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Por la gobernabilidad, más PMDB, más Lula y menos Dilma

Para garantizar estabilidad en medio de la crisis política y la crisis económica, el Planalto utiliza una fórmula: para salvar a Dilma, menos Dilma. El precio de la gobernabilidad de hoy es más "fisiologismo" y la preparación de nuevas crisis en el horizonte cercano.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Viernes 2 de octubre de 2015 | Edición del día

Debe ser anunciada este viernes la reforma ministerial del gobierno Dilma. Después de muchas especulaciones, los nombres que deben ser anunciados muestran el incremento de ministros del PMDB, el debilitamiento de los ministros más cercanos a Dilma y el regreso de los indicados por Lula al alto escalafón.

La discusión sobre la reforma ministerial comenzó hace meses atrás como una propuesta demagógica del PMDB para el recorte de gastos del gobierno. Bajo pesadas críticas de sectores empresarios y de los medios por no recortar gastos con la agresividad deseada, Dilma cedió y anunció que cortaría diez ministerios del total de 39 que existen en el país. Serían fusionadas varis carteras. Con el paso de los días quedó claro que esa fusión no representaría ningún ahorro, siguiendo existiendo miles de cargos discrecionales que ganan fortuna, la reforma ministerial sería utilizada para buscar recomponer el apoyo parlamentario a cosa de cargos. Incluso con menos ministerios, el PMDB pasaría de 6 a 7 cargos.

Luego de idas y vueltas en las negociaciones con el vicepresidente Michel Temer, que acumula el cargo de presidente del PMDB y había atraído la desconfianza del petismo al decir públicamente “que alguien debería unificar al país” (y sería él y no Dilma), bajo amenazas del opositor Eduardo Cunha del mismo PMDB a presidir la Cámara de Diputados y poder determinar si será instalado o no el proceso de impeachment (destitución), Dilma y el PT cedieron varios de sus espacios en el poder para acomodar más y más intereses. Una gobernabilidad basada en cargos.

Con la crisis del gobierno lo que hay de más anticuado en el régimen político brasilero salta a la vista diaria y agudamente en esta reforma ministerial: el fisiologismo, el toma y daca.

No solo de parte de Dilma y del petismo, sino cada paso de todas las principales figuras políticas del país. Es por puro interés personal que los tucanos (partidarios del PSDB del expresidente Fernando Henrique Cardoso) no se unifican en la táctica del impeachment o en la de “sangría” de Dilma, quedando su excandidato presidencial Aécio Neves y los diputados en la primera, Serra y gobernadores en la segunda, y FHC en un “ni ni”, llamando a Dilma a reunicar o de hecho gobernar, todo esto basado en cálculos personales sobre la sucesión presidencial. Los intereses particulares de Cunha, Renan y de la nueva figura de la estabilidad, Picciani, se reubican diariamente.

Cuanto más crisis, más PMDB

Al comienzo de las discusiones de reforma ministerial fueron ventiladas hipótesis de unificación de carteras según una afinidad racional de temas, sin embargo lo que prevaleció fue el viejo “quién indica”. Eliseo Padilha, hombre de confianza de Temer, y que junto con él venía cumpliendo un papel de disciplinar al PMDB para que aprobara las pautas del ajuste fiscal, debería ser movido de su ministerio de “Aviación Civil” hacia algún otro ministerio o estatal para que su cartera se unificase con la pasta de Puertos. Helder Barbalho, hijo del poderoso Jader Barbalho del PMDB de Pará debería echar mano de su cartera de Pesca para que fuese unificada con la de Agricultura de la ruralista también pemedebista Katia Abreu. Henrique Alves, otro inminente miembro del mismo partido también debería mantener cargos. La posición histórica del PMDB en el ministerio de Minas y Energía tampoco podría tocarse. Todo debería ser tocado, pero nada podía ser tocado, ese es el dilema de Dilma, cualquiera que no fuese contemplado aumentaba el riesgo de elevar la indisciplina en las votaciones en el Congreso y arriesgar a que la crisis política siga aumentando la crisis económica de un país que ya está sufriendo la tercera peor caída en su PBI en toda la historia, con valores estimados de una retracción de cerca del 3% este año.

En la reforma no habría que contrariar intereses que ya estaban contemplados previamente y habría que acomodar a los indicados por el PMDB de la Cámara qie en la misma semana que declaró que no habría ningún cargo hizo una reunión para votar nombres y elegir cuales ministerios quería.

¿Resultado? Práticamente ninguna cartera del PMDB será unificada.

Quedarán todos donde están o si fueran movidos lo harán a lugares más influyentes. Barbalho pasará de Pesca a Puertos, y el PMDB de la Cámara que por varios meses parecía un bastión opositor bajo la tutela de Cunha, heredará además la cartera más rica, Salud, con el nombre de Marcelo Castro (de Piauí) y como “bono” se llevará Ciencia y Tecnología con Pansera de Río de Janeiro.

El articulador de la campaña de Aécio en las elecciones ahora es un puntal para la gobernabilidad

Con tantos cargos del PMDB en el gobierno, Dilma debe conseguir comprar, aunque sea momentaneamente, alguna estabilidad y gobernabilidad. Puede enfrentar dificultades para aprobar algunas medidas en el Congreso como la vuelta del impuesto sobre movimientos financieros, la CPMF, entre otras. Sin embargo, un PMDB con más cargos es un PMDB más disciplinado y este movimiento lima algunas aristas y facilita la aprobación de las pautas del ajuste que atacan derechos de los trabajadores y de la población, centralizando aquellos diputados que votaban demagógicamente algunas medidas a favor de los trabajadores con tal que perjudicasen a Dilma.

