaciones Fiscales (CIF). Allí, entre otras cosas, se afirma que el obispo “presenta personalidad con rasgos psicopáticos (indicadores de manipulación, emociones superficiales, escasa capacidad empática); no presenta psicosis, ni otro trastorno mental que altere la relación con la realidad. Se vincula a través de interrelaciones dispares, ejerciendo poder sobre el otro, y que puede comprender la conducta desplegada y discernir actos socialmente reprochables”.

El caso Zanchetta puede convertirse en uno de los más escandalosos de la historia reciente de la Iglesia católica argentina. Por varias razones. Por un lado, por los abusos en sí mismos. Por otro lado, porque demuestra los frenéticos intentos de la jerarquía eclesiástica por proteger a sus criminales, haciendo todo para encubrirlos (incluso refugiándolos en el Vaticano si es necesario) y poniendo mil trabas para que las causas judiciales avancen. Pero además porque en esta trama de encubrimiento está directamente involucrado el monarca de la institución, Jorge Mario Bergoglio.







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