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ANIVERSARIO

Porque “la vida se hizo imposible”, en 1918 las mujeres paralizaron Barcelona

En enero de 1918 Barcelona fue escenario de huelgas, cierres de tiendas, teatros y comercios durante dos semanas. Las protagonistas de semejante obra fueron mujeres de entre 13 y 30 años, quienes frente a la carestía de vida decidieron paralizar todo al grito de “la vida se ha hecho ya imposible”.

Cynthia Luz Burgueño

Barcelona | @LubCynthia

Martes 14 de enero | 09:32

Foto: latinta.com.ar

El impacto de la primera guerra mundial en la economía del país provocó una subida de precios de los alimentos básicos como el pan, carbón, aceite, patatas, bacalao; lo que perjudicó gravemente a las familias obreras que ya vivían bajo una situación de pobreza.

La mujeres provocaron que la ‘rosa de foc’ resplandeciera en un contexto internacional teñido por las revolución rusa, la alemana y la húngara, cuyos ecos resonaban en el Estado español con grandes hitos como la Huelga General de 1917 que acabó con más de 70 muertos, 2.000 detenidos y la caída del Gobierno. Eran años de importantes movilizaciones, huelgas y crisis políticas en lo que pasó a la historiografía como el Trienio Bolchevique en un convulso contexto internacional.

¿Por qué las mujeres? Toni Álvaro, autor del libro La Revuelta de las Mujeres. Barcelona 1918 (1), explica que las mujeres eran quienes sufrían en sus hogares el frío y el hambre que pasaban sus hijos, lo que las haría tomar conciencia sobre la necesidad de ganar espacio público. Es decir, las consecuencias de la crisis las convertía en responsables de gestionar la pobreza extrema en los hogares y las obligaba a salir de los mismos y romper el modelo de mujer doméstica y sumisa tan perpetuado en esas épocas.

Esta experiencia es una entre tantas en las que las mujeres han cumplido un rol de bisagra fundamental, vinculando los centros de trabajo con otras capas de la sociedad, por la doble posición en la fábrica o centro de trabajo y el hogar. Es decir, por su doble presencia en el trabajo asalariado y en el trabajo doméstico, o ‘trabajo de reproducción no remunerado’, han demostrado estar en determinados momentos históricos a la vanguardia de la conflictividad obrera, rompiendo el rol subsidiario que les había sido asignado históricamente en el mundo laboral, en la conflictividad obrera y en el espacio público rompiendo el aislamiento (2).

La chispa que encendió la revuelta de las mujeres

La chispa que encendió esta rebelión ha saltado cuando la Junta de Subsistencias de Barcelona impuso un precio al carbón que los tenderos rechazaban, ya que suponía un precio mayor a un 33% al acordado por dicha Junta. Fueron las mujeres trabajadoras, vecinas y amas de casa de entre 13 y 30 años de edad, quienes comenzaron a movilizarse canalizando así la rabia de la población. Así lo describe un diario de la época El Diluvio:

“Serían aproximadamente las diez de la mañana cuando una vecina fijó en una pared un escrito invitando a todas las ciudadanas del barrio de Atarazanas, a que acudieran al gobierno civil de la provincia en gran manifestación contra los exorbitantes precios de las subsistencias y la negativa de los carboneros a vender el carbón a precio de tasa. La invitación de la vecina fue prontamente atendida por numerosas mujeres y enseguida quedó organizada la manifestación. Figuraban en ella, más de 500 mujeres”.

Según el mismo diario, esta “vecina” empezó a ser llamada por su nombre: “De la manifestación se destacó entonces una comisión de cinco mujeres, presidida por la organizadora de dicha manifestación, llamada Amalia Alegre”. El gobernador se vio obligado a atender sus exigencias, “al cual dijeron que ante los precios alcanzados por las subsistencias la vida se ha hecho ya imposible, y al gobierno toca buscar remedio al mal”.

La manifestación acabó hasta Plaça Sant Jaume, donde una nutrida cantidad de mujeres tuvo que ser atendida por el alcalde. Las manifestaciones continuaron por la tarde, esta vez acompañadas por sus hijos y familiares, acabando su visita en la sede del Gobierno Civil donde también tuvieron que ser recibidas para escuchar sus reclamos.