Las especulaciones sobre la ruptura del PMDB con el gobierno en su convención nacional el 15 de noviembre cobraron fuerza en los últimos días. Sin embargo, no faltan señales de que el mayor partido del país, que solo controla 1/5 de las alcaldías, va de hecho a preparar su terreno para romper con el PT en muchas alcaldías del país y prepararse para tener un candidato presidencial propio por primera vez desde 1989.

Todo este movimiento es hecho de comun acuerdo entre todas las grandes figuras del PMDB, sean los aliados de Dilma, como el gobernador Pezão de Rio de Janeiro y el alcalde Eduardo Paes, o el gobiernador opositor Hartung de Espírito Santo, o incluso Eduardo Cunha. Los caciques del PMDB pueden diverger en si apoyan o no a Dilma pero están de acuerdo en dos cosas: quieren cargos, quieren candidatura propia en 2018.

Con este cálculo, un campeón de la campaña de Aécio Neves el año pasado, Picciani, líder del PMDB en la Cámara pasó de la noche a la mañana de ser brazo derecho de Cunha a ser un articulador político para negociar una mayor presencia del PMDB en el gobierno.

El debilitamiento de Cunha está siendo festejado por el petismo. Sin embargo, están cambiando un poderoso miembro del PMDB de Rio por un aun más poderoso (su padre es presidente de la Asamblea Legislativa de Rio) y no solo muy poderoso sino que además fue el brazo derecho de Aécio en Rio.

Ahora que más cargos fueron cedidos al PMDB frente a la primera crisis, la solución contra nuevas amenazas de ruptura será más y más poder al PMDB, que exigirá más y más cargos. Dilma está vendiendo su estabilidad de mañana para calmar su debilidad hoy.

Más espacio para Lula no estancará la crisis del PT

El debilitamiento del gobierno de Dilma, el más impopular de la historia reciente del país, alcanza fuertemente también a algunos de sus brazos derechos en el PT y en los ministerios, el ministro de la Casa Civil Aloízio Mercadante y el ministro de Justicia, Cardozo, especialmente son muy cuestionados por el petismo y por los aliados del gobierno.

Para intentar agradar al petismo que está insatisfecho con que su ministro de salud haya sido dimitido en forma humillante, por teléfono, y que solamente sus carteras “progresistas” como Igualdad Racial y Derechos Humanos sufrieron fusión, Dilma también cede para dislocar a Mercadante y al mismo tiempo agrandar a Lula.

La presidenta sacará su ministro de la Casa Civil para que asuma nuevamente Educación, y en su lugar irá un nombre de confianza de Lula, el petista exgobernador de Bahia, Jacques Wagner, que saldrá de Defensa, abriendo espacio para que el expresidente de la Cámara que blindó a Lula en el esquema de corrupción conocido como Mensalão (2005) Aldo Rabelo del PCdoB asuma defensa.

Lula había perdido nombres de su confianza en el alto escalón del ministerio con el alejamiento de Gilberto Carvalho y Berzoini, ahora volverá a la cartera que controla quien accede y cuándo a la presidenta de la República, la Casa Civil.

Este movimiento para buscar contener el fuego amigo petista contiene las grandes figuras que se acomodan por cargos y sus intereses, sin embargo, entre sectores de masas sigue la ruptura y el descontento con el gobierno. Decenas de alcaldes dejan el partido, diputados, concejales e incluso un conocido activista de las redes sociales que organizaba una famosa fanpage humorística en defensa de la presidenta (’Dilma Bolada’) anunció públicamente su ruptura con Dilma.

Estas rupturas son visibles en muchos lugares de trabajo y estudio. No será un ministro del agrado de Lula en medio de semejante crisis política, económica y con gran insatisfacción con el fraude electoral que la estancará fácilmente.

Estabilidad inestable: la gobernabilidad de hoy aumenta las contradicciones de mañana

La reforma que está se está diseñando según las tantas declaraciones a la prensa podrán dar alguna estabilidad y gobernabilidad a Dilma al lograr concentrar más alas del PMDB bajo las prebendas del Estado y disminuir el fuego amigo petista contra su ministerio. Sin embargo, este fortalecimiento se hace generando mayores fuentes de inestabilidad para el futuro. Como ya se dijo antes, el PMDB chantajeará más y más. Viendo el éxito del PMDB en conseguir más cargos después de haber dado varios pasos oposicionistas, ¡por qué otros países de la base del gobierno no harán lo mismo para regatear más espacios?

Jacques Wagner es un petista con peso interno mucho mayor que Gilberto Carvalho y no puede ser “descartado” tan facilmente como lo había sido aquel otro indicado de Lula. Problemas entre Dilma y Wagner serán fuente de disputas internas con mayores implicaciones. Junto con el petismo, Dilma se debilita, va perdiendo su “perfil propio”.

En la esfera propia de la política, la reforma ministerial no es una fuente segura y duradera de estabilidad, menos aun está garantizado su éxito cuando tomamos en consideración las dificultades a enfrentar en la economía y cómo ésta se relaciona con la crisis política y del PT, cada una de ellas aumentando la otra crisis. Las nubes siguen cargadas en Brasilia: de recesión, ataques a la clase trabajadora e interminables intrigas.







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