Política

PASO PORTEÑAS // LA DERROTA DEL KIRCHNERISMO

¿Qué festejaba La Cámpora?

Los festejos anticipados del FpV de un supuesto segundo lugar en las PASO del último domingo en Capital Federal más que un papelón, como se ufana Clarín, son una muestra del sectarismo y la impotencia política de un kirchnerismo de paladar negro derrotado.

Facundo Aguirre

IG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Martes 28 de abril de 2015 | Edición del día

Sectarismo porque esconde en la mística y el folclore militante su impotencia política como la alternativa a la derecha que dicen ser. Lejos del segundo puesto con que se autoproclamaron por corto tiempo, el FpV obtuvo un tercer puesto que es, además, un retroceso con respecto a las elecciones legislativas del 2013 y ejecutivas del 2011.

El golpe fue tal que no se dieron cuenta de que, celebrando un falso segundo puesto, le regalaron a Clarín y a la oposición la foto de la tribuna de los derrotados a Daniel Scioli y los presidenciables del FpV, acompañando la suerte de los camporistas. La saña de la prensa opositora quiso que sintieran el puñal y desmintieron a los kirchneristas justo en el mismo momento en que el PRO terminaba de instalar con fuerza la candidatura presidencial de Mauricio Macri, como el hombre llamado a vencer al proyecto.

Seguramente los barones del PJ masticaban su bronca por lo bajito frente a los prepotentes camporistas incapaces, según ellos, de hacer una elección digna y evitarles la humillación pública de la foto de la derrota. Una confirmación para el paladar pejotista, los pibes camporistas son un lastre con el cual cargar.

El desafío para Mariano Recalde y La Cámpora será tener que nadar a contracorriente para poder ganarle al ECO e ir a una segunda vuelta frente a Larreta. Una cuesta muy empinada para hacer en una bicicleta de reparto como es el FpV porteño. Tanto el frente radical-lilito que sustenta a Martin Lousteau, como Recalde, están obligados a ganar el voto de la franja de votantes de Gabriela Michetti, improbable (perdonen la expresión) ala “izquierda” del PRO, que traccionó para sí votos contingentes del progresismo porteño, hoy por hoy más proclives al novio de Carla Peterson que al hombre de Aerolíneas. Pero el fracaso de los camporistas no sólo se explica por el rechazo de los sectores medios girados a la derecha, sino porque el kirchnerismo cogobernó la Ciudad con la derecha empresarial, votando todas y cada una de las leyes fundamentales del PRO.

Aníbal Fernández justificaba el festejo anticipado del segundo puesto por los datos de las proyecciones del boca de urna. Un reconocimiento de que el kirchnerismo tiene un problema con las estadísticas. Acostumbrado a dibujar las estadísticas públicas del INDEC, para manipular las paritarias en favor de los intereses patronales, el kirchnerismo alimenta toda una serie de consultoras que, al igual que el INDEC, venden fruta en lugar de números que se aproximen a la realidad.

El progresismo electoral porteño quedó reducido al espectro electoral kirchnerista. Mientras el progresismo retrocede, lo único que está surgiendo claramente a la izquierda es el Frente de Izquierda y de los Trabajadores, que logró casi duplicarse con respecto a las ultimas elecciones ejecutivas del 2011. Y que, a diferencia del cogobierno con la derecha que ofrece el kirchnerismo, levanta un claro programa anticapitalista y de lucha de la clase trabajadora contra la derecha empresarial y el gobierno nacional.







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