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Red Internacional
La Izquierda Diario

El presidente y las distintas funcionarias en sus discursos a propósito del 8 de marzo, enumeraron planes e instituciones -existentes y nuevas- abocadas a las cuestiones de género, aunque sin balances ni conclusiones. ¿Cuál fue el resultado de las políticas de Gobierno en la pandemia sobre las brechas de género?

Viernes 12 de marzo | 12:21
Foto: Infobae

Vamos a cotejar frases generales como “continuaremos en 2021 con el Plan Nacional de Igualdad en la Diversidad para reducir las brechas de género” con la medición de la realidad a más de un año de gobierno.

Este plan aún en construcción, impulsado por el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad -creado en 2019 por la actual gestión de Gobierno-, propone entre sus objetivos "la construcción de políticas públicas" para "superar las desigualdades estructurales de género". El Gobierno también ha creado secretarías, direcciones, áreas e innumerables estamentos estatales con sus presupuestos y cargos, muchos asignados a representantes de organizaciones de mujeres y LGBTI+ afines al Frente de Todos. Por lo cual deberían ser conocidas las necesidades por las que lucha el movimiento desde hace años.

Ahora bien, ¿se redujeron o tendieron a reducirse las brechas de género? No. Analizando los principales indicadores oficiales que permiten medir las asimetrías, vemos que la deuda sigue siendo con las mujeres. Veamos cómo se expresan esas brechas.

Mercado de Trabajo e Ingresos

Si tomamos los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC -31 aglomerados urbanos- en una serie que va desde 3º trimestre del 2019 a igual período en 2020 (último disponible), vemos que el valor de las tasas más importantes varían pero mantienen la desigualdad entre varones y mujeres, golpeando aún más a las mujeres.

En el 2º trimestre de 2020, cuando 2,5 millones de personas perdieron su empleo y/o dejar de buscar -subproducto de las políticas durante el aislamiento-, afectó principalmente a informales, a changarines y changarinas y cuentapropistas. Una de las actividades más golpeadas fue el servicio doméstico, la principal ocupación entre las mujeres.

La tasa de actividad -es la relación entre aquellas personas ocupadas o desocupadas y la población total- siempre es más alta entre los varones. En el período que analizamos comienza con 21 puntos porcentuales (pp.) menor en las mujeres. En la excepcionalidad del 2º trimestre 2020 desciende para varones y mujeres, pero recupera casi el mismo nivel de desigualdad porque el leve repunte es más lento entre las mujeres (sube 4,2 pp.) que entre los varones (sube 6,5 pp.).

Fuente: elaboración propia de La Izquierda Diario en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC

De igual modo, la tasa de empleo -es la proporción de ocupados y la población total- generalmente es más alta entre los varones y la diferencia con las mujeres ronda los 18 pp. Arranca la serie en 20 pp. menor entre las mujeres, baja en el 2º trimestre pero tiende a su dinámica desigual porque en los varones aumentó 7 pp. y sólo 4 pp. en las mujeres.

Fuente: elaboración propia de La Izquierda Diario en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC

La tasa de desocupación -es la proporción de desocupados en la PEA- por lo general es mayor entre las mujeres porque les es más difícil conseguir trabajo o trabajar una jornada completa por las tareas de cuidado que le son asignadas socialmente. Por eso, es aún mayor entre quienes tienen hijos a cargo. Comparando el período interanual, la desocupación entre las mujeres aumentó 2,3 pp. y entre los varones 1,7 pp.

Fuente: elaboración propia de La Izquierda Diario en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC

Muchas mujeres quedaron fuera del mercado laboral y no pudieron buscar trabajo por tener que atender las demandas de cuidados en sus hogares.

Estos indicadores clásicos del mercado de trabajo permiten medir la desigualdad, y la serie verifica que la dinámica de las brechas de género no cambiaron su tendencia histórica sino que incluso algunos indicadores empeoraron.

Otra dato para medir la desigualdad son los ingresos, que también varía según la edad, la región, la rama, y se profundiza mucho más entre las y los precarizados. Entre las trabajadoras es mayor la proporción en esa condición.

Tomando solamente las personas que reciben algún tipo de ingreso (sea laboral o no laboral), la brecha arranca en 29 % menor entre las mujeres respecto a los varones. Desciende con la economía pero vuelve a subir al 23,1 % en el último período informado. Por cada $ 100 que gana un varón, las mujeres ganan $ 77.

Fuente: elaboración propia de La Izquierda Diario en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC

Si graficamos los ingresos medios individuales -de las personas que recibieron un salario, jubilación o pensión, o subsidios- y lo comparamos con el valor de la Canasta Básica Total para una familia de dos adultos y dos menores ($ 47.216 en el 3er trimestre 2020); no solo se ve la brecha en los ingresos medios ($ 38.438 entre varones y $ 29.578 entre las mujeres) sino la amplia distancia para acceder a la canasta básica total para una familia.

Tareas de cuidado

También se crearon áreas, presupuestos y cargos para referentes conocidas en el movimiento de mujeres y la diversidad, para elaborar políticas públicas específicas a las tareas del hogar y de cuidados no remuneradas.

Sin embargo, si algo no cambió por la falta de políticas públicas, fue la distribución de dichas tareas. Las mujeres siguen realizando el triple de tareas del hogar que los varones. Según el INDEC, del total de personas que realizan tareas domésticas, un 72% son mujeres y un 28% son varones.

El INDEC informó que durante la pandemia en el Gran Buenos Aires, casi 2 de cada 3 hogares respondieron que la dedicación principal de las tareas domésticas estuvo a cargo de las mujeres, y en 7 de cada 10 hogares las tareas de cuidado. A la vez, que en casi 3 de cada 4 hogares la dedicación a las tareas escolares también recayó en las mujeres.

Sin embargo, las políticas públicas no tuvieron la intención de avanzar en licencias para padres y madres, ni para trabajadores formales menos aún para informales sin convenio; ni en el ámbito público ni el privado.

Tampoco se avanzó con los espacios gratuitos para niños y niñas hasta los 5 años, en los propios trabajos o cercanos al domicilio de la trabajadora o trabajador, como tampoco en la falta general de vacantes para madres y padres trabajadores. El presidente anunció la creación de 800 jardines, ¿estarán en las jurisdicciones de menor cobertura y mayores necesidades? ¿obligarán a los empleadores a garantizar la gratuidad y acceso a los mismos?

Esas son algunas de las demandas históricas del movimiento de mujeres y la diversidad. Una demostración cabal de la necesidad de profundizar en la organización en comisiones de género en cada lugar de trabajo, de estudio y barrio, que pelee en las calles con total independencia de los gobiernos del turno, porque hoy como ayer, los derechos se conquistan.




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