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Red Internacional

La criminalización del aborto en Texas (Estados Unidos) subraya la necesidad de de la calle como garantía de los derechos que conquistamos. Ninguna victoria es permanente. Los sectores antiderechos siguen activos también en Argentina.

Celeste Murillo@rompe_teclas

Viernes 10 de septiembre | 01:33

¿Quién es quién en Roe versus Wade? Jane Roe fue el nombre ficticio de Norma McCorvey en la demanda que realizaron las abogadas Sarah Weddington y Linda Coffee en 1970 contra la criminalización del aborto en Texas. Henry Wade fue el fiscal de distrito designado. ¿Cuál fue el argumento de la demanda? La criminalización violaba el derecho a la privacidad garantizado por la Constitución de Estados Unidos.

Un fallo unánime les dio la razón, el estado de Texas apeló y se transformó en el caso testigo que resultó en el fallo Roe versus Wade de la Corte Suprema en 1973: el fin de la criminalización. El Estado no podría interferir en la decisión de una mujer de interrumpir su embarazo. No es un momento cualquiera: la segunda ola feminista había estallado en varias ciudades, la calle estaba encendida hace años por el movimiento de derechos civiles, contra la guerra y por la liberación sexual.

Antes y después del aborto legal

Hasta 1973, la mayoría de las iglesias ignoraban el tema (muchas ni siquiera perseguían a las mujeres que recurrían al aborto). Los republicanos estaban a favor. El propio Ronald Reagan promulgó una de las leyes más progresivas en 1968 cuando gobernaba el estado de California. (¿Qué otra ultraliberal no apoyaba la criminalización el aborto? Margaret Thatcher. En 1967, fue una de las diputadas que votó a favor de la ley que despenalizó el aborto hasta la semana 28 en Gran Bretaña.)

Recién en la campaña presidencial de Reagan de 1980 el partido republicano usa la carta “provida” (antiderechos), moviliza el voto cristiano y cambia para siempre la ecuación derecha e iglesias en EE. UU. (un modelo reproducido en todo el mundo hasta hoy).

¿Qué decía el partido Demócrata entonces? En 1972, la convención partidaria -que vota el candidato y el programa electoral- rechaza pronunciarse sobre ese derecho. El argumento era que ahuyentaba votos (¿les suena?). Esa escena pueden verla en el episodio 3 de Mrs. America que, según varios participantes, es bastante fiel.

¿Por qué es importante todo esto? Para decir que los fallos y las leyes en las democracias capitalistas no se explican fuera de su contexto y que los partidos mayoritarios usan la ampliación de derechos según su conveniencia.
Una guerra en curso

El de Texas es el último episodio de una guerra en curso. Iba a decir de baja intensidad pero a fines de los años ‘70, sectores religiosos y conservadores pusieron bombas en las clínicas de abortos legales, dispararon contra el personal de salud y las pacientes. En 1977 mataron a 5 personas, bombardearon e incendiaron 13 establecimientos. Entre 1990 y 2015 se registraron 11 asesinatos (y 26 intentos). El útlimo informe de la Federación Nacional del Aborto (NAF en inglés) dice que hubo 78.000 piquetes y escraches a clínicas, el índice más alto registrado.

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A esto se suman las restricciones legales. Durante las últimas décadas se impulsaron 1.074 restricciones al derecho al aborto, y el 30 % fue promulgado de 2010 en adelante (durante los gobiernos de Barack Obama y Donald Trump). En 29 estados hay legislaciones hostiles al derecho al aborto y 6 de cada 10 mujeres en edad reproductiva viven en estos estados.

¿Qué pasó en Texas? El gobernador Greg Abbott convirtió en ley el proyecto SB 8, conocido como la “ley del latido del corazón”. Prohíbe las interrupciones después de las 6 semanas, alienta a denunciar a las clínicas que realizan abortos y a quien brinde asistencia financiera o transporte a una persona que intente acceder a uno después de ese plazo. Hay recompensa: 10.000 dólares.

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Las consecuencias serán desastrosas: en los 695.000 kilómetros cuadrados de Texas (más de dos provincias de Buenos Aires) hay menos de 35 clínicas habilitadas, en el 96 % de sus condados no hay ninguna. Con esta prohibición, la única forma de acceder a un aborto seguro después de las 6 semanas será salir del estado, lo que significa tiempo y dinero. Adiviná si la mayoría de las personas que cobran el salario mínimo en Texas son mujeres: sí, 6 de cada 10. El salario mínimo es de 7,25 dólares la hora, pero en los sectores que trabajan con propina, desciende a 2,13 dólares. Sí, dos tercios de esos trabajadores son trabajadoras.

