Sociedad

OPINIÓN

Pehuajó: cómo enfrentan la pandemia las ciudades del interior bonaerense

Se repiten las imágenes: precarización laboral, persecución policial, trabajadores de salud sin los elementos necesarios de bioseguridad y mal pagos, abuelos expuestos por cobrar la jubilación de miseria.

Gonzalo Grenno

Estudiante de profesorado en Historia/ ISFDyT 148 (Pehuajó)

Viernes 10 de abril | 13:59

La crisis económica y social que estalló a raíz de la pandemia de COVID-19, y que profundiza la inestabilidad, que ya existía a nivel mundial, afecta a la clase trabajadora en su totalidad. Más no así, a los bancos y a los empresarios que no sólo son los principales responsables de esta situación, sino también son los que salen airosos de las crisis, aunque esto implique dejar a millones de personas en la pobreza. ¿Cómo se vive esto en Pehuajó?

Esta situación viene a poner sobre la mesa las crisis estructurales de los distintos países, Argentina no es la excepción. En Pehuajó, la mayoría de las y los jóvenes tienen trabajos precarios, sin contrato alguno, o son cuentapropistas, se las arreglan como pueden para llegar a fin de mes.

Las y los que no están trabajando en estos momentos viven en la incertidumbre, se preguntan cómo pagarán los servicios de este mes, si el propietario de la vivienda que alquilan les cobrará o no el alquiler, si podrán retomar sus actividades con normalidad cuando finalice el aislamiento obligatorio.

En los primeros días de este mes muchas y muchos trabajadores se resguardaron, tal vez por el pánico generado por los medios masivos de comunicación y por el mismo Gobierno. Pero ya, en estos momentos se ve una gran cantidad de albañiles, pintores, jardineros y demás trabajando, porque los y las trabajadoras tienen hambre, quieren comer, quieren darle de comer a su familia, y el bono de 10 mil pesos impulsado por el Gobierno Nacional no sirve para nada, no alcanza para vivir ni diez días. Por esa razón desde la Izquierda se insiste con el pago de sueldos de cuarentena equivalente a una canasta básica.

A ésta situación de vulnerabilidad económica se le suma otra: la vulnerabilidad frente a la Policía, de la que no pueden escapar. “La policía que nos cuida” escuchamos una y otra vez en los medios masivos de comunicación y en las redes sociales. “La policía que nos cuida”, sí, la misma que obliga a hacer el “salto de rana”, lagartijas, a cantar el Himno Nacional, que golpea, que humilla, porque no estás en tu casa.

No importa si salís a hacer compras, si justo te cruzaste con un vecino y le preguntaste cómo la está pasando, si saliste a laburar porque no tenés qué comer ni cómo pagar los servicios y el alquiler. A esto tampoco escapa Pehuajó. Varios jóvenes han dado testimonio de que la policía les detiene arbitrariamente en la calle, no sólo durante los días que llevamos de aislamiento, sino hace años. El de visera, el que anda en moto, el que anda con mochila, el que está reunido con sus amigos y amigas en el parque o en la plaza, esos son la carne más buscada por la policía prepotente.

Mientras tanto, miles hemos oído sobre los grandes teje manejes de esta Ciudad, esos que quedan en la sombra: los que con la Obra Pública ensanchan sus arcas, los que especulan y guardan granos, jugando con la miseria de los que menos tienen, a esos y muchos más son los que cuida la justicia y la Policía.

Mientras el Coronavirus avanza ante las medidas tomadas, y la crisis se agiganta cada vez más, las trabajadoras y trabajadores son expuestos a condiciones de trabajo insalubres, y no sólo con respecto al Coronavirus, sino también al dengue.

Últimamente hubo en Pehuajó, una gran invasión de mosquitos, causada por la falta de fumigación, desmalezamiento y agua que se estanca en las esquinas debido a las magras obras hídricas de la Ciudad. La semana pasada se registró un caso sospechoso, que está en estudio, pero lo relevante de esto es qué el que ha sido expuesto a tal contagio es un trabajador municipal de recolección de residuos.

Cualquiera que hable con un trabajador o una trabajadora municipal sabe los riesgos a los que son expuestos. Vemos, que meten a obreros adentro de cloacas sin protección alguna, les dan borceguíes y listo, la ropa que falta la llevan desde su casa. Ni hablemos de la miseria que cobran, que no llega a cubrir ni un cuarto de la canasta básica familiar, y si a eso le tenemos que sumar servicios y alquiler como mucho vivirán 15 días con sus salarios, además, muchos y muchas ni siquiera están en planta permanente.

