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Polémica por restricciones de géneros en Concurso literario del FNA

Hace una semana se anunció la apertura para inscribirse en el Concurso literario que realiza todos los años el Fondo Nacional de las Artes, con plazo del 30 de julio al 3 de septiembre. Su nueva directora de Letras, la periodista y escritora, Mariana Enríquez explicó “circunstancias extrañas y excepcionales nos decidieron a organizar un concurso que fomente un género tradicionalmente relegado, pero que sin embargo pertenece a la literatura canónica de la Argentina”

Domingo 2 de agosto | 00:00

En realidad la novedad es que se modificaron las condiciones para las y los participantes y se redujeron a solo tres subgéneros literarios como condición temática: el fantástico, el terror y la ciencia ficción. Es decir, esta vez, las categorías novela, poesía, ensayo y no ficción, que en ediciones anteriores se distinguían por separado, competirán dentro del mismo premio y todas deberán orientarse a dichos "temas" o subgéneros. Además también se amplió la participación federal habilitando el premio por "regiones" en donde habría mayor representación de las provincias.

Varios escritores publicaron en redes una nota de más de 400 firmas para exigir al FNA que se revean los requisitos para participar del certamen y polemizaron con la autora de "Los peligros de fumar en la cama", en relación a la prioridad de subgéneros que se le da a unos, dejando por fuera a un amplio espectro de autores. "Se deja de lado así una zona importantísima de la creación literaria, de gran trayectoria y extensión en el país, que cuenta con escritores y poéticas que merecen ser reconocidas”, agregaba, al tiempo que remarcaba la ausencia de poetas en el comité de selección y hablaba de “una manifiesta ignorancia respecto de la lírica”, al considerar que no existe “algo así como los subgéneros de la ciencia ficción, el fantástico o el terror en poesía”.

En este sentido la joven poeta Inés Kreplak dijo “En un contexto excepcional de pandemia”, señala Kreplak, “el Estado premia excepcionalmente zonas literarias nunca antes estimuladas específicamente. ¿La excepción hace la excepción? Me parece otro error. Por otro lado, es de un gran descuido que, tras el esfuerzo que ha hecho el Ministerio de Educación años atrás con su Biblioteca Juan Gelman, la formación de docentes en poesía, los Festivales de Poesía y la Red Federal de Poesía, entre otras acciones, no se haya incluido en Letras une jurade poeta. No solo porque es el género más federal e inclusivo de todos, sino porque hay grandes poetas que necesitan trabajar y que representan el género con gran maestría

En su cuenta de Facebook el escritor Edgardo Scott autor de Caminantes, El exceso, No basta que mires, no basta que creas y Luto, escribió "Yo leo el flyer del concurso del Fondo y lo primero que dice es: "En un contexto atravesado por la emergencia sanitaria..." y enseguida dos efectos: el establecimiento de los tres subgéneros como condición y la distinción entre un premio nacional y cinco premios regionales. Yo me pregunté y me pregunto QUÉ RELACIÓN HAY entre el inmediato reconocimiento del contexto socio-político y la introducción de estas modificaciones. ¿Por qué la emergencia sanitaria nacional en el contexto de una pandemia mundial de Covid-19 alentaría, provocaría, generaría, estas "nuevas condiciones"? ¿Por qué?".

Así mismo Beatriz Vignoli en revista Anfibia salió a respaldar la decisión de Enríquez a quién según ella no cuestionarían si no fuese mujer y a la vez marcó una especie de guerra entre géneros “la literatura de los plebeyos” de la ficción especulativa vendría a hacer justicia al ninguneo histórico y a empoderarse contra la “literatura del yo”.
Estos debates sobre los géneros, sub géneros y las fronteras que tienen entre sí, el carácter que la literatura asume en un contexto de crisis generalizada, han sucedido a lo largo de la historia y no son nuevos sus argumentos. Pero frente a este hecho en particular ¿qué estamos discutiendo realmente?

¿Qué hay detrás de esta restricción temática y la reacción que generó?

