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¿Qué significa ser un revolucionario hoy en día para Zizek?

El 2009 en la Conferencia Internacional de Marxismo en Bloomsbury, Londres. Slavoj Zizek dicta un discurso en base a una pregunta que se vuelve esencial hoy en día, y que diferencia la política y la estrategia de las diversas fuerzas y corrientes de izquierda a nivel internacional ¿Qué significa ser un revolucionario hoy en día?

Lunes 29 de abril | 19:21

El 2009 en la Conferencia Internacional de Marxismo en Bloomsbury, Londres. Slavoj Zizek dicta un discurso en base a una pregunta que se vuelve esencial hoy en día, y que diferencia la política y la estrategia de las diversas fuerzas y corrientes de izquierda a nivel internacional ¿Qué significa ser un revolucionario hoy en día?

Un hoy en día que se traduce en las crisis ambiental a nivel mundial, en el surgimiento de un movimiento de mujeres potente, en el debilitamiento del centro político y una polarización social del pensamiento y los movimientos políticos y sociales que han dado surgimiento a nuevos fenómenos políticos por izquierda y por derecha.

También la pregunta nos enfrenta a ¿Qué significa ser un revolucionario en tiempos no revolucionarios? - En situaciones no revolucionarias - pregunta que desde el trotskismo como hilo de continuidad de la tradición marxista - leninista intentamos abordar, sin esperar llegar a un consenso y mucho menos a un cierre pero si, a una profundidad mayor de las respuestas.

En esta reflexión no podemos desconocer el aporte progresivo que el filósofo esloveno ha hecho al campo de la filosofía, la política y el pensamiento de lo social en general. Progresivo en cuanto trata de anudar esferas divergentes en las distintas áreas del conocimiento como lo es el psicoanálisis, la cultura audiovisual, las redes sociales (RRSS), la filosofía y la sociología.

Son múltiples los campos que abarca Zizek en sus publicaciones, por ende difícil es discutir con esa totalidad de contenido en una limitada columna, sin embargo es necesario iniciar diálogos que de algún modo - y con focos particulares de su discurso - debatan sobre concepciones que cruzan lo táctico y teórico en su pensamiento. Es así que este artículo pretende acotar las palabras a una cuestión central hoy en la política de izquierda internacional: cómo retomar - y no retornar - al sujeto revolucionario. Dando continuidad y profundidad al primer texto publicado a propósito de este debate El debate Peterson - Zizek: la academia que no transforma

Entonces ¿Qué significa ser revolucionario hoy en día?

En Londres - durante la Conferencia Internacional de Marxismo 2009 - se abrió la pregunta: ¿Qué significa ser revolucionario hoy día? pregunta lanzada a interlocutores que experimentan un plano tempo-espacial en una situación no revolucionaria. La pregunta es echa a Zizek, y desde él, a ese occidente con una estructura social compleja, profunda, enraizada y contorneada en múltiples dispositivos de contención que estabilizan el cuadro capitalista. También la pregunta se puede arrastrar al presente, a este oriente que ahora crece. A la China que se eleva como probable potencia. La China que, muy lejos del comunismo, se enlaza al triunfante dentro de la economía global capitalista.

Zizek responde a esta pregunta: “¿qué es un revolucionario?” y refiere “alguien que ve la superación total del capitalismo, y no la cara humana del capitalismo” ¿Cuál es esa cara humana? La estrategia seguida por la socialdemocracia, por ejemplo. La posibilidad de reformas en los marcos del régimen sin una estrategia para derrotar a la burguesía y conquistar una sociedad otra, comunista.

¿Pero qué dice Zizek sobre los socialistas, sobre la intelectualidad de izquierda? Habla de una izquierda desactualizada, desarticulada. Izquierda que deja de “interpretar” las nuevas situaciones o momentos del mundo post segunda guerra mundial. Una que se veló en la nostalgia de la izquierda y los movimientos obreros de principios del siglo XX y que en ese velamiento, en ese eclipse es donde - para él - aparece el catastrofismo, las visiones de apocalipsis y el desplazamiento de la revolución como proyecto-objetivo político. Un desplazamiento que unilateraliza con la traición de los partidos comunistas ahogados en la política de la ex unión soviética estalinista del socialismo en un solo país.

Es en ese contexto que uno puede pensar la respuesta de Zizek sobre este sujeto revolucionario de hoy en día. No como sujeto dado o existente sino como sujeto de la necesidad para existir. Un sujeto a retomar ¿Cuál es este sujeto en clave zizekiana? ¿El obrero o la obrera de la ideología marxista? ¿El ciudadano ciudadana de las tendencias postmodernistas o autonomistas? Entramos en debe sobre todo porque este sujeto - que emerge del trauma que en Zizek es el capitalismo - se hace real en la lucha de clases, en el antagonismo de clases que zizek erróneamente traduce como ese real innombrable del psicoanálisis lacaniano. Uno atravesado ahora por las redes sociales (ampliación exponencial del registro imaginario). El sujeto de las relaciones “líquidas” de Bauman.

Hablar del sujeto revolucionario para la izquierda es hablar del elemento central de su estrategia política. Actualizar ese sujeto entonces, retomarlo o resituarlo es un imperativo para esa necesidad de superación radical del capitalismo.

Ahora bien, en las salidas que ve Zizek al problema del remontar a este sujeto del cambio (revolucionario, comunista, etc), el esloveno responde con el Gran Acto, la Terapia de Shock y los Efectos Agudos que de alguna manera toma como una táctica. Ejemplo de esto es su votación en las últimas elecciones en EEUU por Trump - que no coincide con su política. Una decisión que se posa sobre la agudización en las contradicciones internas - ya existentes - pero “adormecidas” dentro del mundo actual. Con respecto a esto refiere: “Yo quiero hacer daño, quiero provocar Shock, es la única forma de movilizar a la gente” y narra que los quiebres del partido demócrata se potencian con esto acto agudo, que quiebran y dividen. Que radicalizan las posiciones.

Fundamentándose erróneamente en la idea de Lenin sobre que la “guerra traía la posibilidad de una revolución”, utiliza ese pase como introductorio a su gran acto y los efectos desde él proyectados, para movilizar a las masas. El problema es que el catastrofismo de Zizek, sin partido revolucionario, es decir, sin preparación política para ese momento, puede llevar a una situación aún más catastrófica que el triunfo de Trump.

Trotsky desarrolla en “¿A dónde va Francia?” en 1937, a saber, que toda situación de guerra o momento pre-revolucionario aumenta las posibilidades de una revolución tanto como la de una contrarrevolución en la medida de qué tan desarrollado este la conciencia de los sujetos (como trabajadores de una clase), sus organizaciones y además una estructura político estratégica capaz de dotar de dirección los combates y encuentros en este momento en donde la política cambia su escenario al de la guerra.







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