Mundo Obrero

CRÓNICA

Peleando por Brian Cantero, contra la injusticia y el tiempo

El joven de 23 años falleció tras ser aplastado por una máquina de la papelera Sein y Cía. El joven de Berazategui fue víctima de la precarización laboral. Sigue la lucha a dos meses del asesinato.

Miércoles 26 de diciembre de 2018 | 21:55

Hay un círculo de personas, todas están unidas por una causa en común: las conecta el dolor. Se construye un pulmón de doscientas almas esperando que llegue el horario de partida, esperan que comience el recorrido. Están juntos y juntas para levantar los brazos y para hacerse escuchar.

Hay carteles, pasacalles, bombos, aerosoles y un poco de pirotecnia. Hay sufrimiento. El recorrido nace en la estación de Sourigues. Marcela Cantero reúne a todos y a todas, alza la voz y da comienzo a la caminata del dolor. Marcela es la tía y madrina de Brian Mechi Cantero. La marcha lleva el nombre de su sobrino, lleva su rostro, su juventud y su vitalidad. La marcha es por él, para pedir justicia y para que su caso no quede abandonado en el olvido.

La familia de Brian se encuentra en primera línea: su madre Elvira, y su padre Daniel, con sus hermanos Nahuel, Nicolás, Maia, Zoé y Tamara llevan el pasacalle que pide justicia por Brian. Todos juntos, con la frente en alto y con el corazón abierto. Avanzan. Caminan a través del dolor. La muchedumbre los sigue y se canta por Brian. Cada paso se siente lúgubremente.

La caminata duele y les pesa a todos los familiares, amigos y vecinos de Brian, que se acercan lentamente a la fábrica Sein y Cía, ubicada en Florencio Varela. Camino General Belgrano los conduce directamente al sufrimiento. Es un momento indecible y el lenguaje se desvanece entre la angustia.

Marcela asume el protagonismo en la recorrida a puro grito. Ella lidera la marcha, alzando la voz y liberando su enojo contra las sólidas rejas que separan la papelera de la calle pública. Sus lentes no dejan que se vean nítidamente sus ojos cristalinos.

Marcela respira, toma un sorbo de agua y sigue gritando. “No hay que olvidarse de Brian, él está en nuestro corazones. No lo vamos a olvidar”, afirma. Su voz atravesó un desierto, se introdujo en el viento y rodeó a todas las personas presentes en aquel vacío.

“Él solo quería salir adelante, con lo que cuesta hoy conseguir un trabajo. Siempre fue trabajador y no tenía una cuota de maldad. Esto nos destrozó a todos. Fue injusto para él y para todos los que lo amamos”, dice Elvira.

“Recibimos mensajes. Cuando los compañeros de trabajo se contactan conmigo, rápidamente se tiran para atrás. Lo entiendo porque ellos tienen miedo de perder su trabajo, pero tienen que entender que no sirve su silencio. No cooperando están ayudando a los dueños de las fábricas y no a los obreros”, explica Florencia, la novia de Brian.

Florencia habla con Carla Lacorte, dirigente del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y referente contra el gatillo fácil; exhala un gran suspiro y le comenta que nadie la atiende desde la recepción de Sein. Florencia no baja los brazos. Se levantan las voces mientras ocho policías se paran en el portón de la fábrica y tres patrulleros bloquean la esquina para cortar el tráfico en Camino General Belgrano (la calle que divide a Berazategui de Florencio Varela).

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Brian tenía razones para sentirse feliz: sus fiestas tenían lugar en el fondo de su casa con sus amigos del barrio y encontraba unión en sus tardes materas junto a su novia que se estiraban hasta horas inciertas de la madrugada.

“Estaba aprendiendo a tocar la guitarra y le sobraba paciencia para agarrarle la mano”, dice su madre Elvira. “Siempre lo ibas a ver con una sonrisa, bailando y contagiando al otro para que se anime a seguirlo. Escuchaba todo tipo de música pero lo enloquecía Green Valley, definitivamente era su banda”.

¿Qué era el trabajo para él?

  •  Todo. A los 13 empezó a laburar.

    ¿Estaba contento cuando entró a Sein?

  •  Brian estaba contento por su trabajo: no porque disfrutara específicamente de lo que hacía ahí sino porque no estaba desempleado. Eso era lo único que le importaba. Ningún trabajo sentía que lo alineara, la verdad que no sé cómo hacía. Él esperaba que llegara el fin de semana para pasar tiempo con sus amigos y tiempo con su familia. No se quejaba de su trabajo, no lo hizo con ninguno.

    Vencer al tiempo es un trabajo arduo que se construye día a día. Familiares y amigos asumen el protagonismo que se necesita para visibilizar la lucha. A dos meses de la muerte de Mechi, su familia y sus amigos no bajan los brazos y caminan a través del dolor.

