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Red Internacional

Mantener limpio un hospital con pocos insumos. Otra historia de quienes nos cuidan desde el ámbito de la salud pública, en medio de la pandemia.

Natalia Aguilera Enfermera Hospital San Martín | Miembro de la Corriente de Izquierda por la Salud Pública.

Jueves 9 de abril de 2020 | 11:12

Bernardo se levanta a las 6 de la mañana. Toma unos mates y sale para el hospital. Un nuevo día comienza, en estos tiempos virales donde todo cambia día a día.
Es trabajador del sector de Higiene Hospitalaria, la limpieza. Su sector de trabajo es el área de Oncología, un lugar de poca exposición a los posibles de casos de coronavirus, como sí los son la Sala C (dispuesta para ello) o Terapia Intensiva.

En el servicio de limpieza del “Poli” (así es conocido el Hospital San Martín de La Plata), entre trabajadores de planta y contratados son alrededor de 70 personas, además de las empresas tercerizadas. Todos compañeros al fin. En uno de los hospitales más grandes de la provincia de Buenos Aires, un servicio devastado con poco personal. Reflejo del vaciamiento de décadas de la salud pública.

Desde las 7 y hasta las 10 le mete a full: baldea los pisos, limpia todas las superficies para que los pacientes no se contaminen con alguna bacteria o algún virus hospitalario, ahora más con el coronavirus. Después sigue con la limpieza en otras áreas dentro del mismo piso.
Un trabajo silencioso e invisible pero indispensable en la línea de combate contra el coronavirus.

¿Con qué limpian en el medio de la pandemia? ¿Algo cambió, hay más insumos? Preguntas que deberían tener una respuesta lógica si hablamos de prevención, higiene y seguridad, sin embargo no es así. Bolsas de basura, lavandina diluida, algún trapo de piso y pulverizador de vez en cuando.

En el servicio donde está, Bernardo puede conseguir algún barbijo o un camisolín hemorepelente. Su relato, lleno de bronca, da cuenta de la realidad que vienen denunciando todos y todas las trabajadoras de la salud a lo largo del país.
“Exigen higiene pero te dan lavandina diluida”

Para las 13 hs. termina su jornada en el hospital, pero no su día laboral. Sigue con otras labores en otros lados. Así es la vida de miles que deben contar con varios trabajos para poder cubrir un sueldo más o menos digno.

“Es que el sueldo del hospital no me alcanza. Estamos por debajo de la línea de pobreza. Y eso que yo tengo hijos. Pero el salario de $ 32.000 que cobré este mes con el presentismo (que nos pagan cada 3 meses y es de $1.600), no te alcanza para nada”.

Bernardo no se considera un héroe ni mucho menos, Es un laburante que la pelea todos los días no solo contra una epidemia. Pelea junto a sus compañeros y compañeras por mejores salarios, mejores condiciones de trabajo, para que la salud pública sea de calidad para todos. ¡Qué distinto que es todo cuando lo que se prioriza es la vida de todos y no la ganancia de unos pocos!

La pandemia ha puesto a la luz la realidad de los hospitales. Pero la organización de trabajadores y trabajadoras como el cuerpo de delegados del Hospital San Martín, también ha puesto en la primera línea en qué se situación se encuentra la salud pública y por ella la pelea a diario.

“Con nuestros compañeros y compañeras estamos armando un cuerpo de delegados para conseguir las condiciones dignas de trabajo frente a esta pandemia, insumos y demás”. El camino es por ahí. Bernardo, como muchos otros, está en esta pelea.




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