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Red Internacional

Programas de no discriminación, logos pintados con la bandera del orgullo, directores y gerentes LGBTIQ+ o mujeres, son parte de una política de sectores de las grandes empresas que abogan por la “inclusión”, en un mundo la desigualdad es la norma.

Pablo Herón@PhabloHeron

Lunes 10 de mayo | 10:31
Foto: iStock/carterdayne

En 2016 la principal organización LGBTIQ+ de Estados Unidos, Human Rights Campaign (HRC), le entregaba al dueño de Amazon, Jeff Bezos, el premio nacional de igualdad (National Equality Award). Un uso raro para la palabra “igualdad”, tratándose de alguien que hoy es el hombre más rico del mundo con una fortuna estimada en US$177.000 millones.

HRC realiza anualmente un índice de igualdad en las empresas, donde mide en qué nivel y qué tipo de políticas de inclusión llevan adelante las compañías que se ofrecen a participar del relevo. El resultado de 2021 dio que el 94% de las empresas de la lista Fortune 500, las más ricas de Estados Unidos, “impulsan un cambio profundo en la adopción de políticas de no discriminación, incluida la ‘identidad de género’”.

En la entrega de su premio Bezos llegó a decir que “en Amazon la igualdad es un gran valor para nosotros, es simplemente lo correcto. Sin embargo, la desigualdad persiste de muchas formas en nuestras comunidades, y nunca debemos simplemente mirar más allá, debemos exponerla, comprenderla, cuestionarla y solucionarla. Y nosotros, me refiero a todas las personas en esta sala, lo estamos arreglando”.

Con logos oficiales pintados con la bandera del orgullo en las redes, el protagonismo de mujeres y personas LGBTIQ+ en publicidades, programas de inclusión y no discriminación de empleados, hasta directores ejecutivos gays o lesbianas, grandes compañìas pretenden mostrar un nuevo paradigma empresarial y laboral. Una parte importante durante las últimas décadas buscó mostrar una nueva cara, sumando a sus agendas medidas de inclusión de diversos sectores sociales según su género, raza, nacionalidad u orientación sexual.

Sin embargo del discurso a los hechos hay un gran abismo y desigualdades que parecen no ser cuestionables. Hace un mes en un depósito de Amazon en Alabama, donde el 85 % de trabajadores son personas negras y el 65 % son mujeres, la empresa lanzó una campaña furiosa de intimidación contra elles porque estaban intentando construir un sindicato para defender sus derechos en un contexto atravesado por la crisis económica y el mundo pos pandemia.

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En Booking, la reconocida compañía de hospedaje y turismo, también puede verse este doble discurso. Su antigua CEO y hoy presidente, Gillian Tans en la conferencia Pride Workplace (orgullo en el lugar de trabajo) de 2016 decía: “queremos asegurarnos de crear grupos que hagan esta innovación con diferentes orígenes, culturas, experiencias, y que todo eso junto cree la mejor innovación que puedas pensar para tu producto. Estoy muy orgullosa de lo que ha hecho Booking si miras la diversidad en los últimos años”.

En septiembre del año pasado la empresa anunció que reduciría su planta en un 25%, despidiendo a más de 4 mil empleados en todo el mundo, mucha “diversidad” pero las ganancias no se negocian y las pérdidas se socializan con despidos. Tan solo en 2016, Tans ganó en su puesto 17,1 millones de dólares, fue la directora mejor paga de las plataformas online para vender servicios de turismo y hotelería ese año.

Los ejemplos de Amazon y Booking, son una muestra de que los distintos procesos que surgieron en la sociedad durante la década de 1970, como el originado por el movimiento de liberación sexual que cuestionaba el orden del capitalismo, pudieron ser transformados y subsumidos bajo la lógica de las ganancias empresariales, justamente producto de separar el combate contra la opresión de la crítica al conjunto de la sociedad de clases. En palabras de Nancy Fraser, el feminismo no debería proponerse que una pequeña cantidad de sectores oprimidos asciendan a las jerarquías corporativas, más bien debería apuntar a abolirlas. 

