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Red Internacional

Ante el aumento de casos por covid-19, los trabajadores de las infancias y adolescencias que intervenimos con las familias que envían a sus hijos e hijas a las escuelas no somos ajenos a la crisis sanitaria. Ante el paro docente convocamos a sumarnos en solidaridad.

Victor GonzálezTrabajador de Programa Adolescencia - Promoción Social GCBA

Violeta Lavinia Equipo Técnico de Infancias y Adolescencias

Miércoles 14 de abril | 08:39

Desde el equipo técnico de infancias y adolescencias, trabajamos dia a dia articulando intervenciones con diferentes instituciones, entre ellas el sistema educativo. Somos parte del acompañamiento y del trabajo de re inserción escolar de muchas niñas, niños y adolescentes. Conocemos la realidad de las escuelas, la insuficiencia en cuestiones sanitarias en cuanto a medidas de prevención ante el contagio del Covid 19, no es una realidad ajena en nuestras intervenciones.

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La semana pasada se llevó a cabo la asamblea abierta del sindicato docente porteño Ademys, donde se resolvió llevar a cabo un paro activo el miércoles 14 de abril, ante la segunda ola de covid-19 que azota el país, impulsando espacios de coordinación junto a las familias de las escuelas, para decidir entre todos cómo continuar.

Ante la presión de trabajadores, familias y los y las alumnas, que discutieron en varias instancias la problemática de los contagios, la conducción de UTE-CTERA, sindicato docente mayoritario, no tuvo más alternativa que convocar y adherirse al paro votado en la asamblea de Ademys, a pesar de que venían acompañando la postura manifestada por el Ministro de Educación Nacional, Nicolás Trotta, en relación a la continuidad en la presencialidad. Este hecho es una muestra cabal de que, cuando las bases se organizan y proponen medidas y planes de lucha, las direcciones sindicales deben tomar posición y acatar lo dispuesto por los trabajadores y trabajadoras.

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No hay separación entre los trabajadores de las infancias y las adolescencias y los trabajadores de la educación, nosotros también vivimos en nuestro desarrollo laboral cotidiano pésimas condiciones sanitarias ante la pandemia.

Ante la suba de contagios en los establecimientos educativos, la muerte de Mónica Argüello contagiada cumpliendo su trabajo como bibliotecaria y preceptora en distintas escuelas de los distritos de Moreno y Hurlingham, los seis fallecimientos de docentes en la provincia de Jujuy desde la vuelta a la presencialidad, además de los docentes Aníbal Federico Loza y Rossanna Noemí Romero en Tucumán; muestran un escenario donde a los gobiernos las vidas trabajadoras y sus familias no les importan.

Sin IFE, y aumentos: la burbuja de los Gobiernos.

Las niñas y niños siguen asistiendo a las escuelas de todo el país mientras el aumento de casos en los contagios son moneda corriente en todos los anuncios oficiales.

Sin embargo, los sectores más golpeados continúan recibiendo insuficientes medidas de contención económica, repercutiendo en cómo las niñeces desarrollan su cotidiano dentro y fuera de la escuela.

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El Indec informó que la Canasta Básica Total (CBT) de febrero, que incluye alimentos, indumentaria y transporte aumentó 7,7 % respecto al mes anterior, por lo que una familia compuesta por dos adultos mayores y dos hijos menores, necesitó ingresos por $ 57 997 para no caer en la pobreza.

La inflación de febrero alcanzó el 3,6 % y acumuló una suba de 7,8 % en los dos primeros meses del año. En el mismo mes los alimentos y bebidas tuvieron un incremento de 3,8 % en relación a enero y 43,9 % en términos interanuales. La suba de los alimentos no para y acumula más del 12 % en lo que va del año.

Ante este panorama económico de crisis social, con salarios por debajo de la inflación, la pobreza superando el 42%, dificultades para solventar los alquileres, aumentos en la garrafa social, en transporte, a la conectividad móvil, a los combustibles, nos encontramos con un presupuesto por la baja para el sistema sanitario en medio de una segunda ola.

