Cultura

POEMA

Plaza de Mayo, una marejada encendida

No dudes, la plaza te gritará.

Sábado 23 de septiembre de 2017 | Edición del día

Un encuentro. La plaza, vos, yo. Tantos…

Los ojos en ella. Los ojos y los cuerpos de los que hoy claman tu nombre.

La plaza, esa que enlaza gritos por la aparición de los que no están. Antes y ahora, en una misma línea donde el devenir de lo inesperado no concluye.

La plaza que supo nacer revolucionaria, crecer bombardeada, envejece enjaulada ante el sediento grito libertario.

Sus baldosas, esas geométricas aspiraciones caminadas, transpiran lechos de historia parcial.

Ellas me cobijan hoy, en la espera, en la lucha.

“Aparición con vida”, “Castigo a los culpables”, repiquetean en los albores de pieles ajadas, y frescas, y curtidas por la memoria. Embriagan de temblores los poros hasta estallarlos con tu nombre.

En un sinfín de laberintos y senderos espiralados entre farsas y obscenidades, tu vaivén no encuentra el equilibrio que necesita para impulsar la ira de lo verdadero y lo real.

La plaza te exclama, te reclama, te sostiene, te mantiene.

Como a los 30 mil, como a los pibes gatillados por la ley y la impunidad, como al viejo albañil que no calló ante su verdugo.

Sombrías temporadas de largas noches te cubrirán.

No dudes, la plaza te gritará.







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