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Red Internacional

Pedro Castillo. Presidente de Perú se "desmarca del marxismo", llama a la inversión privada y a la unidad nacional

En una entrevista concedida al semanario Hildebrandt en sus Trece, el presidente peruano Pedro Castillo se reafirmó en su llamado a la inversión privada y se desmarcó, una vez más, de una supuesta cercanía suya al marxismo y al comunismo y justificó la incorporación al Ejecutivo del empresario y político de Daniel Salaverry aduciendo que era una forma de construir un Gobierno de unidad nacional con la burguesía y la derecha.

José RojasMilitante de la Corriente Socialistas de las y los Trabajadores "CST" de Perú

Martes 25 de enero | 12:15

A pesar de las terribles implicancias ambientales y sociales que viene costando el derrame de petróleo provocado por la empresa transnacional Repsol, el presidente Pedro Castillo volvió a insistir en su llamado a los grandes capitales imperialistas para que inviertan en el Perú.

Estas declaraciones fueron hechas por el presidente en el semanario Hildebrandt en sus Trece, en una larga entrevista dada después que ya se tenía pleno conocimiento del proceder de Repsol a raíz del derrame de petróleo en las playas de Ventanilla. Recordemos que Castillo durante su campaña electoral cuestionó algunos privilegios de las grandes empresas, sin embargo, desde que asumió su mandato ha mantenido vigentes todos estos privilegios y las instituciones y normas en las que se sostienen los grupos de poder. Todas estas normas y prerrogativas hacen parte del régimen neoliberal.

“…decían que Castillo llegó para expropiar ¿a quién hemos expropiado? ¿a qué inversionista le hemos quitado algo? Reitero desde este espacio que hay que llamar a la inversión privada”, dijo el presidente durante la entrevista, como si la inversión privada no tuviera responsabilidad directa en los grandes problemas sociales como el desempleo y subempleo masivo, la precarización laboral, la contaminación ambiental o la pobreza, males que hoy azotan sobre todo a millones de trabajadores y trabajadoras del país, quienes mayoritariamente votaron por Castillo en la primera y segunda vuelta confiados en que "el profesor" acabaría con los abusos de estos empresarios que, como vemos ahora con el derrame de petróleo en Ventanilla, han convertido los recursos naturales, el medio ambiente y la vida de las y los trabajadores en objetos de compra y venta sujetos a las frías “leyes del mercado”.

En otro momento de la entrevista y ante la pregunta del periodista sobre su filiación ideológica, el presidente no dudo en responder escuetamente que no era ni comunista ni marxista, sino más bien un “hombre del pueblo”, y para que no queden dudas de su convicción institucional al servicio del status quo, agregó que “era un hombre del pueblo que creía en la democracia”.

La democracia y la institucionalidad a las que se refiere el presidente, no son otras que las emanadas de la constitución de 1993, a la cual dio vida Alberto Fujimori para salvaguardar los intereses de los grandes empresarios.

Es esa democracia, nacida de un auto golpe de estado ocurrido en 1992 y salpicada de corrupción, la que ahora defiende Pedro Castillo a pie juntillas, por eso cuando el periodista Hildebrandt le pregunta qué hará ahora que el Congreso vetó toda forma de referéndum para cambiar la Constitución del 93, Castillo termina asumiendo que - como máximo - apelarán al Tribunal Constitucional hoy controlado casi hegemónicamente por fuerzas conservadoras y de derecha. Con ello no hace más que renunciar implícitamente a la demanda de cambio de Constitución que fue una de sus propuestas emblemáticas en la campaña electoral.

Esta cercanía del presidente a los intereses de los grandes empresarios y a las instituciones propias del régimen del 93, ha llevado a que desde el ejecutivo se haga muy poco o nada para sancionar ejemplarmente a la empresa Repsol, responsable directa del derrame de petróleo en Ventanilla que, como ya se dijo, está causando un enorme daño ambiental y social.

Pedro Castillo tiene muy enraizada la idea de que se puede construir un gobierno “popular” de la mano de los empresarios nacionales y extranjeros. Esta visión trasnochada hace parte del bagaje ideológico de un sector importante de la izquierda reformista peruana que hoy acompaña a Castillo en su gobierno. Todos ellos, provenientes del viejo estalinismo o de la socialdemocracia, creen que a los más que se debe apostar en el Perú es a construir un proyecto de “modernización” capitalista nacional, para lo cual es importante, dicen, atraer a una supuesta burguesía nacional, a la inversión privada extranjera "responsable" y a la derecha liberal y progresista.

Es por ello que, cuando Hildebrandt le pregunta al presidente sobre las razones de la última incorporación del derechista Daniel Salaverry al ejecutivo en la condición de director de Perupetro, Castillo dice muy convencido que esto expresa el trato que desde el gobierno le dan a “la gente que ha sido crítica con nosotros”. Y más adelante agrega que este nombramiento representa “un llamado que también le hago (como presidente) a la oposición: que vengan y nos demuestren que están interesados en el bienestar del país. Que cuando nos equivocamos nos demuestren el camino correcto”. Castillo llama así abierta y públicamente a sus opositores políticos de la derecha y la ultraderecha a cogobernar juntos. Recordemos que esos mismos sectores cada cierto tiempo le tumban ministros (ya van 12 desde que inició su gobierno) y hasta le bajaron un Premier y hace poco intentaron vacarlo desde el hemiciclo.

Y para terminar de congraciarse con los sectores conservadores, Castillo no tuvo mejor idea que desvincularse enfáticamente del secretario general de Peru Libre Vladimir Cerron, figura estigmatizada de radical por la derecha y los medios de comunicación, con quien el presidente dice no tener actualmente ningún vínculo ni ninguna atadura política ni ideológica.

Sin embargo, Castillo no niega que utilizó a Perú Libre y a Cerrón para postular a la presidencia de la República, “usted sabe que para llegar al gobierno se necesita de un partido político. Todo el mundo sabe que he llegado acá por Perú Libre y que el señor Vladimir Cerron es el secretario general de ese partido”. Pero, para dejar las cosas claras y en su sitio, más adelante afirma que “Yo soy presidente de todos los peruanos y si el doctor Vladimir Cerron tiene una postura política y es secretario de un partido también tiene que entender que el gobierno tiene que abrirle la puerta a todos los partidos, a todas las organizaciones, a todo el país”. Este deslinde con su antiguo socio electoral lo llevó también a reconocer por primera vez y de manera pública, que fue un error nombrar como Premier a Guido Bellido, hombre de confianza de Cerrón.

Se va decantando así el carácter de un presidente que llegó al gobierno sembrando ilusiones de cambio en los sectores populares, sobre todo del interior del país, y en importantes segmentos de la clase trabajadora. Sin embargo, el no tener una política de ruptura con la burguesía nacional y extranjera y con sus instituciones, está llevando a que el denominado “gobierno popular del Perú profundo” termine transitando el mismo camino que en su momento transitaron Alejandro Toledo, Alan García y Ollanta Humala.

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