Al día siguiente la situación continuaba igual, el precio del carbón y de los alimentos básicos seguía por las nubes. Las mujeres volvieron a concentrarse por la tarde en el Paralel, al grito de “¡Abajo los acaparadores! ¡Queremos las subsistencias baratas!”. Ellas preferían que las mujeres fueran las protagonistas de las manifestaciones, porque pensaban que así serían más atendidas sus demandas que a los hombres. Aunque como veremos, la unidad con sus compañeros fue inevitable.

La manifestación fue creciendo cuando decidieron pasar por los bares, teatros y los music-halls, donde trabajaban cientos de mujeres. Y obligar así a los dueños a cerrar, mientras invitaban a las trabajadoras camareras, bailarinas y artistas a unirse a la protesta. Nada las detenía, ni siquiera las amenazas de la policía. Al grito de ¡Tenemos hambre! ¡Queremos el abaratamiento de las subsistencias! fueron cerrando todo, liberando a las trabajadoras para que puedan unirse a la manifestación, apedreando y rompiendo los cristales de los establecimientos cuyos dueños se resistían a cerrar. También detenían los tranvías de las Ramblas, invitando a las mujeres a que bajaran y se unieran a la protesta.

De las calles a las huelgas en las fábricas. La ocupación de la sede del Gobierno

El movimiento espontáneo y motorizado por el hambre adquirió apoyo y simpatía por sectores de la clase trabajadora y hasta los estudiantes acordaron en asambleas sumarse a las manifestaciones. Así lo describía el diario El Diluvio, cuando sábado 12 de enero, de 1918:

“Como prueba de solidaridad con las manifestantes y dar fuerza al acto, habían abandonado el trabajo las obreras de las fábricas… Y las manifestaciones crecían al grito de ¡Mujeres a la calle, a defenderse del hambre y a poner remedio al mal!. ¡Por humanidad, a la calle todas!"

Las manifestaciones continuaban día a día, a pesar de que las calles y los mercados empezaban a estar controlados por las fuerzas policiales y las detenciones a decenas de mujeres -en especial a las trabajadoras camareras- y hombres. En las reuniones con el alcalde y el gobernador las mujeres se plantaban diciendo que:

“Si no se solucionan las demandas de los trabajadores, harán parar a los hombres, obligándoles a que se queden en casa, y las mujeres se echarán a las calles seguras de imponerse, ya que toda la razón las asiste”.

El lunes 14 de enero Barcelona amaneció con miles de mujeres en las calles recorriendo todos los centros de trabajo, tiendas y fábricas para invitar a las mujeres a abandonar el trabajo y unirse a la manifestación. Entre 3.000 y 4.000 mujeres hicieron marchas paralelas en diferentes puntos de la ciudad y más de 14.000 habían hecho huelga en las fábricas, sumándose a las manifestaciones.

Durante la tarde de aquel lunes, alrededor 5.000 mujeres entraron al edificio del Gobierno civil para hablar con el gobernador, donde se reunía la Junta de Subsistencias, saltando un gran cordón de guardias de seguridad que custodiaban la entrada. Inmediatamente el gobierno mandó a desalojar la escalera donde se concentraban miles de mujeres que fueron empujadas desde arriba mientras resistían desde abajo, lo que dio como resultado 25 manifestantes gravemente heridas cuando se desprendió la baranda de hierro de la escalera. Fuera del edificio, sin miedo y con más rabia, las esperaban miles de mujeres más que continuaron parando y vaciando carros de carbón y levándose alimentos de las carnicerías.

Y la huelga se hizo general en Barcelona

Esto no frenó a las mujeres, a pesar del fuerte dispositivo policial que custodiaba la ciudad entera y protegía muy especialmente la sede del Gobierno. Al día siguiente el paro en las fábricas fue masivo, protagonizado tanto por mujeres como por hombres. Los centros de trabajo con mayoría de mujeres trabajadoras, como guarderías o perfumerías, cerraron todos. Los periódicos anuncian que “Puede decirse que el paro fue general”.

