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Red Internacional

Horror en el horror. Polonia: refugiadas ucranianas enfrentan restricciones para el aborto en casos de violación

Las mujeres en Polonia hace años que luchan contra el Gobierno conservador y antiderechos que busca no solo limitar sino prohibir el derecho al aborto en todos los casos. Hoy, esta prohibición la viven en carne propia las refugiadas ucranianas victimas de violación que llegaron a Polonia.

Miércoles 27 de abril | 10:43

Polonia es uno de los países más restrictivos en lo que respecta al derecho al aborto, y actualmente lo prohíbe en casi todas sus causales. En este país que acoge a más de la mitad de las y los refugiados de la guerra en Ucrania. Las refugiadas victimas de violación se enfrentan ahora a la reciente ley antiaborto, lo que no solo echa luz sobre la situación de los derechos reproductivos en Polonia sino también sobre los abusos de la guerra, que afectan principalmente a las mujeres.

Polonia ha venido endureciendo sus leyes sobre el aborto durante los últimos años, bajo la presión del gobierno conservador de derecha de Ley y Justicia y la coalición Derecha Unida.

En enero de 2021, la Corte Constitucional prohibió el aborto en caso de malformación congénita del feto, lo que equivalió a prohibir casi todos los abortos ya que el 98% de los abortos legales practicados en 2019 fueron producto de esa causal.

Hasta la fecha, el aborto sólo es legal en casos de violación, incesto o cuando la vida de la madre corre peligro. Esta última modalidad no evitó la muerte de Izabel, una mujer polaca con la que los médicos se negaron a intervenir, esperando a que muriera el feto por temor a un proceso penal.

Hoy, la situación de muchas refugiadas ucranianas viene a actualizar esta terrible situación, confrontada con la ley antiaborto vigente en Polonia. Las asociaciones que ayudan a las mujeres a acceder al aborto cuentan las numerosas llamadas que han recibido diariamente desde el inicio de la guerra.

La mayoría de estas mujeres que desean tener acceso al aborto han sufrido violencia sexual por parte del ejército ruso o de los hombres que las albergaban. Según la ley, el acceso al aborto en caso de violación sigue siendo legal. Sin embargo, en la práctica, es casi imposible lograrlo por estas razones, ya que primero se debe denunciar la violación a la policía, someterse a una investigación y luego poder acceder a los servicios de aborto. Por tanto, es el Estado quién decide sobre los derechos reproductivos de las mujeres que han sido víctimas de violencia.

Justyna Wydrzynska, activista de Abortion Without Borders, una coalición de varias ONG polacas e internacionales, dice: “Los voluntarios que fueron a Boutcha dicen que las mujeres que fueron violadas allí tienen miedo de venir a Polonia. Conocen nuestras leyes y las temen. Más bien, buscan sobrevivir en Ucrania, en un país aún devastado por la guerra".

Las asociaciones, en contacto con las redes de activistas, organizan la anticoncepción de emergencia para proporcionar a las mujeres la píldora del día después, especialmente cerca de la frontera con Ucrania. Pero en Polonia, esta última no se obtiene fácilmente y las personas que ayudan con los abortos pueden enfrentar hasta tres años de prisión. “Estamos tomando grandes riesgos. En Polonia, la píldora del día después solo se puede obtener con receta médica. Sin embargo, es casi imposible para las refugiadas ucranianas conseguirlas”, señala un ginecólogo que trabaja con voluntarios para distribuir las pastillas.

La violencia sexual en las guerras está lejos de ser un caso aislado o una especificidad del ejército ruso, sino que por el contrario son tácticas militares utilizadas para aterrorizar y esclavizar a una población y deben ser condenadas en los términos más enérgicos posibles.

En 2020 un movimiento histórico se alzó contra la ley que restringe el aborto en Polonia, enfrentándose a su al gobierno conservador y derechista del PiS (Partido Ley y Justicia), pero también a la Iglesia que interviene permanentemente en la vida pública y niega los derechos de las mujeres para decidir sobre su cuerpo. Es este camino, el de las movilizaciones, el que debemos seguir y extender para romper con estas políticas reaccionarias que impiden a las mujeres decidir sobre su cuerpo, al mismo tiempo que fomentan la violencia machista hasta en las peores circunstancias, como es un escenario de guerra.




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