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Red Internacional

Un estudio refleja cuánto poder adquisitivo perdieron las familias que reciben la Asignación Universal, el Potenciar Trabajo, la Tarjeta Alimentar o las prestaciones por discapacidad. Mientras los empresarios se quedan con un pedazo más grande de la torta, ajustan primero a los que menos tienen.

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Viernes 11 de noviembre | 12:25

Las colas en los comedores. Las raciones más chicas. Las comidas “salteadas”. Las filas interminables para cobrar el “refuerzo alimentario”. Las marchas de discapacidad. Las columnas piqueteras que llegan al centro porteño a reclamar por los alimentos que no les entregan hace meses. Postales que quieren que naturalicemos, que nos acostumbremos.

La ministra Tolosa Paz dice “que los alimentos que se demoran luego son compensados”. ¿Cómo se “compensa” en las tripas, en los músculos, en el sueño, el hambre que se pasó durante meses? ¿Vamos a naturalizar tanto cinismo?

Los gobiernos muestran estadísticas que suben y bajan, al ritmo de algún “rebote” o un “bono de emergencia” improvisado solo para influir sobre esos índices públicos; pero el empobrecimiento profundo y estructural del pueblo trabajador crece mes a mes. Los que tienen “trabajos buenos” apenas llegan a fin de mes, corriendo detrás de la inflación. La cantidad de “trabajadorxs ocupados pobres” es un fenómeno imparable. Pero uno de los datos más brutales de la crisis y el ajuste es el golpe que sufren lo que el gobierno llamó “los últimos”.

Según un estudio del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), las personas que reciben algún tipo de “ayuda social” son quienes más han perdido. Hace un ejercicio sencillo: calcula cuánto subieron los montos de los programas sociales y qué monto deberían tener hoy para no perder ante la inflación.

Los datos son dolorosos.

  •  Tarjeta Alimentar: hoy es de $9.000, pero si lo ajustamos a la inflación acumulada debería ser de $14.377.
  •  Asignación Universal por Hijo: hoy está en $7.332 por hijo pero debería ser de $11.932 para compensar la inflación acumulada estos años.
  •  Plan Potenciar Trabajo: hoy es de $25.600, debería ser de $30.550 si medimos desde el momento en que fue creado (2020), pero si tomamos el “salario social complementario”, ya perdió un 40% del poder de compra.
  •  Fomentar empleo: hoy es de $23.000, pero debería ser de $40.220 para no perder ante la inflación.
  •  Prestación Básica Universal: sirve para acceder a servicios de telecomunicaciones. Hoy es de $17.166, debería ser de 25.907 pesos.
  •  AUH con Discapacidad: en la actualidad es de $23.881 cuando debería ser $38.438.

    Los datos fueron reflejados este viernes en una nota de Damián Di Pace en IProfesional, con un gráfico que acompaña los números.

    Por los derechos de “los últimos” y toda la clase trabajadora

    Los datos, dolorosos, desmienten muchas cosas. Primero, el relato de la derecha que ataca el “aumento del gasto social” y quiere más ajuste. Segundo, el relato del Gobierno que dice ocuparse de “los últimos” cuando en realidad son los primeros en sufrir el ajuste. Tercero, confirma que los verdaderos “planeros” son los empresarios que en medio del mar de pobreza amasan fortunas con la inflación que castiga a estas familias pero también con subsidios y beneficios millonarios que van desde rebajas en retenciones, dólares especiales y hasta rebajas en las contribuciones patronales.

    La inflación récord que se espera para este año y las amenazas de devaluación no van a hacer más que acentuar este cuadro dramático.

    Sería un error pensar que la actualización de los montos de estos programas resolvería el problema de la pobreza de millones. Son una ayuda importante para quienes están más golpeados por la precariedad laboral y de la vida, pero no resuelven sus necesidades. Hoy la canasta familiar se acerca a los 200 mil pesos y más de la mitad de los trabajadores no llegar a cobrar la mitad de esa cifra.

    Hay que denunciar el cinismo del gobierno nacional y de la oposición de derecha que también ajusta los programas provinciales o municipales. Y que la rabia contra tanto hambre y desprecio se convierta en lucha. Por un lado, apoyando los reclamos inmediatos de las organizaciones sociales que reclaman el aumento inmediato de esos ingresos. Pero además, peleando por un programa para que la crisis no la pague el pueblo trabajador. Con la reducción de la jornada laboral para generar trabajo con derechos, con un salario que cubra la canasta familiar y se actualice con la inflación. Con un masivo plan de obras públicas para resolver las necesidades sociales y crear un millón de puestos de trabajo bajo convenio. Con becas y trabajo con derechos para toda la juventud, comenzando por las mujeres que tienen que realizar las tareas de cuidado y sostener las familias ante la crisis y la devaluada asistencia estatal.

    La coordinación de las luchas que propone el PTS-FITU es para unir a la clase trabajadora, ocupada y desocupada, para pelear contra la degradación a la que nos quieren llevar los partidos de los capitalistas.


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