Tuvieron que cerrar los cines, los teatros y los mercados, frente al inminente asalto de las manifestantes, que en su paso bloqueaban tranvías y sustraían productos de las tiendas de alimentos y repartían el pan que sacaban de las tiendas. Mientras en las calles las manifestaciones no cesaban, con duros enfrentamientos con la guardia civil, cargas, corridas y detenciones.

El paro y las protestas se extendieron toda la semana y el jueves 17 en un mitin, en el que no permitían la entrada a los hombres excepto periodistas acreditados, aprobaron demandas cómo: subsistencias al mismo precio que antes de la guerra, reducción del alquiler en un 20%, readmisión de 6.000 trabajadores del transporte despedidos. Las presentaron al gobierno civil, donde les prometieron que se cumplirán algunas de sus demandas.

Inconformistas y en rebelión, intensificaron la huelga y pararon alrededor de 20.000 trabajadoras. Los paros y manifestaciones continuaron con diferente intensidad hasta el jueves 24 de enero con mítines y promesas del Gobierno de soluciones que no llegaban nunca.

En el resto del Estado se fueron desarrollando procesos similares y por los mismos motivos, como en La Coruña, Alicante y Málaga. Las fábricas en huelga aumentaban parando también los hombres, ya que la falta de mujeres impedía continuar la producción.

El “estado de guerra” contra las bravas mujeres en huelga

El miércoles 23 de enero, el Gobierno central destituyó al gobernador civil de Barcelona, Sr. Auñon, designando transitoriamente como gobernador interino a Prat, presidente de la Audiencia. Al día siguiente 5.000 mujeres acudían a un mitin en la Font del Gat, que acabó disuelto por la guardia civil.

Sólo el “estado de guerra” en la provincia de Barcelona pudo acallarlas, con el ejército custodiando los mercados y comercios, las tropas en las calles y con la instalación de ametralladoras en varios puntos estratégicos de la ciudad. Así acabaron disolviendo toda la protesta y finalmente el sábado asumió el nuevo gobernador civil González Rothwos, quien anunció una serie de medidas para aumentar el abastecimiento de productos de primera necesidad, enumerando una lista de precios para esos productos e informando las sanciones frente a la no aceptación por los tenderos de los precios tasados. Patrullas del ejército supervisarían que los establecimientos vuelvan a abrirse y que el precio al que venderían los productos respete las instrucciones dadas.

Las rebeldes mujeres volvieron a las fábricas y a los centros de trabajo. Pero la revuelta acabó después de fuertes semanas de huelgas tras una revuelta intensa, paralizando la ciudad entera, ocupando la sede del Gobierno, provocando la dimisión del gobernador civil. Y sobre todo, imponiendo sus demandas para mejorar el abastecimiento y bajar precios.

Porque no empezamos de cero en la conquista por nuestros derechos, conocer las experiencias de las huelgas de mujeres y su impacto al conjunto de la clase trabajadora es imprescindible. Aprender de las batallas de género en la lucha de clases es una tarea consciente para construir un feminismo combativo, de clase y militante.

Esta gran huelga, poco estudiada y conocida, ha sido un hito importante de las batallas a retomar, que comenzó de forma espontánea y se desarrolló con las mujeres organizadas en asambleas, comisión de mujeres, mítines en los que decidían sus demandas. Sus imágenes en blanco y negro hoy se podrían visualizar a color, en un contexto en el que el movimiento de mujeres y feminista habla el lenguaje de las “huelgas de mujeres” el 8 de marzo contra la precariedad, la pobreza y la violencia machista, con el color lila. O con el color verde de Las Kellys o el de las trabajadoras de residencia de Bizkaia 3.

Notas:

1. Alvaro, Toni, La Revuelta de las Mujeres. Barcelona 1918, Barcelona, Col·lecció Històries del Raval, Barcelona, 2018.

2. Burgueño, Cynthia Luz, Mujeres laboriosas, mujeres peligrosas: las trabajadoras en la lucha de clases, Suplemento Contrapunto [http://www.izquierdadiario.es/Mujeres-laboriosas-mujeres-peligrosas-las-trabajadoras-en-la-lucha-de-clases], 19 de mayo de 2019.

3. El verd és el nou lila: testimonis de les vaguistes de les residències de Biscaia, Barcelona, Tigre de paper, 2019.







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