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Red Internacional

Tribuna Abierta.Prima Rock: el día que Virus inauguró los ‘80

El día de la primavera de 1981 hizo su aparición en grande la banda de los hermanos Moura. A 40 años de aquel importante festival en plena Dictadura, recordamos este verdadero hito de aquella década.

Sábado 25 de septiembre | 16:00

Para Virus, 1981 fue el año más trascendente en la historia del grupo, porque hicieron su presentación ante el gran público de Buenos Aires y porque además debutaron en las bateas locales con Wadu Wadu, coronando un proceso de casi dos años ensayando frenéticamente y tocando de manera cada vez más asidua en pequeños reductos, tanto en La Plata como en Buenos Aires.

Por estos días, se cumplieron 40 años de la aparición en grande de Virus: el fin de semana de la primavera, se produjo el célebre Prima Rock ’81, el primer festival de música joven al aire libre que se realizaba durante la dictadura, al estilo de los viejos B.A. Rock. La actuación de Virus es recordada aún hoy por la reacción que produjo en los incrédulos presentes, que todavía no estaban preparados para una novedad disruptiva.

Tapa del DVD que registra el festival Prima Rock ´81.
Tapa del DVD que registra el festival Prima Rock ´81.

Organizado por el productor Alejandro Pont Lezica, la concurrencia al festival Prima Rock no fue la esperada. Actuaron Spinetta Jade, Nito Mestre, Pedro y Pablo, más los nuevos Dulces 16, Alejandro Lerner o Miguel Cantilo y Punch, y con estos nombres, el festival bien se podría haber llamado “Del aburrimiento”. Pero en la apertura de la segunda jornada, el 21 de septiembre de 1981 subió a tocar Virus, ante un público que no los esperaba. Repasar el cartel de aquel festival sirve para entender que Virus parecía una pandilla de extraterrestres que aterrizaba en una nave espacial proveniente del futuro.

Dado el contexto imperante, resultó lógico que la reacción del público se haya repartido entre el rechazo pasivo y la hostilidad abierta. Forman parte de la mitología del rock argentino los naranjazos arrojados al grupo por quienes se decidieron a “enfrentarlos” y no darle la espalda, como sí hizo la mayor parte de la audiencia. Si bien el Prima Rock ’81 tuvo un registro documental cinematográfico (Sólo tratamos de vivir, de Osvaldo Andéchaga) el montaje se encargó celosamente de mostrarse como una reunión pacífica de jóvenes.

El rock argentino en dictadura

Durante los años de la última dictadura cívico militar, la escena del rock argentino estuvo hegemonizada por una diversidad de vertientes que oscilaban entre el folk pastoril o canción de protesta, la música progresiva o rock sinfónico con su despliegue de virtuosismo instrumental, algunas cosas de hard rock, de fusión con el jazz, el rock acústico, blues, etc. Casi todos números dominados principalmente por artistas que conformaban una institución dentro del movimiento. Al punto que 1980 fue el año de las reuniones de Almendra y Manal, por ejemplo. Además, la auto denominación “rock nacional” le asignaba una idea de institucionalización que iba a contramano del carácter contracultural inherente al rock. El propio Federico Moura recordaba que por esos días “el rock argentino tenía olor a museo”. El movimiento juvenil reclamaba una renovación.

Parecía no haber forma de tomarle la vuelta a la solemnidad y el “compromiso” que el rock se había autoimpuesto. Sólo algunos artistas de la camada ya establecida tomaron nota de la situación, y apelaron a gestos de renovación: algunas cosas de Serú Girán o de Miguel Cantilo y Punch se prestaron para incorporar elementos de la new wave, o Pappo que aggiornó el rock pesado con Riff; aunque la condición de artistas ya consagrados les restó frescura. Si bien la prohibición de difundir música en inglés a partir del 2 de abril de 1982 fue lo que habilitó el boom de la renovación, desde hacía unos dos años había algo gestándose en bandas como Virus, quienes estaban más atentos a las tendencias modernizadoras. O como Los Violadores y V8, que ya daban sus primeros pasos. Precisamente en 1981, aterrizaban en el país nada más y nada menos que Miguel Abuelo y Luca Prodan. Además, algunos meses antes se había producido la visita The Police, casi como un hecho inédito, aunque tocaron ante el desinterés de una audiencia local que apenas tenía registro del fenómeno new wave, y la represión policial que impidió que la gente bailara.

El terror de Estado logró paralizar cuerpos y mentes en los jóvenes, que parecían haberse habituado a dicha inmovilidad, y comenzaban así a reproducir muchos de los vicios de las generaciones antecesoras: intolerancia, conformismo, y miedo. Por eso, si el rock necesitaba una renovación, no era sólo en la música. Porque el rock como movimiento juvenil en Argentina, planteó una ética artística que enfrentaba abiertamente a la música comercial o complaciente, expresada crecientemente en la música bailable. Eran años donde la juventud rivalizaba entre chetos que iban a bailar a boliches, y rockeros que iban a recitales; entre jóvenes “frívolos” y “cómplices”, y jóvenes “concientizados” y “comprometidos”. El rock no aceptaba el baile para sí, ya que se trataba de una concesión del sistema para con la juventud más sumisa. Los productos musicales vinculados al baile se asociaban a la moda y a lo comercial. En cambio, el rock ofrecía el recital en vivo, que permitía la configuración de un sujeto social crítico del sistema.

