Cultura

OPINION

Posporno, un debate que acaba en una mesa chica

Los debates sobre el posporno en nuestro país no son tan asiduos, sin embargo su tradición lleva ya cuatro décadas de existencia en el mundo. A propósito de los sucesos en la Facultades, abrimos la reflexión.

Natalia Rizzo

@rizzotada

Jueves 9 de julio de 2015 | Edición del día

La performance en la que participaron la periodista Laura Milano, el performer posporno Milo Brown, la activista feminista Rosario Castelli y el grupo PostOp de España, en el marco de la actividad "Miércoles de Placer” en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, instaló discusiones dentro del campo artístico, social y académico.

Se sucedieron una serie de acciones y comentarios reaccionarios, así como la defensa de dicha actividad. Mucha gente salió a escandalizarse por el Posporno en la facultad y en los medios, sin embargo muy pocos se alborotan con la cosificación del cuerpo femenino que se da cotidianamente en programas televisivos como el de Marcelo Tinelli.

La práctica artística sucedió en los pasillos de la facultad, militantes del PTS del Centro de Estudiantes se manifestaron por el derecho a ejercer una sexualidad libre y también a expresarse libremente en el arte. Lamentablemente algunos estudiantes, pero principalmente los medios "formadores de opinión" con su discurso condenatorio, salieron a hacer declaraciones de repudio, lo que allanó el terreno para que se den toda una serie de apercibimientos y acciones de la justicia criminalizando el hecho.

La fiscalía de la Ciudad abrió una investigación para determinar si los protagonistas de la performance incurrieron en el delito de "exhibiciones obscenas" y pueden ser condenados, un hecho altamente repudiable que atenta contra la libertad de expresión.

La Facultad de Ciencias Sociales viene amenazando con "sancionar" a los responsables, que incluye a profesores, investigadores y estudiantes del área de Comunicación, Géneros y Sexualidades, mientras, el rectorado hizo circular un comunicado en donde se afirmaba que lamentaban si el episodio había "herido alguna sensibilidad al haberse desarrollado fuera del espacio asignado".

Rosario Castelli manifiesta en un comunicado público que escriben “Porque entendemos que esto ha movilizado algunas estructuras muy arraigadas sobre las que se basan nuestros imaginarios acerca de la sexualidad, el espacio público, los placeres, las corporalidades, la universidad, la relación academia/arte, los activismos feministas, los tabúes.”

Luego agrega: “Entendemos al posporno como una plataforma artístico-política que permite experimentar, visibilizar y volver deseables diversidades de cuerpos y prácticas sexuales no convencionales. Emerge como crítica a la industria del porno comercial, ya no desde la censura sino desde la creatividad y el empoderamiento de cuerpos no hegémonicos que crean su propio porno, colectiva y autogestivamente. Creemos necesario contribuir desde nuestras prácticas cotidianas a la ampliación de los imaginarios disponibles sobre los modos de vivir la sexualidad desde una crítica a la heterosexualidad obligatoria como sistema político.”

Urko integrante de PosOp ha declarado que "No hay una discusión cerrada sobre el término, pero para nosotras es una reacción de ciertos feminismos relacionados con feminismo pro sexos, feminismos queer o transfeminismos, una reacción ante la toma de conciencia de que el porno comercial o el porno mainstream es un porno que está perpetuando los estereotipos de sexo de género, nos está diciendo qué es lo que es sexo, qué es lo que no, cómo deben ser los cuerpos de los hombres y las mujeres, nos está hablando también de un sistema binario y nos habla de un montón de cuerpos que aparecen invisibilizados dentro de la publicidad comercial."

Maju Pulido comenta que "El sistema no sólo regula los cuerpos, sino que regula las prácticas y es perverso, nosotros formamos parte de lo monstruoso... de todo lo que no encaja. Nosotros nos reivindicamos desde lo monstruoso, como monstruas empoderadas que les gusta mostrar su sexualidad, como monstruas deseables y deseantes."

Sobre el Posporno

El posporno es un movimiento artístico que surge como parte de una relectura crítica del discurso normativo con el objeto de cuestionar el porno hegemónico, realizado más que nada para la mirada masculina heterosexual. Un movimiento que trata de convertir en sujetos a los objetos que son cuerpo de la representación pornográfica, principalmente las mujeres, las minorías sexuales, los transexuales, intersexuales y transgénero, personas con discapacidades o que no tienen cuerpos ajustados bajo los cánones de la moda.

El término posporno fue acuñado por el fotógrafo holandés Wink Van Kempen en los años 80 y la artista norteamericana Annie Sprinkles como forma de contracultura para enfrentar el movimiento porno de Andrea Dworkin de los ’60 y ’70. Kempen usó esta expresión para referirse a las creaciones sexualmente explícitas cuyo objetivo no es masturbatorio sino paródico o crítico.

Sprinkle fue actriz porno y luego pasó a dirigir sus propias películas y performances, por considerar que la industria pornográfica era sexista y muy irresponsable con los cuidados por el contagio del SIDA. Sus obras empezaron a tener mayor incidencia en el campo cultural y social cuando estrena su obra “El anuncio público del cuello del útero” donde los espectadores son invitados a inspeccionar en el interior de su vagina, como un modo de crítica de la extrema exposición del cuerpo femenino que hay en el porno tradicional.

¿Cuáles son los límites de la representación pornográfica? Y ¿qué tipos de cuerpos son representados y para quién esos cuerpos son excitantes? La pornografía es un modo dominante de representación ligado a los modelos de masculinidad establecidos que se incrusta dentro de la cultura de masas para modelar el placer sexual. Es una gran máquina que produce valores de género y sexualidad, donde los cuerpos de la ficción tratan de espejarse en los cuerpos reales para devolver imágenes de sujetos oprimidos, sumisos, silenciados, otros ocultos, etc.

A finales de los ‘80 y con la aparición de SIDA, se desata una fuerte criminalización a la juventud, la homosexualidad y el consumo de drogas. El posporno surge entonces en un contexto de mucha politización con respecto a los placeres sexuales y los cuerpos, sujetos de deseo. Infinidad de producciones artísticas se fueron desarrollando y muchísimos debates.

Las producciones de porno feminista y lesbiano colman la escena, como las de Candida Royalle, o Blue Productions, el sello SIR o Fatale Video, entre otras productoras independientes. Se destacan autores como Maria Beatty, Shu Lea Cheang y Bruce LaBruce. Actualmente siguen las producciones con la misma tradición artivista como los trabajos actuales de LoveArtLab de Sprinkle y Stephens.

Entre tantas producciones como el video, la performance, las revistas, las charlas debate, el arte como forma de protesta ha sido efectivo para generar debate de ideas, profundizar posiciones, criticar el sistema ideológico dominante y normativo alrededor de la sexualidad de las personas.

La reacción que se manifestó profunda y timorata de forma generalizada y replicada en los medios incesantemente, nos demuestra que hay que avanzar con atacar principalmente a las instituciones religiosas, que no pueden decidir sobre nuestros propios cuerpos y tratar de imponernos nuestra sexualidad, que la iglesia debe separarse del estado.

Pero además, que debemos tomar consciencia que no es dentro de este sistema patriarcal y opresivo donde encontraremos el garante de una verdadera libertad sexual y artística, y que a ese sistema debemos enfrentarnos desde todos los ámbitos posibles. Debemos organizarnos y luchar para acabar con estas instituciones, además de cuestionarlas. La verdadera liberación del arte y la sexualidad sólo vienen de la mano de la liberación de la explotación del hombre por el hombre.







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