La prohibición es ley porque la Corte Suprema de EE. UU. decidió por mayoría no actuar ante una apelación de emergencia para bloquearla. Es el primer revés importante del fallo Roe versus Wade y sienta un precedente peligroso.

Todo el mundo sabe que el partido Republicano impulsa plataformas y candidatos antiderechos. Si te limitás a Twitter y los grandes medios, es obvio que el partido Demócrata apoya el derecho al aborto. ¿Es obvio? Los demócratas podrían haber legalizado el derecho aborto y no lo hicieron. Tuvieron mayoría parlamentaria durante el primer gobierno de Barack Obama y la tienen hoy con Joe Biden. ¿Sabés que no tienen? Una postura unánime porque no es parte de su programa. En 2017, cuando asumió Donald Trump, la líder parlamentaria demócrata Nancy Pelosi dijo que el derecho al aborto no era un tema porque no había candidatos antiderechos en su partido (sí hay). Y que no creía que el Demócrata tuviera que ser un partido a favor del derecho al aborto para “no dividir”. ¿Les suena?

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Un día después de la decisión de la Corte Suprema, los demócratas dijeron que van a presentar el proyecto de ley de Protección de la Salud de las Mujeres. Veremos. Pero en lo único que puede apoyarse una conquista que no dependa de un juez es en la movilización independiente de las mujeres y todas las personas que luchan contra la criminalización del aborto.

¿Por qué nos interesa los que pasa tan lejos de Argentina?

Nosotras ganamos esa pelea y no dependemos de un tribunal (que, dicho sea paso, no vota nadie). Pero la semana pasada en Salta, una médica garantizó el acceso a una interrupción legal del embarazo (un derecho que existe hace 100 años) y la detuvieron. Es señal de alarma suficiente para recordar que la única garantía que tenemos es la que nos trajo hasta acá: la movilización independiente. Y así como miramos con interés cada nueva conquista, es importante saber qué pasa cuando avanzan contra derechos elementales que le exigimos a una sociedad que se llama a sí misma democracia.

Una pelea, también electoral. El domingo se eligen candidatas y candidatos para las elecciones legislativas. Hechos como el de Salta, los intentos de bloqueos legales en diferentes provincias o que solo 3 de los 47 centros de atención primaria de La Plata atiendan interrupciones voluntarias recuerdan la realidad en la mayoría del país, lejana a las autofelicitaciones oficiales por sus medidas “feministas”. No dejó de ser importante qué piensan los partidos sobre este y otros derechos ni qué relación tienen con las iglesias (los antiderechos siguen actuando) y cuán dispuestos están a que problemas como la violencia machista, la sobrerrepresentación de las mujeres en la precariedad y la pobreza sean prioridad.

Luchar contra la opresión no significa luchar solamente por el derecho al aborto, ni siquiera significa luchar solamente por derechos. “El aborto no es el final del camino, es el principio de la conquista de muchos de nuestros derechos. El patriarcado es la sombra del capitalismo y hay que enfrentarlo en las calles”, esto lo dice Myriam Bregman, referente y precandidata a diputada por la Ciudad de Buenos Aires del Frente de Izquierda. Si pensás en todos los obstáculos que sorteamos para terminar con la criminalización del aborto, los cajoneos, acuerdos y silencios de los partidos mayoritarios según la ocasión, no nos sobran diputadas como podría ser Myriam, Nicolás del Caño (Provincia de Buenos Aires) o Daniela Planes (Salta), así como otras candidatas y candidatos del Frente de Izquierda.

Los bloques mayoritarios apuntan a mantener su reparto polarizado, se habla mucho del crecimiento de “liberales” y “libertarios” y poco del consenso del “centro” sobre el pago de la deuda externa, los coqueteos con políticas securitarias o reformas laborales. En la misma entrevista con Julio Leiva, Myriam decía que “mueren mujeres todos los días, otras quedan con lesiones permanentes, miles de chicos se quedan sin su mamá. Es increíble y muy cruel que solo se hagan programas que coordinan con programas, no puede ser. Es necesario volver a las calles con el movimiento de mujeres e imponerse contra quien haya que imponerse”. Una voz como la de Myriam no solo es necesaria, es imprescindible en el Congreso (porque de la calle, aunque nos quisieron convencer de que ya no era necesario, no nos fuimos nunca).

Este texto fue publicado originalmente en la entrega del newsletter No somos una hermandad.

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