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Red Internacional

Alberto Fernández, desde Portugal, insiste en que se puede negociar con el FMI sin aplicar un ajuste. Pero luego de la crisis interna en la coalición de Gobierno por la suba de las tarifas, el ajuste continúa en múltiples dimensiones.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Miércoles 12 de mayo | 12:59
✂️ PANORAMA ECONÓMICO | Que la disputa por las tarifas no tape el ajuste - YouTube

En su gira por Europa, Alberto Fernández busca apoyos para la renegociación con el FMI y postergar el vencimiento de deuda por U$S 2.400 millones que tiene en mayo con el Club de París.

Entre sus primeras declaraciones, el mandatario argentino dijo que reivindica la “salida a la portuguesa de la crisis”. "Es un programa inusual, con la premisa de la recuperación económica, el ordenamiento de las cuentas en el gasto público y el rol expansivo de la política fiscal", fue la línea de la comitiva oficial.

Después, directamente, el presidente se reunió con el primer ministro Antonio Costa, que ratificó su apoyo a Fernández en las negociaciones con el FMI a quien “intentarán sensibilizar”.

El planteo que quiere dejar Fernández es que su Gobierno, con Guzmán a la cabeza, va a poder negociar con el FMI y al mismo tiempo evitar el ajuste. Que “primero crecer” y “después pagar”. Al igual que lo que habría hecho Portugal.

Este planteo es falaz desde donde se lo mire. Pero vamos a destacar tres claves:

1- Primero, el ejemplo: No es cierto, como pretende Fernández (y como pretende Antonio Costa), que en Portugal no hubo un ajuste. La recuperación económica de la que hablan estuvo apoyada en un feroz programa de ataque a condiciones de vida y conquistas de los trabajadores.

Por nombrar algunos: a partir del 2011 se congeló el salario mínimo, se recortaron 25 % los sueldos de los empleados y se aumentó la jornada laboral, se realizó una reforma previsional que elevó la edad jubilatoria, se llevaron adelante privatizaciones. Se subió el Impuesto al Valor Agregado (IVA) de 21 % a 23 % (en algunos servicios públicos, la suba fue desde el 7 % al 23 %), se rescató a los bancos con inyecciones millonarias.

Todo eso, para no romper con el FMI, al cual se le pagó la deuda en 2018.

Luego Costa hizo cierto descongelamiento de salarios y jubilaciones, pero lo principal de las reformas previsional, laboral, impositiva, reducción salarial, ajuste del gasto público y externo, quedó intacto.

De conjunto, el resultado fue un salto en la precarización laboral.
Si ese es el ejemplo del Gobierno para salir de la crisis...

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2- ¿No hubo ajuste todavía? En el año de la pandemia, el que será recordado por Guzmán como el del arreglo con los fondos buitre, Argentina fue uno de los países con menor “gasto Covid” de Latinoamérica, a excepción de Uruguay y Paraguay.

De acuerdo a la información recabada por el Monitor Fiscal del FMI, en 2020 las llamadas “economías avanzadas” destinaron en promedio un 12,7 % de su PBI en gastos adicionales para enfrentar el Covid y un 11,3% en fondos para inyecciones de capital, préstamos subsidiados, etc. En "economías emergentes", las tasas disminuyen a 3,6 % y 2,5 % respectivamente.

En el caso de la Argentina, la mayor parte de los recursos 3,8 % se destinaron a programas como el ATP, IFE, comedores populares, y gastos directamente sanitarios; una parte menor 1,9 % del PBI a subsidiar préstamos. Por debajo de los niveles de Brasil, Chile, Perú y Colombia, entre otros.

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Como si fuera poco, y en señal directa hacia los funcionarios del Fondo, Guzmán recortó el gasto quitando las partidas de ATP y de IFE del Presupuesto 2021.

Después del conflicto interno entre Basualdo y Guzmán por las tarifas, el ministro habría “perdido” la pulseada y “sólo” debía conformarse con un aumento de 9 % en las tarifas de electricidad, a cambio de subir lo que tenía predestinado para subsidios a las empresas. En ningún momento se planteó, en ambos bandos, una revisión del esquema de privatizaciones heredado del menemismo.

Aún sumando todas las partidas en asistencia social extra de este año, los bonos, la tarjeta alimentar, los Repro II para las empresas, el gasto será apenas la mitad de lo que se destinó el año pasado.

3- Guzmán ya hizo un ajuste en el salario y las jubilaciones: el ministro de Economía prometió que este año los salarios le ganen a la inflación, pero todavía están por debajo de los niveles de poder adquisitivo de 2019.

Aún acusando una mínima recuperación en el primer trimestre de este año respecto del piso bajo de diciembre, mirando el Índice de Salarios del Indec, en marzo el salario real de los privados había caído 7,6% respecto al mismo mes de 2020 y 8,5 % en el caso del sector público.

Pero allí debe decirse que si algo los trabajadores pueden recomponer, o mínimamente empatar con la inflación elevada de este año, no es gracias al Gobierno, sino a pesar de él. Guzmán quiso imponer una pauta salarial de un 29 % para este año y desplegó una estrategia de cuotas en toda la lína.

Las recomposiciones que se lograron fueron debido a que los trabajadores autoorganizados que salieron a exigir una recomposición, como la lucha de los vitivinícolas en Mendoza, a los elefantes de la salud en Neuquén, que rompieron el techo paritario.

Es por su lucha y por la coordinación que conquistaron desde abajo, que empujaron para arriba el margen de maniobra del resto de los sectores de trabajadores en las negociaciones paritarias.

En el caso de las jubilaciones, la semana pasada se conoció el aumento de junio del 12,12 %, confirmando que van camino a perder cerca de 3 puntos contra la inflación en el primer semestre.

Ya en el primer trimestre del año las jubilaciones aumentaron 8,07 % con la aplicación de la nueva fórmula previsional, por debajo de la inflación fue del 13 %.

Pero lo tragicómico del caso es que después de que el Gobierno el año pasado haya suspendido la movilidad previsional, haya aplicado aumentos por decreto inferiores, achatado la pirámide y realizado una nueva reforma previsional para ahorrar entre 0,5 y 1 % del PBI este año, ahora se justifica en que los aumentos serían superiores a los que daría la fórmula macrista.

Cabe recordar que el año pasado las jubilaciones se incrementaron entre 24,3 % y 35,3 %, mientras que con la movilidad hubiesen sumado 42,1 %. En ese momento el gobierno evitó hacer comparaciones, ahora las saca a luz. En ambos casos, lo que los jubilados no tienen es una garantía de que los aumentos no irán debajo de los precios. Una cláusula que el Frente de Izquierda propuso incluir en la ley y los legisladores del Frente de Todos se negaron a votar.

¿Quién puede decir que se terminó el ajuste?

Mientras tanto, el Gobierno agradece un milagro: la suba del precio de los commodities, la soja batiendo el récord de U$S 600 la tonelada, el maíz alcanzando los U$S 300. La posibilidad de acumular algunos dólares para pagar la deuda, alivia a propios y externos, pero poco de eso le cae a los "internos", a los trabajadores.

En estas condiciones, pretender reavivar el relato de que negociar la deuda con los fondos internacionales y con el FMI para seguir pagando no implica mayor ajuste, (precarización y pobreza para las mayorías sociales), es cada vez más insostenible. Y la paciencia, como demostró Chile, Ecuador, Perú y Colombia, también se acaba.




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