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Red Internacional

[Entrevista].Paula Guitelman: “El discurso de Billiken fue funcional al disciplinamiento de la vida cotidiana”

Paula Guitelman es Lic. en Ciencias de la Comunicación, docente e investigadora, autora de "La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken".

Miércoles 17 de noviembre | 00:00

Billiken es una revista centenaria. ¿Encontrás continuidades como proyecto cultural dirigido a las infancias, entre su etapa fundacional y la dictadura cívico militar de 1976 que trabajas en el libro?

En primera instancia me parece importante aclarar que la etapa fundacional no forma parte del período de investigación que recorté para realizar el análisis, que se centró en el período de la última dictadura cívico-militar, especialmente en sus tres primeros años. De todos modos, recuerdo que, en las ediciones especiales de la revista, Billiken recuperaba las palabras de su fundador, Constancio C. Vigil. Por dar un ejemplo, en 1969, ante el cincuagésimo aniversario de la revista, recordaban que había nacido “como expresión práctica de un propósito de pacificación espiritual que era preciso inculcar en la mente de los niños nacidos en la época de gravísima perturbación moral de la [primera] posguerra y para reafirmar los derechos de la infancia a tener una publicación exclusiva y no sólo un rincón en los periódicos (1969, N. 2599). Si tenemos en cuenta estas palabras acerca de sus motivaciones fundantes, podemos encontrar continuidades con la publicación en el período dictatorial, especialmente en lo referido a sus objetivos de “pacificación espiritual” vs. “perturbación moral”.

Por eso la publicación habla de la formación imprescindible en los niños, de lo que sería adecuado para ellos y de sus necesidades, como si fueran esenciales. Quiere ser una revista «buena» para niños, para grandes, para profesores y para Dios. Entonces adopta un discurso que representa la bondad, la pureza total y absoluta. Pero esto no es todo, Vigil remarca que «Todo cuanto publica Billiken está cuidadosamente seleccionado desde el punto de vista moral y religioso, y el hecho de que aparezca en esta revista es la mejor garantía de que nada hay en ello que pueda perjudicar a la niñez, tan ávida de emociones y, por lo mismo, propensa a lecturas altamente perjudiciales» (1969, No 2599). La consecuencia de esta frase es evidente. ¿Cómo darse cuenta de si algo es «bueno para los chicos»? Sencillo: si aparece en Billiken lo es.

En tu trabajo mencionás que la dictadura mantuvo, como en otros ámbitos, una política de censura extrema, con cierres de diarios y revistas, secuestro de periodistas, escritores. No fue el caso de la Editorial Atlántida, que sostuvo una política de apoyo explícito al “Proceso de Reorganización Nacional”. Contanos cómo fue ese vínculo.

Exactamente, en un contexto de censura cultural y de represión, Atlántida salió a flote airosamente. La afirmación sobre las conexiones entre la Editorial y los idearios dictatoriales la encontramos en numerosos trabajos académicos sobre el período. Por ejemplo, Eduardo Luis Duhalde menciona en El Estado terrorista argentino. Quince años después. Una mirada crítica que dos de las principales revistas de la Editorial Atlántida, Gente y Para Tí, eran catalogables como «prensa-basura» porque buscaban mostrar «cuál de ellas lograba el mayor grado de servilismo frente al régimen terrorista». Para ilustrarlo, vale el siguiente caso: Para Ti armó dos tarjetas postales para que sus lectoras enviaran a familiares o amistades que vivían en el extranjero, que respondían a la necesidad de las autoridades militares de exhibir la imagen de un país triunfante, en orden, o, en sus términos «pacificado».
También en Decíamos ayer. La prensa argentina bajo el Proceso, el libro de Eduardo Blaustein & Martín Zubieta se le dedica un apartado al análisis del rol de la revista Gente durante la dictadura. En una oportunidad realizaron una “encuesta” en la cual preguntaban a habitantes de distintas provincias por quién votarían los argentinos. No casualmente, Videla arrasó en los resultados.

Por último, Billiken y la Editorial Atlántida, junto con el Comando en Jefe del Ejército, invitaron a los institutos privados de nivel primario de la Ciudad de Buenos Aires a los actos de celebración del sexagésimo aniversario de la revista, en coincidencia con el cierre de la campaña educativa «El niño, la escuela y el Ejército» y el IV Centenario de la Fundación de la Ciudad de Buenos Aires, tal como mencionan Judith Gociol y Hernán Invernizzi en su investigación Un golpe a los libros.

Y en otro plano, entonces, ¿cuál fue el tipo de subjetividad infantil que la revista sostuvo en el plano discursivo durante la dictadura militar? ¿Cómo se construyó y evidenció ese ideal en la revista?

Al analizar la revista me detuve en los contenidos textuales, en las metáforas, en los estereotipos, en los dibujos, en las imágenes, en las formas de representar, de construir y de presentar un mundo como si fuera natural y esencial. Así fue como llegué a la conclusión de que Billiken buscó generar una cosmovisión ordenada, disciplinada y pacificada; triunfal, nacionalista y soberana; familiar, pura, moralizada, y tradicional; moderna y eficiente; feliz y optimista.

En este sentido, el tipo de modernización buscada por los militares y reproducida en las páginas de la revista puede caracterizarse como de tipo reaccionario, es decir, se promovía a la ciencia y la técnica solo si podían desvincularse de los impulsos progresistas. Se difundía un ideario modernizador a la par que se apelaba a valores tradicionales, conservadores y retrógrados.

