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Red Internacional

Las acompañantes escolares hacemos un enorme esfuerzo día a día para cumplir con nuestra tarea. A cambio, los gobiernos nos ultra-precarizan, nos llamaron esenciales pero las empresas de salud se la llevan en pala. ¿Qué se juega en estas elecciones y qué ideas podemos fortalecer les acompañantes?

Martes 9 de noviembre | 17:47

Quienes trabajamos en el sector de discapacidad, al igual que les laburantes de apps, no somos considerados trabajadores. Por eso, nuestro régimen laboral es el monotributista, cuando debería ser en el marco de la Ley 20.744 que se aplica a los trabajadores formales. El fraude laboral está a la orden del día. No solo precarizan nuestro trabajo, precarizan nuestra vida.

Si nos enfermamos o tenemos un accidente, corremos el riesgo de perder nuestros ingresos. No tenemos licencia por maternidad y paternidad, tampoco vacaciones, y durante el receso escolar no vemos una moneda. Mientras tanto, los empresarios aumentan sus ganancias y el Gobierno Nacional toma medidas insuficientes, como el congelamiento de precios, en manos de las empresas (las mismas responsables de los aumentos), buscando revertir la derrota electoral que sufrió en las PASO. Nosotrxs ya sufrimos dos aumentos del monotributo desde que asumieron Alberto y Cristina.

Y así estamos, somos esenciales para cientos de miles de familias, pero los gobiernos nos tratan como descartables. Kicillof y Larreta cobran dietas de ricos, mientras mantienen acuerdos con las empresas de salud (prepagas) y el Gobierno Nacional permite que los medicamentos aumentan 45% durante el año.

Tenemos Ministerio de Salud, pero funciona para sostener el negocio de los empresarios. El mismo Ministerio del cual depende nuestra actividad es una escribanía de los grandes laboratorios y empresas de salud, por eso nuestro régimen laboral es un fraude y nuestro salario de miseria. Lxs acompañantes dedicamos nuestras fuerzas a una labor que apunta al desarrollo de las personas (en muchos casos niñxs) que necesitan la atención y de la creatividad de nuestra tarea para brindar las herramientas que permitan la mejor calidad de vida. ¿Cómo realizar esta tarea a la altura de los desafíos, cuando es despreciada por los gobiernos?

La reforma laboral que exige el FMI y que el gobierno ya ve con buenos ojos junto a los dirigentes sindicales de la CGT y CTA (aunque no puedan implementarla de un saque sin enormes consecuencias), se está imponiendo en algunos lugares como Volkswagen.

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El retroceso en derechos laborales y el aumento de la flexibilización y precarización que quieren imponer a los sectores que cuentan con convenios que, a pesar de las traiciones de los sindicatos, expresan la fuerza de los trabajadores (la famosa "relación de fuerzas"), es una muestra de que quienes ya trabajamos en un régimen laboral ultra-precario, el camino que tenemos que tomar está en fortalecer la fuerza que se oponga a esos planes que con matices defienden desde el gobierno hasta los ultra-neoliberales. Ese plan se trata del aumento de la jornada laboral, que no haya indemnizaciones, salarios más bajos, mayor flexibilización en las tareas, entre otras.

Si mes a mes la plata alcanza para menos, es porque los aumentos dictados por el Ministerio de Salud y la Agencia Nacional de Discapacidad se hacen en cuotas y siempre por debajo de la inflación. Una decisión política que se toma entre cuatro paredes, que hace oídos sordo a nuestra realidad. El Gobierno Nacional es campeón en acomodarse a los intereses de los empresarios. Hay que mirar nada más a lxs laburantes de apps, que tienen el mismo régimen laboral que nosotrxs. La legislatura porteña, donde gobierna Larreta, votó en 2020 una ley para «regular» las apps, una ley escrita por Pedidos Ya y Rappi, que sostiene el fraude laboral. El PRO votó a favor, el bloque del Frente de Todos que había dicho que se iba a oponer finalmente con Leandro Santoro a la cabeza decidió abstenerse y dejar pasar la ley.

Solo Myriam Bregman y Gabriel Solano, del Frente de Izquierda-Unidad, se opusieron a la ley y acompañaron la marcha de los precarios. Esa ley podía haberse derrotado.

Hay otra salida…

¿Estamos determinados a trabajar más de 12 horas por día para llegar a cobrar $70.532 para no ser pobres (sin contar el gasto de monotributo mensual y el seguro entre otras cosas que pagamos de nuestro bolsillo para poder trabajar)?

El INDEC dice que todos los que cobran por debajo de ese monto viven en la pobreza. Un gran movimiento de lucha por abajo, coordinado, podría pelear por terminar con la precarización y la desocupación. Contra el fraude del monotributo, por el pase a planta orgánica funcional, vacaciones pagas, licencias y todos los derechos laborales. La reducción de la jornada laboral, repartiendo las horas de trabajo y establecer un régimen de seis horas, cinco días a la semana sin reducción de salario, donde cobremos igual a la canasta básica familiar, permitiría que la mitad de los desocupados actuales puedan ingresar a un trabajo formal y nosotros conquistar todos nuestro derechos laborales. Esta propuesta solo la pueden plantear quienes no tranzan con los empresarios de la salud y laboratorios como el FIT-U. Una propuesta así enfrenta las medidas de mayor ajuste a lxs laburantes del gobierno y a las ideas de la derecha (y ultraderecha) que quieren más recortes y represión.

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Para fortalecer la pelea en las calles, no da lo mismo si la damos con diputadas y diputados del FIT-U que defiendan nuestros derechos en el Congreso y que estén en las calles con nosotros, como vemos con Myriam Bregman, Nicolás del Caño y todos los referentes del Frente de Izquierda-Unidad, por que no se trata de «promesas de campaña» como hace el Frente de Todos; o las mentiras liberales de Juntos o Milei, sino que la izquierda unidad en el FIT, hace compromisos de lucha!




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