Política Estado Español

ANALISIS 20D

Podemos, Catalunya y los laberínticos pactos por arriba

El ascenso de Podemos como expresión de una crisis del bipartidismo y cuestionamiento del régimen, está convirtiendo en un laberinto de difícil salida a los pactos de gobernabilidad. La cuestión catalana atraviesa esta crisis.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Martes 22 de diciembre de 2015 | Edición del día

Foto: EFE / Luca Piergiovanni

La formación de gobierno está condicionada por tres grandes problemas del Régimen, relacionados entre sí: el ascenso de Podemos como expresión del descontento social de años de durísimos golpes; el hundimiento del "bipartidismo" fruto de la "crisis de representación” y el cuestionamiento a los partidos gobernantes, responsables de las políticas de ajuste; y una de las heridas más profundas: la cuestión nacional catalana que irrumpió desde 2012 con fuerza y que aún no se puedo cerrar.

Podemos ha sido la fuerza más votada en Cataluña y en el País Vasco y quedó en segundo lugar en la Comunidad de Madrid, la Comunidad Valenciana, Galicia, Baleares, Canarias y Navarra. Así ha logrado 69 diputados en el Congreso, quedando por encima de los socialistas en ocho comunidades.

Su acelerado giro a la moderación y su ubicación como "partido de centro" lo fue llevando a perder posiciones en su carrera electoral. En un bastión clave como Catalunya, el 27-S obtuvo bajos resultados, un 8,94% de los votos frente al 24,72% obtenido ahora.

El pinchazo de las encuestas del partido morado, que parecía emerger como la principal fuerza ganadora a comienzos de año, ha obligado a sus líderes a "izquierdizar" su discurso en esta campaña, sobre todo respecto a Catalunya, haciendo eje en la propuesta de un referéndum para ejercer el derecho a decidir, apoyado por una candidatura nueva con el rostro de la flamante alcaldesa Ada Colau.

Podemos, la cuestión catalana y el "voto dual"

Hace un año, en el artículo "Podemos, la izquierda independentista y catalana", señalaba que las encuestas marcaban que la formación morada llegaría en unas elecciones catalanas a primera fuerza en intención directa de voto (30%) entre la población no independentista o mixta. No obstante, entre los votantes con identidad catalana los porcentajes bajarían estrepitosamente al 5% en intención directa de voto. Sin embargo este dato cambiaba respecto a los posibles porcentajes en las elecciones generales en Catalunya. Podemos se situaba en las elecciones autonómicas en un 13% de intención de votos, por lo que podría situarse en tercera fuerza. Pero en las elecciones generales, con un 28%, podría ser la primera fuerza en Cataluña.

Esto mismo le ocurrió históricamente al PSC. Desde 1980, cuando ganó las elecciones autonómicas la fuerza catalanista y conservadora CiU, el PSC, mientras perdía en las catalanas, lograba ser primera fuerza en las generales. Es lo que se llama el fenómeno "voto dual" en el que se votaba a CiU para que gobernase en Cataluña pero preferían votar al PSC-PSOE para mandar diputados a Madrid. También ha existido la "abstención diferencial", generada por los votantes socialistas que participaban en las elecciones generales pero no en las autonómicas.

Pasado un año, la crisis política frente a la cuestión catalana ha seguido pesando. Por un lado con negociaciones interminables y laberínticas entre las fuerzas independentistas, por el otro tras la ofensiva españolista de todos los partidos del Régimen. Podemos iba quedando más identificado con éstos últimos, por lo que "su giro" se hizo necesario si quería volver a irrumpir en las encuestas tal como prometía hace dos años.

Toda esta combinación de elementos está llevando a que el partido morado nacido hace menos de dos años, esté planteando una reforma de la Constitución. Además de otros cambios como "blindar el reconocimiento de los derechos sociales", cambiar el sistema electoral, prohibir las puertas giratorias o introducir un mecanismo revocatorio de los mandatos del Gobierno, ha planteado, sobre todo, cumplir con su promesa tardía de hacer efectivo el derecho a decidir para las nacionalidades. Hoy presenta la demanda de un referéndum catalán como una medida "imprescindible” para lograr cualquier acuerdo con el PSOE.

El laberinto de las negociaciones y los pactos de gobernabilidad

Por tanto, si la cuestión catalana es un verdadero laberinto, las negociaciones y pactos para gobernar, cruzados por ésta, se hacen aún más laberínticas también.

Podemos, en el frente abierto de las negociaciones con el PSOE, dice condicionar cualquier acuerdo a la aceptación del derecho a decidir y el referéndum catalán.

Probablemente Pablo Iglesias se juegue a ganarle la dirección del llamado "proceso soberanista" a Artur Mas, contando con una posición de fuerzas mucho mayor que la del tan golpeado CDC que ha tenido sus peores resultados electorales de una generales de su historia. Y de esta manera, como ha repetido insistentemente desde la misma noche electoral, tratar de encabezar un bloque que recoja las demandas democráticas de las nacionalidades que refuerce sus posiciones para forzar un proceso de reforma constitucional.

