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NEGOCIACIONES GOBIERNO

Pedro Sánchez quiere sumar a Tsipras al #PressingPodemos

Busca en Syriza un aliado para que Podemos acepte la “restauración conservadora” como punto de partida del “cambio”. No yerra, Tsipras puede dar lecciones de aceptación del “no hay alternativa”.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 17 de marzo de 2016 | Edición del día

Foto: EFE

Hace sólo dos días, horas antes del golpe de mano contra el “errejonista” Sergio Pascual, Pablo Iglesias mandaba una carta a todos los inscritos en Podemos en la que denunciaba como sus adversarios “intentan instalar un nuevo relato para debilitarnos, según el cual existiría un Podemos “dócil” dispuesto a rendirse y a facilitar la investidura de un Gobierno PSOE-C’s frente un Podemos “radical””.

Lo cierto es que tenía razón. No existe ningún Podemos “radical”, si lo entendemos como la negativa a algo tan básico como aspirar a algo más que un gobierno de coalición con el PSOE, el partido de la “cal viva”, las puertas giratorias y los primeros planes de ajuste de esta crisis.

Para que esto quedase claro, el mismo día en que la noticia de la jornada fue la “caída” del secretario de organización, se anunciaba que Iglesias se reuniría con Pedro Sánchez para retomar el diálogo entre ambas formaciones antes de Semana Santa. El golpe del “pablismo” sobre el “errejonismo” no significaba ningún cambio sustantivo en la hoja de ruta que ambos dirigentes vienen defendiendo desde el 20D.

Estas negociaciones tendrán lugar sin que el PSOE renuncie ni a un sólo punto de su acuerdo con Cs. Es decir, las posiciones de salida de la mesa por parte del ala izquierda de la “casta” será nada menos que el programa de la “restauración conservadora”: cambiar casi nada, para que todo siga igual. Esto no ha sido problema para Iglesias. Al fin y al cabo la máxima de la “regeneración del cambio” coincide con la mitad de la fórmula: cambiar algo, para que todo siga igual.

Un nuevo “donde dije digo, digo Diego” de Iglesias a los que nos ya tiene acostumbrados. Primero nos dijo que no se sentaría a hablar con el PSOE si éste lo hacía a la vez con Rivera. Le faltó tiempo para aceptar la mesa a cuatro que propuso Garzón, a pesar de que Sánchez y Rivera estaban ya cocinando su acuerdo. Después volvió a “plantarse” y a decir que no había nada que hablar si ese pacto no se rompía. Unas palabras que se las vuelve a llevar el viento.

Por su parte Sánchez no pierde el tiempo. Hace una semana me preguntaba si comenzaba el #PressingPodemos, hoy ya nadie duda que está en marcha y que la “resistencia” que están dispuestos a plantar “pablistas” y “errejonistas” (si es que esta división es válida en términos de diferencias políticas, algo que está por verse) de momento no va a ser numantina que digamos.

A los elementos que señalaba hace siete días (chantaje socialista sobre los ayuntamientos del “cambio”, guerra demoscópica y crisis interna) ahora el PSOE quiere sumar aliados internacionales. Y lo hace nada menos que en las filas de Syriza, la formación de la izquierda reformista griega que ha sido el principal referente para Podemos.

En la reunión de líderes socialistas previa a la cumbre de la UE reunida ayer para tratar el acuerdo de la vergüenza con Turquía, Sánchez manifestó que le iba a pedir al primer ministro griego, Alexis Tsipras, “que le diga al señor Iglesias que se ponga del lado de aquellos españoles que están sufriendo la crisis, la desigualdad y las políticas de austeridad que está practicando el Partido Popular y, en consecuencia, desbloquee la situación y permita que tengamos un Gobierno de cambio en España, progresista y reformista”. Más tarde confirmó en twitter que le había transmitido este mismo mensaje.

No transcendió cual fue la respuesta de Tsipras y es muy probable que ésta no se haga pública por aquello de no intervenir en asuntos ajenos. Pero lo cierto es que sería raro que precisamente el dirigente de Syriza tuviera una posición “radical”, ni siquiera muy “exigente” sobre el precio a pagar para un acuerdo. Lo sería si se atiene a su corto pero terrible historial de poco más de un año en el gobierno.

Su llegada al poder se realizó de la mano de un partido de derecha nacionalista como ANEL, con un componente xenófobo importante que es aún más grave en el caso del país que venía y viene jugando el rol de gendarme de la frontera este de la UE. De hecho la política migratoria griega no ha variado ni un ápice, o más bien sí, pero para endurecerse ante la crisis de los refugiados.

En lo que respecta a la principal demanda con la que ganaron las elecciones en enero de 2015, acabar con los memorándum, solo necesito siete meses para hacer exactamente lo contrario a lo prometido. Del plan de choque contra la crisis no quedó nada y a partir de julio, tras ser rechazado en un masivo referéndum, se dio el visto bueno a un memorándum tan duro o más que los de los anteriores gobiernos. Hoy Tsipras es el encargado de aplicar medidas tan draconianas como la rebaja de un 30% de las pensiones, el despido de trabajadores públicos o nuevas privatizaciones.

Así pues Sánchez no se equivoca al mirar hacia Grecia en búsqueda de un aliado que le ayude a convencer a Podemos de la necesidad de dar una vuelta de tuerca más a su pragmatismo. Si alguien puede explicarle a Iglesias los “costos” de aspirar a gobernar para gestionar lo existente desde el respeto a los márgenes del capitalismo, sin la más mínima ruptura con el régimen político y conteniendo la movilización social, ese es Tsipras. Si Iglesias y Errejón están dispuestos a dar un giro como el de Tsipras ahora o más adelante, con una mejor posición negociadora, será la clave que determine si el #PressingPodemos logra sus objetivos dentro de la cuenta atrás iniciada con la investidura fallida de Sánchez o tiene que esperar.







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