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Entrevista.Paula Prengler: “Quise escribir una adolescente que no pude ser, respondedora, insolente”

Dialogamos con la autora de la novela Romeo, Julieta y yo (Cumulus Nimbus, 2021) sobre la adolescencia y el amor, desde los tiempos de Shakespeare a la pandemia. Cruces entre literatura, psicoanálisis y política y algunas opiniones sobre la coyuntura electoral y Myriam Bregman.

Cecilia Rodríguez@cecilia.laura.r

Martes 17 de agosto | 20:23

Hay algo de la ficción que tiene un efecto de verdad, toca la fibra humana y no tiene fronteras

Paula Prengler nació en Buenos Aires en 1965. Estudió cine y se recibió de Licenciada en Psicología, profesión que ejerce actualmente. Formada en literatura en el taller de Liliana Heker, en 2009 publicó su primera novela, El Pez Globo (2009, Del Dragón), seguida de El tiempo ilusionado (2018, Modesto Rimba). Dialogamos con ella sobre su tercera novela, Romeo, Julieta y yo, recién salida del horno en editorial Cumulus Nimbus, como parte de la Colección Lluvia destinada a jóvenes y adolescentes, aunque apta (y recomendada) también para adultos.

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La novela sigue a una chica de 14 años, Natalia Tecci, que tiene que leer y reseñar para la clase de literatura la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta. Así entramos al mundo de Natalia, que intenta enamorarse a la vez que lidia con una profesora que la tomó de punto y se enfrenta a una tragedia familiar, con su madre enferma de cáncer. El amor como eso que nos permite robar momentos al infierno de la vida.

LID: ¿Por qué te parece que seguimos hablando de Romeo y Julieta en el siglo XXI?

PP: Son ficciones que trascienden la literatura y quedan grabadas en el acervo cultural, en el discurso de la humanidad. No sé si el texto en si es vigente, esta duda aparece en el libro. Pero hay algo de la ficción que tiene un efecto de verdad, toca la fibra humana y no tiene fronteras. Después de escribir el libro, una amiga me acercó la obra de Harold Bloom, que es un crítico neoyorquino que ha trabajado mucho con la obra de Shakespeare y él indica algo de esto: que son cuestiones que quedan inscriptas en otro lado y trascienden la literatura, el teatro, todo.

El amor es un rescate de esas tragedias personales, y también de las históricas y sociales.

LID: En el libro se cruzan diferentes historias de amor. Por un lado la de Romeo y Julieta, que Natalia tiene que leer y para la escuela. Ella misma está buscando enamorarse de alguien, y tiene una amiga que está re pegote con el novio. Está también el amor entre los padres, muy tensionado por la enfermedad de la madre. Y aparece también una vieja relación no correspondida entre la maestra de literatura y el padre de la protagonista. ¿Te basaste en tu propia experiencia amorosa, pero también como psicóloga, para imaginar estas relaciones?

PP: Bueno, cuando una escribe se arma un merengue con todo, con lo que una lee, con lo que vive, con el psicoanálisis. Trabajo con adolescentes entonces hay cuestiones que manejo, pero siempre me sorprenden y siempre se actualizan. Natalia, que es la protagonista, es alguien que yo no pude ser. A la edad de Natalia era muy tímida, muy inhibida, y ella es respondedora, insolente. La idea inicial fue tomar esto de los 14 años que es un poco una tierra de nadie: sos medio niño, medio adolescente, te crees re adulto, un poco era eso. Y la cuestión amorosa es lo que une los distintos personajes de la novela. Ella tiene su historia de amor pero con las cuestiones que hacen a la adolescencia actual, esto de no poder decir palabra, de la torpeza. Después está la historia de amor de la amiga que es mucho más canchera que ella. Y la historia de Romeo y Julieta, que empieza cuando Julieta está por cumplir 14 y los padres la quieren casar. También está la historia que cuenta el abuelo.

