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Red Internacional

Se trata de una aplicación a través de la cual adultos denuncian ficticiamente a sus hijes con la “policía” ante ciertas conductas. Un método de crianza basado en el terror.

Analía Vasquez Trabajadora en Niñez y Adolescencia - PBA

Julieta LalamaTrabajadora del Consejo de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes GCBA

Sábado 15 de enero | 11:20

Durante los últimos días circuló por las redes sociales, y se difundió como novedosa una aplicación disponible para su descarga en "Play Store", denominada “Policía de Niños”. La misma alienta como método de crianza y disciplina para niñxs nombradxs “traviesos”, a que adultxs realicen “denuncias ficticias” frente a situaciones de la vida cotidiana donde lxs niñxs no tengan las conductas esperadas. Los llamados involucran determinadas opciones como “comer, dormir, niño ruidoso”, entre otras. Por otro lado, la app permite una opción de “llamado a recompensar a los que se comportan bien”.

Premios y castigos

Con más de 5 millones de descargas, propone en su descripción: “Controlá el comportamiento de tus hijos usando esta aplicación. Fue desarrollada para ayudar a los padres a disciplinar a sus hijos. Cada caso representa un comportamiento incorrecto que debe abordarse y tratarse”. De acuerdo a las opciones que se seleccionan la aplicación brinda diferentes respuestas, comienzan primero con sugerencias amenazantes para que cesen o realicen una conducta, pero en derivan como último recurso llevarlxs detenidxs. Si se selecciona la opción “dormir”, por ejemplo, la app responde: “¿Quiere que lo llevemos a nuestro departamento para que duerma?”. Otra represalia es: “Va a estar sin ver a sus padres y amigos hasta que recapacite”. Además las respuestas difieren respecto de si se trata de un niño o una niña, fomentando estereotipos binarios según el género. Se busca así mediante la app adoctrinar a lxs niñxs a través del miedo y la coerción.

De esta forma, el uso de la tecnología se aprovecha para ejercer el dominio, el abuso de poder y reproducir el control social que impone el régimen de desigualdad. Tiene como objetivo impartir un método de “premios y castigos” ubicando a lxs niñxs en lugares de objeto, lo que es absolutamente violento ya que arrasa con su subjetividad, moldeando y adoctrinando su mente y cuerpo. Así, se genera un patrón de conductas esperables y cualquier niñx que se salga de ellas está por fuera de la norma, instalando que todas las personas responderemos de la misma manera y con las mismas actitudes. Se obtura entonces, cualquier tipo de acto creativo o espontáneo, algo muy característico y esperable durante la etapa vital de la infancia.
En correlación con la idea del policía que premia “buenas conductas” y castiga “malos comportamientos” se privilegia el dominio del mundo adulto, desde una figura de poder, a expensas de instalar un “deber ser”.

El fenómeno de las nuevas tecnologías y las aplicaciones que facilitan la comunicación entre las personas y el acceso a la información sin dudas atraviesa la vida social, y no puede disociarse del surgimiento y construcción de mayores dispositivos de control. Lo “singular” de esta aplicación radica en la figura del “policía” como amenaza hacia un niño o niña que ‘se porta mal”. Pero ¿qué representa la institución policial?, el aparato represivo en su conjunto es opuesto a la idea de aportar un método de cuidado que implique una mirada respetuosa y contemple las necesidades y derechos de las niñas, niños y adolescentes. Es más bien el encargado de ejecutar el adoctrinamiento, estigmatizar, perseguir, amedrentar a lxs pibxs.

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Nada lejos de la realidad: La criminalización sobre las infancias y adolescencias

La idea de una policía de niñxs no está para nada alejada de los discursos de ciertos sectores que proponen como salida bajar la edad de punibilidad, ante la crisis que atraviesa a las infancias y juventudes. Según indica el último informe del Observatorio de la Deuda Social de la UCA sobre el Impacto de la pandemia en las infancias y adolescencias, el 64,6% pasó a estar en situación de pobreza y 34,3% padece inseguridad alimentaria. En este contexto de crisis, los distintos gobiernos hacen uso de ésta u otras fuerzas para legitimar la represión y criminalización de lxs más jóvenes, especialmente en los barrios populares. Para la vida de las infancias y juventudes el aumento de la política de mano dura y endurecimiento de las penas implica un envalentonamiento de las fuerzas represivas y en consecuencia, mayores crímenes por gatillo fácil.

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En este sentido que se perpetúen ideas donde se “valore” el accionar de la policía parece tener como fin último, otorgarle legitimidad a esa fuerza e intentar naturalizar su accionar, ya sea en la vida de lxs niñxs o en la sociedad. Una sociedad profundamente desigual, respecto de sus relaciones entre clases, grupos etarios, de géneros, etc, para lo que una institución nefasta resulta necesaria como instrumento para la dominación en especial de los sectores más vulnerados.

Como trabajadoras de infancias desalentamos la utilización de métodos de crianza basados en la represión de actos, estados de ánimo y cualquier sensación que unx niñx pueda experimentar. Entendemos que lxs niñxs no “se portan bien o mal” sino que sus conductas muchas veces pueden estar expresando cierta imposibilidad para poner en palabras aquello que les sucede. Por esto, es importante generar espacios de expresión, a través del diálogo así como otras instancias de escucha y expresión creativa, acompañando respetuosamente estos procesos.




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