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Red Internacional
La Izquierda Diario

Corazones, peras, tréboles y manzanas, eran la manera del Frente de Liberación Homosexual Argentino de hacer llegar sus reclamos en la década de 1970. Sujetos tildados de amenaza, que enfrentaban la constante la persecución policial y paraestatal.

Pablo Herón@PhabloHeron

Sábado 20 de marzo | 00:00

Un pedacito de cartulina rojo recortado en forma de flor tiene escrito con lapicera la frase “basta de represión y censura”. Era la forma de las y los activistas del Frente de Liberación Homosexual de Argentina (FLHA) para hacer llegar sus reclamos. El FLHA surgió en la década del 1970 y la mayoría de sus integrantes eran militantes políticos que provenían de distintas organizaciones.

Marcelo Benítez, integrante del frente, contaba que tenían un modus operandi para repartir sus materiales. La tarea era un verdadero riesgo. Se reunían en un bar, uno al que le decían “el control” se quedaba ahí, mientras los demás se iban a repartir. El rol del control era asegurarse que hasta el último compañero estaba bien luego de la actividad.

En otra anécdota, Sergio Pérez Álvarez cuenta que arrojaban volantes con forma de corazones, peras y tréboles al aire, para después correr y evitar ser detenidos por la policía. Luego, otro grupo volvía al lugar y preguntaba a la gente si sabían lo que estaba pasando para recolectar opiniones. (*)

“Si había algún ausente, enseguida llamábamos a un abogado amigo y empezaba el recorrido por las comisarías. Hubo algunos episodios violentos, a veces nos detenían. A Latrónico le hicieron una causa por repartir volantes. A mí sólo me agarraron cuando militaba en el PST”, decía Marcelo para La Izquierda Diario.

Había normas, edictos policiales, que permitían meter en la cárcel a personas LGBTI por “exhibirse en la vía pública o lugares públicos vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario” o a quienes “incitaren o se ofrecieren al acto carnal”. En cada una de sus publicaciones de la revista Somos, el FLHA denunciaba el hostigamiento recurrente.

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Con sus revistas, volanteadas, participación en movilizaciones y hasta algunas entrevistas en medios gráficos, comenzaron a plantar una idea fuerza: la liberación sexual. Idea que hoy puede escucharse en muchos lugares, pero que en ese momento era completamente radical, chocaba contra los valores alrededor de la sexualidad y las expresiones de género que las democracias capitalistas cuidaban desde sus Códigos Penales (lo que muchas lo siguen haciendo al día de hoy). En su concepción esa liberación estaba íntimamente ligada a una perspectiva de revolución social.

La emergencia del FLHA expresaba a su manera una contradicción que atravesaba a toda la sociedad: las y los de abajo ya no soportaban vivir como les tocaba, y los de arriba tampoco podían gobernar como querían. Algo de eso se vivía en mundo con el Mayo francés, la entrada en escena del movimiento de liberación de la mujeres o de las y los negros. En Argentina también, el Cordobazo había mostrado la capacidad de respuesta que tenía la clase trabajadora contra la dictadura de Onganía.

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Aún siendo un pequeño grupo se ganaron importantes enemigos. El 12 de febrero de 1975, la revista El caudillo publicaba un panfleto titulado “Acabar con los homosexuales”. Ahí la ultraderecha proponía crear brigadas callejeras para dar “caza a estos sujetos vestidos como mujeres, hablando como mujeres, pensando como mujeres. Cortarles el pelo en la calle o raparlos y dejarlos atados en los árboles con leyendas didácticas”.

Aquella proclama fascista también estaba acompañada de propaganda donde se acusaba a los marxistas de utilizar la homosexualidad como un instrumento aliado para sus objetivos. Esa supuesta ligazón entre las cuestiones de género y "los zurdos" ya tiene historia, no la inventaron los reaccionarios de hoy como Agustín Laje.

El nivel de persecución durante los años previos a la dictadura, llevó a los militantes a tener que planificar milimétricamente sus actividades y sortear múltiples obstáculos. Todo con tal de ganar un poco de espacio en el debate público. Las precauciones tenían sentido, la revista El caudillo estaba ligada a la Triple A y era financiada por el Ministerio de Bienestar Social de Isabel Perón.

La propaganda reaccionaria contra los homosexuales, en particular aquellos que se organizaban y movilizaban, apuntaba a señalarlos como sujetos peligrosos, una amenaza para el conjunto de la sociedad que había que corregir, aislar o erradicar. No vaya a ser que ese pequeño puñado de maricas y tortilleras, que repartían volantes llamativos con frases como "el sistema que te oprime y explota nos discrimina a nosotros”, fuesen a juntarse con los obreros que se movilizaban, en una alianza que lo cuestionara todo, incluido el capitalismo y los valores que reproduce.

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(*) Entre la injuria y la revolución. El Frente de Liberación Homosexual. Argentina, 1967-1976. Patricio Simonetto




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