    Mechi trabajó en Capital Federal y también en Berazategui. Fue remisero y pintor. Y algo más. Lo operaron de meniscos después de haberse caído de un techo en un accidente laboral. Tuvo que hacer reposo, lógicamente. Por ese motivo lo echaron.

    Años después, trabajó con su tío en una pizzería (hacía unas pizzas deliciosas). Luego inventó el Varón de la Cerveza y vendía alcohol a domicilio los fines de semana cuando estuvo desocupado. Y algo más. Siempre buscó la manera para ganarse un peso: con mucho optimismo, Mechi quería convertir todo en un emprendimiento que le asegurara una pequeña ganancia. Para él nada era imposible.

    Brian era vida en estado puro: alimentaba su amor con sonrisas y alegría repartidas a su familia, a su novia y a sus amigos del barrio 12 de Octubre, lugar donde se crió y donde creció.

    Mechi era hincha de Boca, no se perdía los partidos de su club e intentaba convencer a Florencia de llevarla alguna vez a la Bombonera, al templo del Xeneize. No iba a tener suerte. Flor siempre se negó porque su corazón late por el Millonario. Su pasión por la pelota siempre formó parte de su vitalidad: no se perdía un partido, se jugara a la mañana o a la medianoche, él daba el presente.

    Elvira siempre le decía que se cuidara pero Mechi no iba a perderse un partido del deporte más dinámico ni aunque estuviese rengueando. Si tenía la oportunidad jugaba más de un partido si faltaba un jugador.

    En casa, Mechi encontraba refugio en su patio, con su familia y seres queridos. Ese lugar de su casa era una extensión de él. Ahí tomaba mates, tocaba la guitarra, ahí charlaba con Tamara; ese lugar era el centro de las juntadas con sus amigos, ahí practicaba boxeo. Su vida giraba ahí.

    Amar al otro implica aceptar y querer la diferencia. Brian amaba a su novia y respetaba sus diferencias. Eran distintos pero sabían convivir con sus discrepancias. Brian le pedía calma a Florencia y lo sostenía todas las veces que fueran necesarias hasta que ella encontrara sosiego.

    Él era una persona tranquila que procuraba disfrutar de los pequeños detalles que hacen a la vida. La paciencia era parte de su idiosincrasia y eso le despertaba admiración a Florencia.

    Brian aseguraba que iba a terminar el secundario, lo pospuso porque estaba agotado por las jornadas laborales en la papelera, pero le había prometido a su novia que en diciembre finalizaría sus estudios. Ambos sabían que eso iba a suceder porque Brian tenía la confianza y el entusiasmo necesario para hacerlo real. Le quedaban cinco materias para recibirse.

    En la mañana del 24 de octubre de 2018, Brian fue atrapado por los rodillos de una máquina de engrase y perdió la vida en el acto. Nadie estuvo ahí para poder rescatarlo. Murió a las 11; tenía 23 años. El joven estaba realizando solo la tarea sin ninguna supervisión y no estaba calificado para hacerla.

    Mechi tomó contacto con la engrasadora solo dos veces. Se decía en la fábrica que era una máquina peligrosa. La muerte lo alcanzó cuando la engrasadora lo atrapó y murió al instante. Pidió ayuda pero nadie se encontraba para auxiliarlo, para salvarlo. La causa está caratulada como “Averiguación de causales de Muerte” y está a cargo de la UFI Nº4 de Florencio Varela.

    Su hermano, Nahuel, estaba en el sector de limpieza de la fábrica en ese momento; se enteró de lo sucedido y se comunicó con su familia para explicar lo inexplicable. Su hermana y su madre llegaron a la papelera pero no le permitieron ingresar. Momentos después solo Elvira reconoció el cuerpo de su hijo. Tuvo menos de un minuto para identificarlo.

    Mechi trabajó solo cuatro meses en Sein. Consiguió ese puesto como tercerizado por la consultora Archy Instalaciones. Mechi tenía un objetivo: quería quedar efectivo en la planta. Antes estuvo ganándose el pan en Rigolleau -ubicada en Berazategui- pero su familia le insistió una y cien veces para que dejara ese trabajo por su seguridad. Brian trabajaba en las alturas y él nunca creyó que ese empleo podía ser riesgoso.

    “Brian desde hacía seis meses trabajaba para esta contratista. Los primeros dos meses estuvo en Rigolleau: estaba en los techos colocando las chapas que se salían, era muy riesgoso y con la familia estábamos muy preocupados por eso y no queríamos que estuviera más ahí arriba. Ahí surgió la posibilidad de ir a la papelera Sein con la misma contratista. La verdad que nunca nos imaginamos que ahí también sería peligroso”, explica Florencia.

