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Red Internacional

Realizada en el marco del juicio unificado que se sigue a genocidas acusados de los delitos cometidos en los centros clandestinos conocidos como Pozo de Quilmes, Banfield y El Infierno, integrantes del circuito Camps. Por primera vez se accedió al sótano donde habrían fusilado a los jóvenes de la “Noche de los Lápices”. La maternidad clandestina y el recuerdo de las mujeres embarazadas allí detenidas en la voz y la presencia de sus hijas nacidas en cautiverio. La exigencia de la revocación de las prisiones domiciliarias y la apertura de los archivos estatales.

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Miércoles 16 de noviembre | 23:33
Fotos: La Izquierda Diario

El pasado martes 15 de noviembre se llevó a cabo la inspección ocular al centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como Pozo de Banfield, ubicado en la localidad de Lomas de Zamora. Junto a los jueces Ricardo Basílico, Walter Venditti y Esteban Rodríguez Eggers y demás funcionarios del Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata estuvieron presentes querellantes y víctimas. Pablo Díaz, Alejandrina Barry, Victoria Moyano Artigas y familiares de desaparecidos uruguayos que permanecieron detenidos allí. Martina y Teresa Laborde, hijas de Adriana Calvo, las hermanas Lavalle Lemos, Paula Logares, Marta Ungaro, Elsa Pavón y otros familiares estuvieron presentes en la inspección.

Durante el recorrido, colmado de una profunda emoción por parte de familiares que entraban al horror por primera vez, se pudo acreditar, en base a los testimonios brindados en el juicio, que el Pozo de Banfield, dependencia de la Policía de la provincia de Buenos Aires, funcionó como centro clandestino desde 1974 y continuó durante la dictadura cívico militar eclesiástica. Por mencionar uno de tantos casos, los padres de Alejandrina Barry, legisladora porteña del Frente de Izquierda, fueron detenidos a mediados de noviembre de 1974 durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón y estuvieron en cautiverio en el Pozo de Banfield. Por aquel entonces Susana estaba embarazada de Alejandrina.

Para la legisladora, querellante en la causa, recorrer el lugar donde estuvo detenida su madre “Fue un momento muy fuerte, de muchas emociones contradictorias. En todo momento pensábamos que habíamos llegado hasta ahí por el aporte de sobrevivientes como Adriana Calvo, por todo lo que investigaron, por su lucha, por su apoyo a las que somos hijas, a los que somos familiares”. Agregó que “a 46 años lo que se ha conseguido de justicia fue por el aporte de los sobrevivientes, porque el Estado sigue sin abrir los archivos de la dictadura, que están en su poder y que una y otra vez tenemos que ir a demostrar en los mismos centros de detención, conseguir más pruebas para condenar a todos los genocidas para evitar que se les den los beneficios de la domiciliaria”.

Por el Pozo de Banfield pasaron cientos de militantes de nacionalidad uruguaya, en el marco de lo que conoció como Plan Cóndor. La recorrida por la zona de los calabozos estuvo acompañada por el recuerdo del valiente testimonio de Adriana Calvo, al mencionar las celdas buzón y donde ella junto a su hija Teresa fueron protegidas y defendidas por sus compañeras ante el intento por parte de los policías de apropiarse de su bebé. Hubo relatos de otras nietas recuperadas que expresaron cómo en ese centro, que era una dependencia policial las mujeres parían o empezaban su trabajo de parto y muchas veces en los pasillos, en la cocina o donde hubiera un lugar.

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Para Victoria Moyano Artigas, nacida en cautiverio y recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo en 1987, fue la primera vez que pudo estar presente en la cocina donde su madre, María Asunción Artigas, dio a luz y estuvo con ella las primeras horas de vida antes de ser apropiada por el policía Oscar Penna (a cargo de la Brigada San Justo). Fue la primera vez que el relato se vuelve realidad. Junto a ella y con la presencia de otras nietas recuperadas y familiares que aún buscan a niños y niñas apropiados dan cuenta del funcionamiento de una maternidad clandestina en dicho centro clandestino.

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Otro hecho de suma importancia fue el acceso al sótano del Pozo de Banfield por primera vez. Luego de varios años de encontrarse inundado, y tras tareas de recuperación, quienes participaron de la visita pudieron descender al lugar donde habrían sido fusilados los jóvenes secuestrados en el operativo conocido como La Noche de Los Lápices, según los reiterados testimonios de Pablo Díaz. Allí mismo Díaz, visiblemente emocionado, pero con una gran contundencia, reconoció y especificó el lugar- un baño pasando la zona de calabozos- donde los genocidas cometieron abusos sexuales.

Fue en ese sótano sombrío donde el conjunto de los querellantes exigió a los jueces en la necesidad de la revocación de las prisiones domiciliarias de la que gozan los genocidas imputados que fueron artífices y autores de los horrores que allí se vivieron contra cientos de militantes, activistas gremiales y estudiantes.

“Acá hay una tía que está buscando a su sobrina, y hay una hermana que está buscando. Ellos saben dónde están y los tienen cómodamente sentados en sus casas. Bergés y Wolk deben saber dónde está los bebés que faltan”, sostuvo Teresa Laborde, hija de Adriana Calvo.

“Mi sobrina nació acá y la seguimos buscando. Mi hermana, María Eloísa Castellini, le puso de nombre Victoria. Hace 45 años que la buscamos. Igual que los restos de mi hermana”, sostuvo Alejandra. Quien también se dirigió a los jueces fue Marta Ungaro, hermana de Horacio, uno de los estudiantes secundarios desaparecidos en la Noche de Los Lápices: “Tienen la responsabilidad frente a la historia de cesar el arresto domiciliario”, sostuvo, mientras Teresa la abrazaba entre lágrimas.

El tribunal, a pedido de la abogada María Luz Santos Morón de la querella de JusticiaYa y, sumando al resto de las querellas, tomó el reclamo de revocatoria de las prisiones domiciliarias de toso los imputados. “Es un reclamo que, luego de más de 40 años de sucedidos los hechos, los querellantes, testimonio tras testimonio, ponen sobre la mesa y el Tribunal tiene que hacer lugar”, manifestó la letrada.


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