La nueva ola del rock que comienza a gestarse en los ’80 plantea romper esa oposición. Y en esta tarea de hacer un nuevo camino, Virus fueron pioneros. Impulsores de una estética de lo moderno y del movimiento, el vestuario festivo y las canciones urgentes se combinaban con letras que desbordaban imaginación. La aniñada voz de Federico Moura les imprimía frescura y optimismo, y un desparpajo desestructurado que apelaba a dejar atrás el pasado reciente, infame. Se trataba de seis jovencitos de pelo corto y ropas de colores con actitud rockera y desprejuiciada, que hacía un rock and roll movedizo y refrescante. Invitaron a romper la quietud infundida por el terror, con canciones rápidas, breves, directas y bailables, además de una poesía entre inocente y corrosiva. El resultado era novedoso, original. La música de Virus interpelaba “el cuerpo y el bocho”. Mostró no sólo el camino musical en particular, sino el estético en general: vitalidad, movimiento y desenfado fueron claras marcas de identidad. Sin embargo, el camino a la aceptación estuvo minado desde un principio. Además de los naranjazos del Prima Rock o el desprecio de algunos colegas, es recordada la agresiva reseña de la banda que por esos días realizó Gloria Guerrero para la Revista Humor, que se detenía en cuestiones ajenas a la música.

Julio y Federico Moura junto a Stuka y Pil de Los Violadores. La foto es de 1982 durante la guerra de Malvinas.
Julio y Federico Moura junto a Stuka y Pil de Los Violadores. La foto es de 1982 durante la guerra de Malvinas.

Toda esta resistencia e intolerancia no fue impedimento para que Virus contribuyera a sentar las bases del proceso de recambio generacional que experimentó la música joven a partir de los primeros años de la década. Y eso que todavía faltaba un año para la guerra de Malvinas, la cual resultó una encerrona para un movimiento que se reconocía pacifista: el Festival de la Solidaridad Latinoamericana y el espaldarazo comercial que significó para el rock la prohibición oficial de difundir música en inglés plantearon una contradicción política que constituyó un punto de inflexión. Sólo dos de los grupos más nuevos, como Virus y Los Violadores, se negaron a ser cómplices de lo que consideraban un “gran banquete” que sacrificó “jóvenes terneros”. Justamente, el Festival de la Solidaridad Latinoamericana produjo el quiebre del marco social y cultural que contenía al rock hasta ese entonces: la incorruptibilidad (imaginaria) ante el sistema. Además, dicho Festival se convirtió en un estigma que a la mayoría de los referentes del rock argentino les llevó mucho tiempo sacarse de encima.

Pero el Prima Rock ’81 no fue sólo intolerancia y agresividad. Los empresarios y managers más importantes del movimiento de la música joven argentina de entonces estuvieron en el festival, aportando artistas de su catálogo para el cartel. Entre ellos estaba Horacio Martínez, un descubridor de talentos de la vieja CBS, en cuyo haber contaba con el mérito de haber hecho grabar a Los Gatos en 1967. La industria de la música entendió que al mercado le urgía un producto novedoso como Virus, y Martínez les consiguió un primer contrato por cuatro discos. Una semana después de actuar en el Prima Rock ’81, el conjunto platense entró a los estudios para grabar Wadu Wadu: el primer disco de Virus estaría en las calles tan sólo un mes y medio más tarde.

Registrado en condiciones técnicas precarias, el álbum deja entrever la minuciosidad de las composiciones y las horas de trabajo invertidas. Un sonido claramente influido principalmente por bandas como The Clash, The Police, Devo o B-52’s, es decir, algo casi ausente en el país: Wadu Wadu posee un sonido profesionalizado para los estándares de la época. Fueron 15 canciones cortas y directas en escasos treinta y ocho minutos, algo inédito para un disco de rock argentino hasta ese entonces. Guitarras afiladas pero pulcras, ensambladas de manera ajustada en estructuras sólidas, y un pulso de metrónomo anfetaminizado completaban el cóctel infeccioso. La poesía de Virus se explayaba con burlas a lo engañoso del discurso publicitario, al despilfarro de la clase media aspiracional en los años de la plata dulce, a los preceptos más conservadores de las relaciones humanas y afectivas, o al divismo impostado de las figuras rockeras. Inauguró una forma lúdica de expresarse e interpelar al público, haciendo un manejo hábil y novedoso de la ironía y los juegos de palabras para la crítica cultural y social.

Afiche publicitario de show presentación del disco Wadu Wadu en el Teatro Astral.
Afiche publicitario de show presentación del disco Wadu Wadu en el Teatro Astral.

En verdad, todavía faltaban algunos meses para la guerra, la derrota y la salida democrática. Pero así se abrían los festivos años ‘80 para el rock y el pop en Argentina, proceso en el que la labor de Virus fue germinal. El resto es historia conocida.




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