Géneros y Sexualidades

TRIBUNA ABIERTA

Por mi grandísima culpa

Además de los propios, la mujer siempre tuvo, tiene y tendrá la responsabilidad de los actos del hombre. Si la maltrata, es porque se lo buscó; si la viola es porque lo provocó; si la mata, es porque no gritó lo suficientemente fuerte. Y el hombre es una bestia que no puede controlar sus instintos, así que aquí estamos nosotras, para domesticarlos.

Viernes 24 de abril de 2015 | Edición del día

“Acá te damos unos tips para que evites ser violada”. La ¿palabra? ‘tip’ en una misma oración con la palabra ‘violada’ me rebotó en el cerebro.

‘Tip’ se utiliza, por lo general, como sinónimo de ‘consejo’ a la hora de hablar de frivolidades. A saber: maquillaje, peinados, ropa, zapatos, etcétera. Jamás se me hubiese ocurrido siquiera acercarla a un concepto tan subjetivamente nefasto como el de ‘violación’.

Un diario nacional publicó esta semana una nota que pretende ser educativa, donde detalla una serie de ‘tips’ orientados a las mujeres, para que evitemos cualquier tipo de ‘agresiones sexuales’ (vaya eufemismo) en la calle.

Los ítems me recordaron a mi época de adolescente, cuando una de las recomendaciones era “que te abran la bebida delante tuyo”, para asegurar, claro, de que lo que te sirvan sea lo que vos pediste y no venga con alguna pastillita de sorpresa.

La responsabilidad siempre corrió por cuenta nuestra, la de las mujeres. Las madres te aconsejan que no hables con extraños ni, mucho menos, te acerques a un auto; los remiseros te comentan que las pibas ahora se emborrachan y andan vestidas como locas; los padres te piden que no uses una pollera tan corta; los medios te aconsejan que estés siempre atenta a tu alrededor.

Así, las mujeres cargamos con esa mochila en la espalda, que nunca se modernizó ni adquirió rueditas y que, a cada paso, nos recuerda que todo, absolutamente todo, es por nuestra grandísima culpa. Ojo, porque los hombres no tienen un rol mucho más feliz: ellos son una especie de animales salvajes que no pueden controlar sus instintos y, si les mostramos un poco las piernas, nos violan. A esta triste conclusión se reducen, desde que el mundo es mundo, muchas de las violaciones que sufrieron (y sufren) cientos de mujeres. Sólo en la provincia de Buenos Aires, la última estadística (que data de 2014) registró que 28 mujeres son violadas por día.

Muchos medios (porque decir todos sería injusto, sobre todo con los que llevan una impecable lucha en cuestiones de género) contribuyen a esta movida machista y patriarcal, en la que la mujer debe ser educada por sus padres (bueno, por su madre, más que nada) para cuidarse, para no provocar, para ponerse fea y así repeler a los violadores. Y las madres de los violadores, tranquilas. Ellas, según este discurso, no tienen nada para hacer. No tienen que enseñarles a respetar a las mujeres (ni al otro en general), ni siquiera deben recomendarles que si ven una pollera corta no salgan corriendo tras ella para penetrar a la dueña. No. La culpa es, siempre, de las portadoras de la pollera corta y, por supuesto, de sus madres.

Los medios son acaso una ínfima parte de una sociedad que también nos pega duro. Sin ir más lejos, hace unos días escuché a una mujer (sí, una mujer) cuestionar a la chica que fue violada en un taxi, porque estaba borracha. No le pareció aún más grave que el tipo se aprovechó de que la mujer había tomado de más para violarla. No. Pensó que la culpa fue de ella, por descontrolarse con el alcohol.

Pero volviendo a los medios y, en particular, a la nota que originó esta columna, la pregunta es por qué nos siguen exigiendo que nos hagamos cargo de que nos acosen y nos violen. ¿Por qué debemos cuidarnos nosotras de los violadores? ¿No sería más justo que se les enseñe a ellos que cuando una mujer dice no es no?

Incluso (y sobre todo) cuando la mujer tomó varias copas de más, aún cuando quiso empezar un juego pero después se arrepintió, en el momento que dijo NO es NO.

Y para estar a tono con la frivolidad, el único “tip” que yo puedo darle a las mujeres es que digan NO. Y para los hombres que acosan, maltratan, violan y matan, tengo una noticia: el NO nunca es un sí, ni un más o menos, ni un quizás. El NO es NO. Y, como hace falta, hoy todas lo gritamos bien fuerte, para que llegue, también, y rompa los tímpanos de los oídos sordos de la Justicia: cuando una mujer dice NO es NO.


Natalia Arenas es licenciada en Periodismo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Actualmente, se desempeña como subeditora en el sitio web de Diario Popular y colabora con otros medios de comunicación gráficos y digitales. Escribe historias en su blog nataliamenosdelomismo.blogspot.com.ar. Es integrante del grupo “Entrepalabras”, de narración oral.







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