El PSOE, por el momento, se ha pronunciado en contra de investir a Rajoy, a pesar de que los tertulianos defensores del Régimen y el establishment piden a gritos un pacto entre la vieja casta bipartidista. Por su parte, Felipe González, Susana Díaz, Page, presionan para que Pedro Sánchez no pacte con Podemos y lidere la oposición. El fantasma de su partido hermano en Grecia, PASOK, hundido después del pacto de gobierno con Nueva Democracia, es una perspectiva temida por los dirigentes del PSOE, que dificulta la hipótesis de una gran coalición PP-PSOE.

Pero lo realmente difícil para los socialistas, el partido garante del Régimen del 78 y padre del Estado de las Autonomías, será formar una mayoría opuesta con un complicado abanico de fuerzas desde Podemos, ERC, Bildu, PNV e Izquierda Unida. El problema mayor está con quienes defienden el derecho a decidir. Los barones socialistas ya se han pronunciado en contra y el secretario de organización, César Luena, dijo que Pedro Sánchez y su equipo tampoco lo aceptarían, “a estos compañeros les digo que todos tenemos muy claro el artículo 2 de la Constitución que defiende la unidad de España”, aseguró.

Cuatro son los escenarios de este laberinto: un gobierno de Mariano Rajoy en minoría con una abstención de Ciudadanos y el PSOE; un pacto PP-PSOE —especie de Grosse Koalition como la formada entre la CDU de Angela Merkel y el SPD en 2005—; o un gobierno pactado Podemos-PSOE y los partidos nacionalistas catalanes y vascos, como decíamos, el más difícil. Y el cuarto, y el más probable ante la muy difícil posibilidad de estas tres: nuevas elecciones anticipadas.

Podemos considera cualquiera de estos escenarios buenos para su formación y su proyecto de regeneración constitucional. En el caso de anticipadas serían un segundo round en el que aspira a mejorar su resultado. Cualquier otra salida que implique un pacto entre el bipartidismo senil -con la suma de Cs o sin ella- abriría un periodo de mayor deslegitimación del Régimen y mejoraría las perspectivas de Podemos para unas siguientes elecciones que podrían no tardar cuatro años.

Sería el mismo efecto que la casi victoria de Syriza en 2012 y el efecto que tuvo la gran coalición Nueva Democracia – Pasok tres años después.

El derecho a decidir encerrado en los marcos del Régimen españolista

Como plantea Santiago Lupe en su primer análisis pos 20-D, el ascenso de Podemos "expresa la izquierdización de amplios sectores en los últimos años, con amplias aspiraciones de cambios políticos y sociales. ¿Serán estas aspiraciones un obstáculo a los intentos de “colar” proyectos regeneracionistas cosméticos –como los que viene sosteniendo también el mismo Podemos en forma de reforma constitucional- y que pueden ponerse encima de la mesa en los siguientes meses?".

La cuestión catalana es una de las aspiraciones más desarrolladas en el último tiempo, después de que los procesos de movilizaciones del 15M se han pasivizado y la burocracia sindical haya impuesto una criminal "pax social" al conjunto de la clase trabajadora.

Si hoy Podemos se plantea impulsar un referéndum por el derecho a decidir, potencialmente se abriría una profunda crisis en el Régimen del 78. Y a la vez, una gran posibilidad al desarrollo de la movilización en las calles por una cuestión democrática fundamental.

Sin embargo no es esta la hipótesis por la que trabaja Pablo Iglesias. Si en algo coincide con la actual dirección del proceso catalán, CDC, es que sólo concibe alcanzar el derecho a decidir por medio de una negociación con al menos uno de los dos principales partidos del Régimen del 78, en este caso el PSOE. Los medios para convencerlo, en un caso y en otro, son la presión institucional.

En el caso de Mas, desde el Parlament catalán. En el caso de Iglesias, haciendo valer sus 69 diputados en las negociaciones de investidura. Podemos ha dejado claro que el medio para conseguir el referéndum es el pacto por arriba y que el fin no es otro que poner las bases para un “nuevo compromiso histórico”, una nueva Transición que restaure la legitimidad del Régimen a cambio de algunas reformas cosméticas del mismo.

Una salida progresiva a la cuestión catalana, que permita el ejercicio del derecho a decidir y abra la espita a poder discutir y cambiarlo todo tanto en Catalunya como en el resto del Estado, no podrá emanar de un pacto entre las nuevas y viejas élites. Esa vía sólo puede conducir a otro 78, a otra salida gatopardista.

Tampoco es alternativa lo planteado por aquellas fuerzas de izquierda que se plantean una "ruptura anticapitalista" para llevar adelante esta demanda como la CUP, de conseguirlo por medio de la alianza con CDC, el partido de la burguesía catalana que dirige el Govern catalán.

El camino con el cual asumir el proceso de autodeterminación de Catalunya es el de la movilización de la clase trabajadora, sectores populares y la juventud de todo el Estado, en la persectiva de una verdadera ruptura y no una "regeneración" del decadente Régimen del 78.

Por ello, ante la demanda de Podemos a un referéndum, es necesario que la izquierda anticapitalista haga una exigencia, para que éste no termine siendo un objeto de transacción en una nueva Transición, a la movilización en todo el Estado contra el bloqueo que tanto el PP, Cs, como el mismo PSOE han anunciado que impondrán a esta demanda democrática fundamental.







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