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Red Internacional

Estados Unidos. Para la tribuna: Alberto Fernández condenó las exclusiones en la Cumbre de las Américas

El presidente argentino se mostró crítico con Biden como anfitrión de la Cumbre y se centró en una dura crítica a Trump y la conducción de la OEA, con alusiones al problema de la desigualdad en la región. Un discurso con demagogia, tras la subordinación del gobierno argentino al FMI con el acuerdo que reestructuró la deuda de Macri y la votación en la ONU de la exclusión de Rusia de la Comisión de Derechos Humanos, alineándose con Estados Unidos.

Jueves 9 de junio | 20:46
Alberto Fernández en la IX Cumbre de las Américas, Los Ángeles, Estados Unidos.

En la ciudad de Los Ángeles, el presidente argentino Alberto Fernández brindó un discurso en la noche de este jueves en el que se mostró crítico del gobierno norteamericano de Joe Biden por haber excluido a Cuba, Venezuela y Nicaragua (aunque a esta última no la nombró directamente) de su participación, aunque centró los cuestionamientos a la política de la administración de Donald Trump para América Latina y el Caribe y el papel de la OEA en el golpe de Estado en Bolivia.

También aprovechó para destacar las "oportunidades de desarrollo" en las áreas de producción de alimentos, energía y minerales, e impulsar el cobro de un impuesto sobre la renta inesperada para mejorar la distribución del ingreso.

"Hubiésemos querido otra Cumbre de las Américas. Quisiera dejar sentado, que el hecho de ser anfitrión de la Cumbre no otorga capacidad de imponer derecho de admisión sobre los países miembros del Continente", dijo directamente en alusión a Biden.

Posteriormente denunció a la administración que lo precedió: "los años previos a su llegada al Gobierno de los Estados Unidos de América, estuvieron signados por una política inmensamente dañina para nuestra región". Con Trump en la presidencia "se ha utilizado a la OEA como un gendarme que facilitó un golpe de estado en Bolivia", y también que "se han apropiado de la conducción del BID que históricamente estuvo en manos americanas".

También aprovechó para recordar que "la intervención del gobierno de Trump fue decisiva para facilitar un endeudamiento insostenible en favor de un gobierno argentino en decadencia" en Argentina" y que "por tamaña indecencia sufre hoy todo el pueblo argentino". El gobierno de Fernández fue quien renegoció y validó la deuda macrista en marzo de este año mediante la firma de un nuevo préstamo de Facilidades Extendidas con el FMI, que explícitamente se utilizará para pagar aquél endeudamiento, dejando una nueva hipoteca con peores condiciones para el país.

Luego de las críticas a Trump, vino un guiño a Biden: "es hora de que esas políticas cambien y los daños se reparen".

La Cumbre de las Américas se realiza este año en territorio norteamericano, con una fuerte impronta de una realidad mundial convulsionada por la pandemia y la guerra en Ucrania. Pero a su vez, el gobierno de Biden atraviesa una importante debilidad interna, lejos de poder imponer una política ofensiva para la región. En este contexto, Biden busca diferenciarse del ala de derecha norteamericana corriéndose de un discurso abiertamente golpista, como lo demuestra el hecho de que bajó la invitación al venezolano Juan Guaidó.

El discurso del presidente argentino responde en gran medida a esta contradicción del gobierno de Estados Unidos, al tiempo que busca justificar su propia política interna de endeudamiento con el FMI y el problema del incremento de la desigualdad, asignándola como parte de un fenómeno global por la pandemia y la guerra.

"El peso promedio de la deuda externa supera el 77 % Producto Bruto Regional", dijo el mandatario argentino, y agregó, "nos preocupa la informalidad laboral, que hoy supera el 50 %".

Lo interesante fue luego que apuntó a una contradicción evidente que se produce en los pueblos latinoamericanos: "¿Por qué padecemos enormes penurias, si nuestra tierra nos ha dotado para producir alimentos y energía como a muy pocas regiones del mundo?", "La respuesta se encuentra en el orden global", "el mundo central ha fijado reglas financieras evidentemente inequitativas. Unos pocos concentran el ingreso mientras millones de seres humanos quedan atrapados en el pozo de la pobreza", dijo Fernández.

Sin embargo, no se trata de un orden global abstracto, sino de la propia irracionalidad del sistema capitalista la que genera crecientes niveles de pobreza y desigualdad, en la que a pesar de que se producen alimentos para abastecer a la población mundial, son millones quienes no pueden acceder. Tampoco se trata de "reglas financieras inequitativas" que podrían volverse equitativas bajo buenas administraciones, sino un tablero mundial dominado por el imperialismo norteamericano, que aún con una decadencia de su hegemonía, sigue garantizando la dominación del capital y las ganancias de las grandes corporaciones por sobre la vida de millones de trabajadores.

Otro eje importante del discurso fue aquel destinado a mostrar aquello que América Latina y el Caribe tienen para ofrecer en ese "orden global". Fernandez dijo sobre el final: "les propongo dos grandes objetivos: organicemos continentalmente la producción de alimentos y proteínas, y desarrollemos nuestro enorme potencial energético y de minerales críticos, para la transición ecológica" y también que "debemos enfrentar la transición ecológica contando con auxilios financieros suficientes que movilicen la innovación con justicia social". ¿Se referirá a inversiones externas para el extractivismo como el de Vaca Muerta, el cultivo de soja y trigo transgénico, la megaminería y las plataformas petroleras marítimas?

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Asimismo, aprovechó para reiterar su planteo de gravar la renta inesperada como mecanismo para paliar la desigualdad que describió. "Ante tanta desigualdad debemos plantear la necesidad de políticas impositivas progresivas, aún cuando las élites domésticas nos presenten como un peligro para la calidad democrática. La renta inesperada que la guerra entregó como un regalo a grandes corporaciones alimenticias petroleras y armamentísticas debe ser grabada para mejorar la distribución del ingreso". A juzgar por el proyecto de impuesto a dicha renta en Argentina, que se estima recaudará apenas U$S 1.000 millones, la ambición de nivelar tamaña desigualdad parece quedar un poco corta.




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