LID: Es una historia de amor en el contexto de la Alemania nazi. ¿Está basada en hechos reales?

PP: Es una historia que la ubiqué en relación con esto de los 14 años. Nació del hecho creativo. Estaba escribiendo y apareció. Es ficción. No lo saqué de ninguna anécdota. Este libro, salvo alguna partecita, lo escribí de forma lineal, me fue llevando, y el concepto este de los 14 años también me tomó con relación al abuelo. Vengo de familia judía, el Holocausto es algo que siempre quise abordar como escritora pero sinceramente me resultaba imposible, porque es demoledor.

LID: Me pareció que en esa historia del abuelo aparece una idea que recorre todo el libro. La idea de que el amor es robarte momentos al infierno de la vida.

PP: No tenía esa lectura pero me parece lindo lo que decís. Me gusta porque un poco el libro se trata de eso. Es sobre amor, pero también sobre la tragedia. Natalia se enfrenta a una tragedia familiar, a la enfermedad de la madre. El amor es un rescate de esas tragedias personales, y también de las históricas y sociales.

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LID: La protagonista tiene una relación tensa con la profesora de literatura y discuten sobre la adolescencia. Sobre si Romeo y Julieta eran adolescentes o no. Y Natalia dice que no se los imaginaba como adolescentes y en un momento piensa que la adolescencia es una etapa de porquería, ¿por qué te parece que tantas personas vivimos la adolescencia así?

PP: Ese diálogo con la profesora fue real. Es autobiográfico. Hice el secundario en una escuela pública durante la dictadura y bueno, la respuesta que tuve de la profesora fue parecida a la que está planteada en el libro: “¿usted qué sabe?, ¿qué dice?”. Y bueno, yo era un ratón de biblioteca, me leía todo, algo sabía. Me hubiera gustado responder más como Natalia. Pero bueno, no pude, le respondo ahora.

LID: Una venganza literaria…

PP: Si, algo así. Pensé la respuesta unos cuantos años…

LID: ¿Cómo ves la situación de adolescentes y jóvenes en esta pandemia?

PP: Es bastante trágica. Respondo lo que me habías preguntado antes: uno siente la adolescencia como una tragedia, como un momento de porquería, porque hay un cambio en el cuerpo. Parece que el cuerpo empieza a quedar grande. De repente uno se estira, empieza a sentir cosas y la cabeza… bueno, se arma un duelo entre la infancia y la futura adultez; tenés que asumir lo que se viene, asumir de a poco del mundo adulto. Eso siempre genera un desencuentro donde uno no es ni chico ni grande y algunos lo pueden vivir bien y para otros es un desastre. En general, se necesita de los iguales. Los adolescentes necesitan de otros adolescentes para ir capeando el mundo adulto y justamente ahora en la pandemia eso se complicó, se quebró. Me duele mucho. Tengo muchos pacientes adolescentes y están desesperados por encontrarse con los amigos, salir y, por el tema de los cuidados, no lo pueden hacer. La cuestión amorosa está detenida también, los circuitos donde pueden encontrarse están coartados. Por suerte la educación ha hecho un lazo. Las escuelas, colegios y universidades han podido seguir. Eso marca una línea, pero la verdad es que hay muchos chicos que viven una tragedia porque no tienen posibilidad de acceder a lo virtual. Es algo muy importante que debería llegar a todos.

Los discursos radicalizados de derecha apuntan a la individualidad, a la idea de que la salida es individual y no colectiva.

LID: En el libro aparecen los nazis como lo opuesto al amor. ¿Qué opinás de ciertos discursos políticos de odio, muy radicales, que parecen estar teniendo cada vez más cabida en Argentina? Pienso sobre todo en Milei y Espert, que se la pasan diciendo “zurdos de mierda” y llegan a defender a los militares y el modelo económico de Menem.

