Por la jornada laboral de 6 horas y trabajo para todxs

Fredy Lizarrague

Ideas de Izquierda

Por la jornada laboral de 6 horas y trabajo para todxs

Fredy Lizarrague

La familia trabajadora está golpeada por cuatro realidades: trabajan horarios “normales” pero vienen perdiendo poder adquisitivo; trabajan más de 45 horas semanales porque no les alcanza; están subempleadxs porque tienen trabajo a tiempo parcial; no tienen trabajo. Varias familias tienen todas estas situaciones juntas. Todxs vienen perdiendo. Lxs jóvenes que trabajan no pueden estudiar, y muchas familias tienen que hacer esfuerzos gigantes para que sus hijxs puedan ir a la universidad o a un terciario, algo que debería ser normal.

Como explicamos antes, todos dicen que hay que perder derechos para poder crear trabajo genuino. Unos por la vía de una (contra)reforma laboral por ley (proyecto de Lousteau de eliminación de las indemnizaciones), otros cambiando los convenios de trabajo por gremio o empresa (como el de Toyota-SMATA, donde hizo un acto Alberto Fernández), que es también una (contra)reforma laboral.

¿Se puede trabajar menos y trabajar todxs?

Como explicamos en esta nota, si se aplicara una jornada laboral de 6 horas, 5 días a la semana en las grandes empresas, se podrían crear 900.000 puestos de trabajo, la mitad del total de desocupadxs. El resto se podría cubrir con muchas “PyMES” que tienen altos ingresos, así como empleo público en sectores como salud, cuidados de ancianos o enfermos, o planes de construcción de las millones de viviendas que hacen falta.

Nos dirán que no es posible, que todas las empresas se van a fundir. Ese es el mismo discurso que tenían los empresarios cuando el movimiento obrero inició su lucha histórica por la jornada laboral de 8 horas, desde fines del siglo XIX, cuando la jornada era de 10 o 12 horas.

Lo primero que hay que definir es que, mientras la jornada legal de trabajo sigue siendo la misma desde los ’30, la productividad del trabajo más que se duplicó entre 1960 y 2020 (midiendo por hora trabajada) y el salario real creció hasta un pico en 1974 y luego cayó hasta llegar hoy aproximadamente a la mitad de aquel valor (con alzas parciales que nunca llegaron a recuperar lo perdido). Como se ve, la clase trabajadora produce el doble, cobra la mitad (en términos de poder de compra del salario) y la jornada legal sigue siendo la misma. Los aumentos de productividad beneficiaron solo a los capitalistas pero estos, por los niveles de inversión y riesgo que exige la competencia despiadada (internacional) y las crisis periódicas, optan por reinvertir productivamente solo una pequeña parte de sus capitales. El resto se lo fugan o hacen inversiones financieras.

Técnicamente, con mayor inversión y utilización racional de los recursos, buscando preservar el medioambiente, se podría producir lo que necesita la humanidad para vivir en menos tiempo. El obstáculo es la organización de la producción y de los servicios en función de la ganancia capitalista y no de las necesidades sociales.

Por esto, la posibilidad o imposibilidad de imponer la jornada de 6 horas depende de la voluntad de lucha y organización de las y los explotados y oprimidos. Se podría imponer con la lucha una ley nacional, comenzar por su aplicación en las grandes empresas, con el control por parte de los trabajadores para ver la aplicación no solo en las grandes sino también en las pequeñas y medianas y en áreas del estado o en la creación de nuevas fuentes de empleo (construcción de viviendas, escuelas y hospitales). Los recursos deberían provenir de lo que han acumulado a costa del trabajo ajeno los grandes empresarios y terratenientes, como hemos ya planteado.

Táctica y estrategia

Por supuesto que esto llevará a la reacción en contra de los capitalistas. Por esto la perspectiva de la clase trabajadora no puede reducirse a defender derechos respetando la sacrosanta propiedad de los grandes capitalistas que construyeron sus fábricas, bancos, empresas, en base a la explotación de lxs asalariadxs y se apropiaron de las mejores tierras y recursos naturales masacrando a pueblos originarios y con grandes negociados con el estado. La lucha pone en cuestión la ganancia capitalista presente y pasada (acumulada como capital, ya sea dinerario o en bienes).

Entonces, ¿qué objetivos realistas podemos tener ahora? En primer lugar, nos proponemos que la demanda de la jornada de 6 horas sea parte de las demandas de sectores cada vez más amplios de la clase trabajadora. Ya sectores de la dirigencia sindical kirchnerista levantan la reducción de la jornada laboral (Yasky, Palazzo). Les exigimos que sean consecuentes, no se subordinen a la rosca parlamentaria e impulsen medidas de lucha. No ponemos como precondición asumir una estrategia revolucionaria de ruptura con el capitalismo para impulsar la lucha por las 6 horas. Pero consideramos que es necesario estar dispuestos a ir hasta el final para quebrar la resistencia de la clase dominante. Será necesario impulsar la unidad de toda la clase trabajadora (ocupada, desocupada, precarizada, permanente, etc.) y los oprimidos, con sus métodos de lucha más contundentes, como paros, movilizaciones y la huelga general. Cuando se paralizan las fábricas, el transporte, los puertos, las centrales eléctricas, las y los trabajadores no solo frenan la producción, sino también, organizando su propia autodefensa, pueden evitar que el gobierno de turno imponga una salida represiva a favor de los empresarios.

Para semejante nivel de lucha, serán necesarias nuevas formas de organización que superen los límites rutinarios de los actuales sindicatos y movimientos sociales. Los trabajadores y el pueblo en lucha han encontrado diversas formas de auto organizarse, superando las divisiones defendidas por las burocracias sindicales y sociales. Podrán tomar la forma de sindicatos clasistas, coordinadoras, asambleas populares, con representantes electos por lugares de trabajo, estudio o vivienda. El desarrollo de estos organismos y la capacidad de respuestas a los ataques del capital hará que pasen de ser una herramienta para la lucha cotidiana a ir convirtiéndose en un poder alternativo al de los capitalistas.

La clase obrera argentina tiene grandes gestas inscriptas en su historia. Con su nueva configuración (sindicatos, movimientos de desocupados y trabajadores precarios, etc.) protagonizará nuevos capítulos. Al calor de esta experiencia podremos construir un partido revolucionario como herramienta para garantizar la victoria. Esa apasionante tarea histórica queremos debatir con todos los compañeros y compañeras que sean parte de la campaña del FITU.

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Fredy Lizarrague

Dirigente del PTS e integrante de la Comisión Internacional