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Red Internacional

Importantes documentos de la primera científica en ganar el Premio Nobel y la única en ganarlo dos veces están resguardados en los sótanos de la Biblioteca Nacional de Francia. Te contamos por qué están y seguirán bajo capas de plomo por muchísimo tiempo más.

Martes 9 de noviembre | Edición del día

Son importantes. Fundamentales. Las anotaciones de Marie Curie fueron claves para la historia moderna de la ciencia. Compartió el premio Nobel de Física de 1903 con su marido Pierre Curie y el físico Henri Becquerel. Años después, ganó por su cuenta el premio Nobel de Química de 1911. Nombró el primer elemento químico que descubrió, el polonio, como su país de origen.

Es que uno de los mayores logros de esta científica fue descubrir el principio de la física atómica y de estudiar y analizar el fenómeno de la radioactividad, un término acuñado por ella, y el descubrimiento de otro elemento químico además del polonio: el radio. Durante la Primera Guerra Mundial armó los primeros centros radiológicos para uso militar con unidades móviles para rayos X.

Pero llevó su pasión demasiado lejos. A causa de haber llevado en sus bolsillos tubos de ensayo con radio durante mucho tiempo, sumado a la construcción de las máquinas para rayos, la alta exposición radioactiva la llevó a padecer una anemia aplástica con la que murió en 1934, a los 66 años, en París.

Por esta sencilla razón es que para acceder a sus documentos es preciso usar trajes especiales y hasta firmar un consentimiento que desvincule a la biblioteca francesa de toda responsabilidad. Es que claro, los papeles están llenos de radioactividad y sepultados bajo plomo. Incluso su propio cuerpo se encuentra en un sarcófago de plomo con casi una pulgada de grosor que tuvieron que construir especialmente para evitar cualquier fuga de átomos cargados de radio.

Marie y Pierre Curie en el Panteón de Paris
Marie y Pierre Curie en el Panteón de Paris

Actualmente, su último laboratorio está custodiado por el mismo motivo. Llamado "el Chernobyl del Sena", Marie Curie trabajaba con metales como el torio, uranio y polonio sin ningún tipo de protección. En su autobiografía llegó a confesar que uno de sus placeres en la noche era ver los destellos azul-verdosos que escapaban de los metales "como tenues luces de hadas".

Mientras manipulaba los metales, la científica anotaba cada cosa en sus cuadernos, que por lo tanto estaban tan expuestos como ella a los niveles de radiación. Sin embargo, no era por negligencia ni mucho menos. Simplemente se desconocían sus consecuencias. Incluso, fueron utilizados masivamente por las industrias para fabricar cremas faciales, máquinas de afeitar, tratamientos contra la calvicie y hasta lencería. Todo con su correspondiente cuota de radioactividad. Tuvieron que pasar algunos años para que se prohibiera el uso comercial de estos elementos químicos.

A tal punto nadie imaginaba los efectos químicos que el antiguo laboratorio se continuó utilizando durante mucho tiempo más. Recién en 1980, cinco décadas después de la muerte de Marie Curie, los vecinos del lugar denunciaran un aumento de casos de cáncer entre la comunidad, motivo por el cual el lugar fue totalmente vaciado. Se estima que Francia gastó más de 10 millones de dólares en la limpieza del laboratorio y se cree que la cifra pueda aumentar en los próximos años, cuando sea finalmente desmantelada.

Mientras tanto, los cuadernos radioactivos seguirán sepultados un milenio y medio más. Quizás para entonces, las manos del futuro puedan apreciar y bucear, sin mayores inconvenientes, en los recuerdos de una de las mentes más brillantes de todos los tiempos.




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