Además, debemos mencionar que no se ha considerado, desde ningún estamento estatal, un plan de conectividad, que provea a familias y docentes, de computadoras y acceso a internet, para aquellos que no cuenten con estos recursos. Ni siquiera se consideró, luego del año atravesado y las consecuencias observadas en niños, niñas y adolescentes, el otorgamiento de refuerzos alimentarios acordes a parámetros nutricionales.

Se hace evidente que las medidas sanitarias son insuficientes para cuidar a los y las trabajadoras de la educación, sus familias y a las miles de familias que envían a sus niños y niñas a las escuelas.

Mientras tanto, el Gobierno nacional y de la ciudad, en algo no muestran grieta: la responsabilidad es ciudadana, el cuidado individual es la única barrera para frenar el contagio.

Así los niños, niñas y adolescentes asisten a los colegios en este proyecto de “vuelta a clases" sin verdaderas condiciones de sanidad ni cuidado. Acrecentando, sensaciones de ansiedad e incertidumbre sobre lo que puede suceder.

Ya no es noticia enterarse de burbujas aisladas, alumnos y alumnas contagiadas, ni docentes y personal no docente teniéndose que hisopar, o testarse, a partir de la exposición al contagio.

No solo en las escuelas, sino también en nuestra labor de red de contención a la hora de intervenir en los barrios, en diversas instituciones con las que articulamos; es una necesidad inmediata que se discuta cómo nos cuidamos entre nosotros los trabajadores de los gobiernos que solo plantean medidas que benefician a empresarios y especuladores y no a quienes día a día ponemos el cuerpo con las infancias y adolescencias.

Sin las vacunas, sosteniendo el negocio de las farmacéuticas y laboratorios.

Sigamos el camino: Comisiones de seguridad e higiene, docentes dicen basta.

La comunidad educativa, docentes, auxiliares, familias y estudiantes plantean la necesidad de impulsar Comisiones de Seguridad e Higiene (CSH) como medida ante el récord de contagio en esta segunda ola. La conformación de las mismas es una salida ante la negación de los gobiernos, tanto de ciudad como de nación, de oír la voz de los y las trabajadores y las familias.

Las niñas, niños y adolescentes que asisten a los espacios educativos, deben ser parte de pensar y expresar sus opiniones ante la problemática. Sus voces deben ser tenidas en cuenta, en virtud de su derecho a ser oídos, al momento de planificar respuestas ante la situación sanitaria que atraviesa el país.

Pero no es solo una discusión en abstracto, los estudiantes, por ejemplo del Colegio Nacional de Bs. As. tomaron cartas en el asunto y se organizaron por su salud, la de sus familias y la de toda la comunidad educativa, planteando medidas que permitan que el derecho a la educación no sea bajo el riesgo de contagio.

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Desde el Estado y los sindicatos hacen oídos sordos ante la crisis en las escuelas, y de las demandas de los trabajadores de las infancias y adolescencias; programas con escaso personal, escuelas donde faltan docentes y auxiliares; en fin, no se garantizan los cuidados necesarios, donde se observa un incremento de los contagios, con el consecuente estallido de las burbujas.

Lo que los gobernantes parecen olvidar es que la propia constitución prevé la interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos, lo que niega cualquier tipo de jerarquía entre éstos. De este modo la educación como derecho, debe ser dada en condiciones donde su desarrollo no implique la vulneración al derecho a la salud de los niños, niñas y adolescentes, de sus familias, o la de las y los trabajadores que intervenimos con ellos .

El acceso a la salud, educación, vivienda, alimentación, conectividad, juego no son derechos que se deban elegir, a la hora de pensar las políticas públicas, son derechos que se deban dar de conjunto. Los que trabajamos cotidianamente en intervención directa con las infancias y adolescencias lo vemos en la realidad, los derechos deben ser todos cumplidos y respetados sin distinción.




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