En el país vivir de la escritura y el arte en general es un privilegio. Así mismo resultan escasas las promociones que el Estado tiene para fomentar la actividad literaria de manera independiente. Las becas y los subsidios son prácticamente simbólicos y en la situación de pandemia esto se agravó aun más. Quienes dependían de actividades culturales en espacios autogestivos, sostenidos por el esfuerzo de militar una cultura independiente, se han visto afectados considerablemente en sus ingresos. La "beca Sostener" del FNA es apenas un único pago de $30.000 y entre varios de sus requisitos inhabilita a cobrarlo a quienes hayan recibido el IFE.

Es lógico, entonces, que lo que expresa la nota dirigida a Enríquez y a la dirección del FNA, sea la preocupación que tienen muchos escritores, editores, y trabajadores de la cultura de las letras sobre la posibilidad de concretar sus proyectos de trabajo a futuro. Pero lo que también deberíamos decir, es que detrás de las restricciones de entes oficiales existe una restricción muchísimo más estructural para quienes ni siquiera planifican ganar un concurso o publicar un libro. Y es de los miles de escritores, poetas y artistas en general que desarrollan su actividad artística ad honorem, invisibilizados y al margen de cualquier instancia de reconocimiento. Trabajadores del arte y la cultura, que viven muchas veces de ser docentes, talleristas, de dar clases particulares, son monotributistas y autónomos. Otros tantos, que se rebuscan la vida en trabajos que nada tienen que ver con su arte, muchas veces precarizados. Algunos de ellos llevan sus poemas a un slam de algún centro cultural, a un festival solidario con los obreros que luchan por mantener sus puestos de trabajo, o por no ser perseguidos por defenderse de la represión policial, o por la aparición de Facundo Castro.

Todos los espacios de visibilización de una cultura diversa, emergente e independiente deben ser defendidos y reivindicados. A la vez que cualquier restricción como la que ha realizado y justificado el FNA deben ser repudiadas, porque representan una profundización del criterio meritocrático y discriminatorio que ya existía. Pero lo que resulta importante pensar de fondo, a partir de estas experiencias, es si acaso los concursos de arte deberían ser más amplios, democráticos y representativos o si tendríamos que exigir que el Estado garantizara la promoción de instancias de formación artístico creativas, vocacionales, y a la vez una continuidad en planes de becas de carácter integral, para que la posibilidad de hacer y vivir del arte resulte un derecho y no un privilegio.

Para eso es esencial discutir qué tipo de Estado colocará a la cultura como uno de sus eslabones primordiales.

Desde que comenzó el año la partida presupuestaria para cultura y educación fue de 243.142,5 millones. Con el transcurso de la emergencia sanitaria se llegó a unos 315.759,8 millones. Más 450 mil que fueron destinados a becas para el arte exclusivamente.

Es cierto, como dicen, que atravesamos una de las circunstancias más apremiantes y extremas de la historia. También es real que ante una situación de crisis existen prioridades de mayor necesidad para la población como lo es comer y no morirse en los hospitales. Pero observando la tabla de presupuesto 2020, e incluyendo las ultimas ampliaciones del 30/6, si sumáramos toda la partida destinada a necesidades que tiene el país en situación de pandemia mundial Covid-19 vemos que todo ese bloque de prioridades juntas suman 687.751, monto que no alcanza al destinado en pagar deuda pública, un total de 797.557,5 millones desde que comenzó el año.

No se puede seguir naturalizando y justificando la precariedad a la que es arrastrado el colectivo de artistas, tanto antes de la pandemia con “ayudas” o financiaciones simbólicas, y ahora con la situación particular que nos toca vivir al pueblo. Es necesario que se discuta y se vote un proyecto de ley como el que presentó el Frente de Izquierda (https://www.laizquierdadiario.com/Proyecto-de-ley-del-Frente-de-Izquierda-ante-la-situacion-de-artistas-en-pandemia) para la percepción de un salario de $30.000 mensuales por seis meses. Que sea garantizado a través de un impuesto progresivo sobre las ganancias de las empresas Over The Top (OTT), comúnmente llamadas streaming (Youtube, Netflix, Spotify) cuya recaudación sea administrada por un Comité de Trabajadores de la Cultura.

Y de esta manera que el arte no sea un objetivo al que debamos llegar, sino una forma de atravesar la vida.







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