PP: Es un fenómeno que ya venía desde Europa hace unos años que había crecido mucho la derecha. El otro día escuché a alguien que decía que ahora un factor de rompimiento viene más por la derecha, cosas que una pensaba que ya no existían más, como el sarampión. Y sin embargo vuelven. Los discursos radicalizados de derecha apuntan a la individualidad, a la idea de que la salida es individual y no colectiva. Los chicos que han recibido en los años de macrismo este discurso. Han recibido la idea de que lo que vale es el progreso individual y los otros que revienten. Una ideología que intenta poner como héroes a los CEOs, capitalistas, ejecutivos. Ahora hay una campaña impresionante con esto de los argentinos que se van a vivir afuera. Además hay una cuestión de idealizar el exterior, como si vivir en EEUU o en Europa fuera la panacea. Mi hermana vive en Inglaterra. Es dificilísimo vivir afuera. Te venden un discurso idealizado de una vida editada, como uno ve en las series y en las películas. Pero las miserias, que las hay, las dificultades, que las hay, aparecen editadas.

Myriam me parece una candidata interesante, que siempre se planta y expone sus ideas

LID: ¿Tenes pensado a quien vas a apoyar en estas elecciones? En CABA parece que en la primera y segunda fuerza no hay muchos cambios, pero hay una gran disputa por la tercera fuerza. Es concreto, o ingresa Milei o ingresa Myriam Bregman al Congreso.

PP: Todavía no pensé a quién votar. Myriam me parece una candidata interesante, que siempre se planta y expone sus ideas. La verdad me tomó mucho el tema de la pandemia y el trabajo. Esto que me decís de Milei me sorprende un montón y es para pensarlo, porque para mí no existía mucho. Sinceramente estoy trabajando mucho y estoy atendiendo conflictos… las personas que trabajamos en salud estamos muy tomados por la pandemia, no solo en lo personal sino también en lo profesional, y yo no estoy en la primera línea, no quiero ni pensar los médicos, las enfermeras. Creo que a mucha gente le pasa eso. Uno está pendiente de las vacunas, de la cuestión sanitaria. Y después ves la televisión y hay peleas y operaciones que son salvajes y no te dan ganas de meterte mucho.

El Pez Globo es una ficción futurista, donde unos japoneses quieren comprar tierras para armar una ciudad privada en la Patagonia. Esto fue verdad. Hubo un intento

LID: Sin embargo, la política termina definiendo muchas cosas de nuestras vidas, ¿no? En una novela anterior, El Pez Globo, abordaste un tema muy político que es el asunto de la concentración de la tierra en manos privadas, en la Patagonia en particular.

PP: Sí. El Pez Globo es una ficción futurista, donde unos japoneses quieren comprar tierras para armar una ciudad privada en la Patagonia. Esto fue verdad. Hubo un intento de hacer eso. Querían comprar una parte de un parque nacional, en los ’90, para hacer una especie de ciudad privada para jubilados japoneses. A partir de esa idea desarrollé la novela. El protagonista es un japones que lo mandan a comprar una estancia, que son gigantes en la Patagonia. Entonces es todo el recorrido buscando una estancia y encontrándose con los patagónicos.

Está la idea de poder acceder a Shakespeare como accedería un adolescente, sin lecturas previas o más o menos, con una lectura fresca.

LID: Volviendo a Romeo, Julieta y yo, ¿hay proyectos para trabajarlo en las escuelas?

PP: Para mí sería un sueño. Sinceramente no lo escribí con esa idea. No lo escribí particularmente para jóvenes, y creo que eso gana y llega mejor a los jóvenes, porque no es condescendiente. También llega a los adultos.

LID: Sí, creo que funciona en varios niveles.

PP: Sería una alegría y un sueño que esto llegue a los chicos. Está la idea de poder acceder a Shakespeare como accedería un adolescente, sin lecturas previas o más o menos, con una lectura fresca. Si la lectura de este libro lleva a alguien a leer el texto original de Romeo y Julieta, para mí sería un golazo, es uno de los grandes placeres literarios.

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