Billiken apela a una retórica cuasi bíblica al no querer que los niños se transformen en “herejes” al mismo tiempo que festeja los “progresos” de la ciencia y la técnica, espera ansiosa el futuro, cree en una historia evolutiva y sobrevalora el trabajo intelectual, la razón y la inteligencia. Vuelve la vista a tiempos remotos de la historia, espera un futuro siempre mejor y, entre tanto, en ninguna de sus cronologías sobre los acontecimientos importantes del país se menciona el hecho de estar bajo una dictadura, llevando a cabo una omisión por demás llamativa. Así, nos presenta una historia inocentada.

Los militares de Billiken premian a los alumnos por sus “conductas ejemplares” en concursos que la revista promueve y difunde. Ser tiernos y obedientes no les impide ser al mismo tiempo valientes, sacrificados y viriles, y prestan su colaboración en campos que no son los propios.

Un tiempo desprovisto de instancias donde tengan lugar los interrogantes es acompañado por un espacio percibido desde una lógica racional y calculante. Un espacio público ‘de paso’, donde sólo tiene lugar la circulación, es la contrapartida de uno privado (protegido y confortable). No se vislumbra la posibilidad de un conflicto social, todo está atomizado e identificado. También nos encontramos con una concepción utilitaria de la naturaleza y del medio ambiente. El hombre de Billiken es dueño y señor de todo cuanto lo rodea. Y el propio cuerpo humano es pensado a la luz de las metáforas maquínicas.

Tampoco aparece contemplada la desigualdad. Solo se encuentran construcciones que se pretenden universales y abstractas cuando en realidad representan a las clases medias urbanas. Al referirse al dinero, no se menciona su carencia. Lo dicho se refuerza en el modelo corporal tanto de niños como de adultos: blanco, pulcro, pequeño-burgués.

Y este ‘deber ser’ toca franjas etarias bien definidas: los ‘pequeños’ y los ‘mayores’, sin que aparezca ninguna mención a la existencia de adolescentes y jóvenes. Mujeres y varones son y serán esencialmente diferentes. Ellas estarán destinadas a ser buenas madres, esposas y amas de casa. Ellos serán los representantes de la autoridad, el sostén económico de la familia, los aventureros, los descubridores y valerosos. Y los ‘otros’ (indígenas, descendientes de pueblos originarios y afroamericanos) son radicalmente otros. Por último, todo en sus páginas está atravesado por metáforas bélicas, nos encontramos desde notas en la cuales hay que librar una “guerra contra la caries”, “disparar contra la gripe”; así como juegos en los que hay que “salvar al prisionero”.

"... para ser como tu mamá", en Billiken, 1977.

¿Cómo se vinculó con los valores y objetivos que promovió el llamado Proceso de Reorganización Nacional?

Son muchas las conexiones que se pueden encontrar entre el discurso de Billiken y el discurso de la dictadura. Es decir, en el libro se llegó a la conclusión de que el discurso de la publicación infantil de Atlántida fue funcional a los objetivos de disciplinamiento de la vida cotidiana.

Por ejemplo, un cuerpo-máquina que no cuestione, que se vuelva indolente y disciplinado, que piense, mire y actúe como se lo indican, que solo obedezca habla de un proyecto de niñez funcional a los proyectos dictatoriales. Peor también podemos pensar que se busca que dicha lógica se traslade a la sociedad toda y que el objetivo principal es afianzar un estado de heteronomía que perdure independientemente de la edad cronológica.

Algo que me llamó la atención es que en la revista no hay lugar para el misterio, la opacidad está mal vista. No se conciben las preguntas, porque Billiken nos da de antemano todas las respuestas. Y de esta forma se va armando un discurso de clausura tautológico, autorreferencial.

Otra vinculación que encontré es que en la revista todo debía estar en orden, ser identificable. No contempla azares ni contingencias, busca que en todo momento se mantenga el statu quo. Aspira a mantener la disciplina, y por eso en sus páginas todo está reglado: las actividades, los juegos, los roles, cuál es la función de cada momento y espacio. En Billiken no hay creación sino reproducción.

Es decir, si las políticas culturales de la dictadura tendieron a la ‘despolitización’ de los contenidos curriculares, la construcción discursiva de la revista estuvo en consonancia con ese proyecto. Pero, como sabemos, toda pretendida despolitización es en sí misma un hecho político-ideológico. No olvidemos, además, que Billiken nunca fue el “órgano oficial” de la Dictadura y nadie estaba obligado comprarla o leerla. Por eso, volver a sus páginas me permitió poner el foco en la complicidad civil, empresarial y mediática con la que contó la última dictadura.

Billiken nunca fue el “órgano oficial” de la Dictadura y nadie estaba obligado comprarla o leerla. Por eso, volver a sus páginas me permitió poner el foco en la complicidad civil, empresarial y mediática con la que contó la última dictadura.

Acerca de la entrevistada

Paula Guitelman es autora de La infancia en dictadura. Modernidad y conservadurismo en el mundo de Billiken (Prometeo), docente e investigadora, Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Magíster en Comunicación y Cultura (FSOC-UBA). Cursó el Doctorado en Ciencias Sociales de la UBA y actualmente se encuentra realizando su tesis doctoral.




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