    Brian fallece como engrasador cuando no había entrado a la fábrica para cumplir esa función, sino que estaba como ayudante de encargado. La incógnita que subyace es quién le dijo que tenía que hacer ese trabajo. Mechi lo hizo sin estar instruido. Entre la completa desidia y la negligencia, un joven obrero perdió la vida en su trabajo.

    Tareas inextricables que evidencian la desorganización de una fábrica que piensa más en acrecentar sus ganancias que en cuidar la seguridad de sus empleados. Precarización laboral que desemboca en una trágica muerte. Una muerte que podría haberse evitado si la empresa funcionara correctamente. No había inspecciones, ni relevamientos de riesgo por parte del Ministerio de Trabajo.

    El problema constata tres fuentes de conflictos: Brian no estaba capacitado para hacer esa tarea, Brian no tenía a nadie que lo asesorara y nunca tendría que haberlo hecho solo. Él mismo tuvo que conseguirse el overol que utilizaba en la papelera, es que le sobraba voluntad: Brian solo quería demostrar que estaba para ayudar y anhelaba dejar atrás los trabajos temporales.

    En su horizonte mental, Sein parecía un lugar prometedor donde creía que podía conseguir un aceptable puesto, seguido por una mejor remuneración económica. Brian estaba ilusionado con conseguir el puesto de engrasador porque estaba vacante -habían echado a un empleado experimentado- y él iba a hacer todo lo posible por quedar fijo en la papelera.

    “Brian derramaba amor por todos lados, siempre pensaba en el otro. Un día le regaló cien pesos a una chica trans del barrio que estaba pidiendo dinero, a él solo le quedaban cincuenta mangos. Eso no le importó, la plata nunca fue un problema en su vida. Así era él y eso fue lo que me enamoró”. No hay apoyo que cure su dolor.

    Florencia fue un poco más allá: “Tenía una vida con él: éramos una pareja hermosa, teníamos planes. Queríamos formar una familia y no pudimos. Me lo arrebataron, nos cancelaron todos los sueños que teníamos juntos. Él soñaba con tener cuatro monitos conmigo. Así lo decía”.

    Y lo que pasa es tan adverso como injusto. Florencia golpea la puerta de la papelera, esperando por una respuesta que no llega. El silencio atenta contra las desesperadas gargantas que ruegan respuesta de los empleados de la fábrica, de alguien del otro lado. Las rejas de Sein crecen a medida que el sol va perdiendo fuerza en la tarde primaveral.

    Florencia saca de su mochila un aerosol rojo y cruza la calle contra el depósito que pertenece a Sein. Se arremanga y se toma dos segundos para comenzar por la primera letra. Empieza a imprimir la pared mientras cuatro policías compiten entre ellos por quedarse más quieto. “Archy y Sein asesinos”.

    Florencia gira y da vueltas sin dirección. Llega a la esquina y regresa con el puño cerrado. Vuelve hacia la puerta de ingreso de la fábrica y continúa golpeando. Silencio brutal. Ella busca complicidad en el rostro de Tamara Cantero que le responde con un parpadeo desganado. Florencia siente deseos de llorar pero nada ocurre en sus ojos o en su boca.

    Ella vuelve a intentarlo y logra ingresar a la fábrica con Daniel Cantero. Las personas esperan de pie frente a las rejas pesadas. Después de diez minutos Florencia volvió al centro del círculo de personas que estaba formado en la puerta de la papelera, le pasaron un micrófono los muchachos del PTS y alzó la voz. “Hablamos con el jefe de planta, Antonio López, que se lavó las manos. Nos dijo que Brian estaba trabajando en un lugar donde no debía estar. Supuestamente nadie le había dicho que fuera ahí. Está claro que no hay ningún tipo de control en la fábrica. Esto no fue un accidente, esto fue un crimen social ¿Quién va a creer que Brian iba a querer quedar atrapado en esa máquina? Es una idiotez”. Florencia finalmente cae en su llanto.

    El recorrido de vuelta es la contracara de la ida porque prevalece el dolor interno de cada persona. La caminata tiene olas de silencio acompañados con rostros largos que reflejan el dolor de haber perdido a un amigo, a un hermano, a un hijo.

    Estos casos no deben verse como hechos aislados, lejos de eso. Por eso la lucha seguirá viva porque los corazones que laten por Mechi no quieren quedar abandonados en el olvido.

    El dolor es compartido en el regreso cuando los bombos y las canciones se apagan. Y se camina por Mechi, se seguirá caminando y marchando para no olvidarlo. Una muerte laboral que no fue ocasional y estuvo lejos de ser un accidente laboral. La huella sigue intacta y la papelera no debería quedar indemne. Sein, Archy Instalaciones y el Estado tendrán que hacerse cargo mientras se pide por un juicio y por un castigo. Brian, Mechi, lo merece.







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