Otro caso de exposición es el que sufren las y los enfermeros. Son la primera línea sanitaria en la contención de las y los infectados. Una problemática que viene arrastrándose hace años en éste ámbito es la miseria que ganan estos trabajadores y trabajadoras de la salud. Un salario que no cubre ni el 25% de la canasta básica, razón por la cual la semana pasada en el Hospital Aramburu de esta ciudad las y los trabajadores realizaron un reclamo, a lo que se les respondió que esto no se va a solucionar hasta que se supere esta situación.

Claramente no hay predisposición del Ejecutivo Nacional por tratar esta urgencia, ni por reunirse con este sector. Cómo decía hace días una enfermera del Hospital Pirovano, los aplausos se agradecen, dan fuerzas, pero la realidad es que el sector está sumamente precarizado y la prioridad sigue siendo pagar una deuda fraudulenta e ilegítima.

Sin dudas, nuestros abuelos y abuelas han sufrido una barbarie en los últimos días. Han tenido que agolparse en las puertas de los bancos para cobrar una jubilación que no está a la altura de la canasta básica de este sector. Este sector viene padeciendo continuas calamidades por parte de los distintos gobiernos: sufrieron y sufren la Ley Provisional impulsada por el macrismo, con el aval del peronismo y gran parte de los que hoy conforman el Frente de Todos.

Hoy sufren a un Gobierno que ve como privilegiado a aquel que cobra 20 mil pesos de jubilación, y encima no organiza a los bancos para que nuestros abuelos y abuelas no tengan que amontonarse fuera de éstos, lo que va a tener consecuencias obvias. En Pehuajó el primer día de cobro fue un caos. Colas de hasta 200 metros, enfermeras y enfermeros con alcohol en gel arriesgándose al contagio por un salario de miseria, la policía “cuidando”, y todo esto, a 14 días de comenzado el aislamiento obligatorio, que se podría convertir en un desastre si el Gobierno sigue sin tomar las medidas pertinentes.

Nuestros jubilados y jubiladas, y los y las beneficiarias de planes sociales, tienen hambre, por eso se agolparon en los bancos para cobrar, porque tienen hambre, y el gobierno intenta ocultarlo atrás de 10 mil pesos, barbarie.

La crisis estructural, tanto en el país como en el resto del mundo, salta a la vista con la avanzada de este nuevo virus, pero eso no quiere decir que se hayan provocado en este último tiempo, son años de continuo desfinanciamiento de los sistemas públicos por parte de gobiernos a los que les interesa más quedar bien con los fondos internacionales y seguir financiando el sistema privado.

El gobierno del Frente de Todos, la semana pasada, pagó 250 millones de dólares de una deuda que es ilegítima y fraudulenta. A la que todavía, no han investigado y que sus responsables siguen acaparando capital en deterioro de la clase trabajadora que es la que al fin de cuentas paga los platos rotos.

Desde distintos sectores de la izquierda, y desde hace décadas, se han criticado y puesto en discusión estas medidas de avasallamiento al pueblo trabajador, por esto el Frente de Izquierda propone que el sistema de salud sea centralizado, declarando de utilidad pública al sector privado y la centralización de laboratorios junto con la farmacéutica, que las industrias se pongan al servicio de producir unidades intensivas de tratamiento, camas, respiradores, ropa de trabajo para el personal de salud, barbijos, etcétera.

Que la prohibición de despidos se comience a cumplir y sea retroactiva, que se mantenga el salario de todas y todos los trabajadores y que se garantice un sueldo de cuarentena de 30 mil pesos para aquellos y aquellas que sean desocupados o desocupadas, no registrados y cuentapropistas.

Que se declare a los hoteles como bienes de utilidad pública para funcionar como albergues para todas y todos los que viven en situaciones de riesgo, que se organicen comisiones de trabajadores y trabajadoras por lugar de trabajo para controlar con seguridad la producción y los servicios esenciales, que se contrate a las y los médicos y enfermeros en un sistema de salud único, que se realicen testeos masivos para que la cuarentena sea efectiva, que se refinancien los sistemas públicos con impuestos a las grandes fortunas, el no pago de la deuda al FMI, que la clase trabajadora no tenga que pagar una deuda que no generó y de la que no ha visto un centavo.







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