Hoy en día las compañías pueden posar levantando una agenda LGBTIQ+, en un mundo donde la mayoría de elles son trabajadores, para luego echarlos, negarles la posibilidad de sindicalización o sostenerles condiciones inhumanas de precarización laboral. Levantar un discurso de inclusión, tomando las demandas de sectores empresariales de los movimientos, les permitió darse una máscara progresista (lo que se denomina pinkwashing) para implementar políticas neoliberales junto a los grandes partidos y gobiernos, con medidas económicas y sociales que implicaron importantes retrocesos para la mayoría trabajadora y pobre. 

Sobre ese camino allanado por los sectores que abandonaron la lucha contra la opresión de la mayoría y aceptan una igualdad “a secas”, que la vida para las condiciones de vida de la mayorìa LGBTIQ+ sigan pauperizándose, es que avanzan los sectores de extrema derecha que hoy también posan de gay-friendly, fomentan políticas de mano dura y odio por raza o nacionalidad.

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El pasado diciembre la CEO y presidenta de la bolsa de Nasdaq, Adena Friedman, impulsó una resolución para imponer como condición que en cada directorio de las empresas que quieran ser parte de la bolsa haya al menos una directora mujer y otre que sea LGBTIQ+ o de una minoría subrepresentada como la población negra, latina, asiática o nativo americano.

"Creemos que esta norma de cotización es un paso en un camino más amplio para lograr una representación inclusiva en las empresas estadounidenses" declaró Adena Friedman. Desde los altos mandos empresariales plantean como avance que haya más CEOs y gerentes diversos. Una inclusión que no modifica en absoluto el rol que cumplen las empresas en la sociedad, al contrario más bien legitima con una cara diversa que haya una minoría viviendo a costa del trabajo de la mayoría.

En la bolsa de Nasdaq, lugar por excelencia para la especulación financiera, cotizan ni más ni menos que las grandes empresas tecnológicas como Amazon, Alphabet (Google), Facebook, Microsoft o Apple. Son las mismas corporaciones que financian las marchas del orgullo en ciudades como en Nueva York y a las organizaciones como Human Rights Campaign.

Los altos mandos prestan mucha atención a los cambios culturales y procesos sociales en función de sus propias necesidades e intereses. En un reciente artículo de la revista Forbes titulado “Ha llegado una nueva fuerza laboral LGBTQ: debe seguir la cultura inclusiva”, analistas de la Boston Consulting Group (BCG, una de las consultoras más importantes) desarrollan el fenómeno que observan en Estados Unidos. Por un lado afirman que “los empleados LGBTQ representan una mayor proporción de la fuerza laboral en general” en comparación a los períodos previos, según las estimaciones el 4,5% de la población estadounidense se identifica LGBTIQ+, unas 11 millones de personas. Y al mismo tiempo aseguran que “los empleados heterosexuales de la Generación Z y los millennials, que pronto constituirán la mayoría de la fuerza laboral, también se preocupan profundamente por la inclusión y es más probable que la defiendan en comparación a las generaciones anteriores”.

No se trata solo de una cuestión de análisis. Mientras la discriminación persista, de hecho es alto el porcentaje de personas LGBTIQ+ que alguna vez fue discriminada en su trabajo, las grandes empresas seguirán haciendo uso de la bandera de inclusión para mostrar un costado progresista, e intentar contentar y apaciguar las críticas que surgen por sus respuestas a la crisis en curso. De lo que se trata es desenmascarar esa división artificial donde las demandas de los sectores oprimidos, que en su mayoría trabajan para subsistir, aparecen separadas de los ataques que vive toda la clase trabajadora que día a día es más pobre y sufre la degradación de cada aspecto de la vida. 

Por eso mismo, es necesario retomar esa crìtica radical de las barricadas de Stonewall, por una lucha junto a la mayoría trabajadora, con quienes la mayoría oprimida compartimos las mismas condiciones de vida, y fundamentalmente por un mundo donde no haya opresión de ningún tipo. Algo que se probó imposible a través del tan defendida idea del avance gradual en la igualdad con la conquista de algunos derechos que prima hace décadas, en una sociedad cada vez más desigual.




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