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Red Internacional

Dos publicaciones recientes invitan a pasear por universos múltiples que no se deciden entre el fantástico, el terror, la ciencia ficción o la onírica. En el cruce de géneros parece asomar la distopía como imaginario reiterado, aunque no exclusivo, de estos relatos.

Cecilia Rodríguez@cecilia.laura.r

Martes 25 de mayo | 12:40

Paisajes experimentales

De la mano de Indómita Luz, editorial integrante de la Unión de trabajadores y trabajadoras de la Economía Popular, llega a nosotros esta “antología de nueva ficción extraña”, que compila cuentos o fragmentos de novelas de Yamila Begné, Kike Ferrari, Claudia Aboaf, Ever Roman, Laura Ponce, Ricardo Romero, Dolores Reyes, Marcelo Carnero, Marina Yuszczuk, Leo Oyola y Betina González.

¿Qué vendría a ser “nueva ficción extraña”? Lo explica en el prólogo el compilador y escritor Juan Mattio: “Lo que caracteriza al New Weird es el pastiche de género, el uso sin prejuicios de los imaginarios del terror, la ciencia ficción, el policial y el fantástico. Híbridos que no están dispuestos a respetar la frontera entre los géneros Pulp y que echan mano a distintas tradiciones para construir nuevos mundos”.

Así, efectivamente, a través del libro, saltamos de un mundo a otro, todos extraños, algunos oníricos, otros terroríficos, post apocalípticos, otros reales e incluso históricos, pero enrarecidos por la emergencia de lo sobrenatural o lo inexplicable.

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Si bien la corriente literaria New Weird propiamente dicha se constituye en Inglaterra hace más de una década (con autores como “China Miéville, M. John Harrison y Justina Robson”) para Mattio se trata de una tendencia internacional, que recupera ciertos imaginarios ya clásicos y “desaforados” de la literatura (como el de HP Lovecraft) y los combina con técnicas literarias experimentales. “Algo similar a lo que ocurrió en el cine en los años ‘70 cuando grandes directores como Werner Herzog, Roman Polanski o Stanley Kubrick hicieron usos espurios -y extraordinarios- del terror, la ciencia ficción y el noir.”

En nuestras pampas, esta tendencia empalma con lo que Mattio llama el “fantástico del Río de la Plata”, de asombroso desarrollo en el país, con plumas como Borges, Silvina Ocampo, Horacio Quiroga, Cortázar y otros. Los cuentos compilados vienen a dar una idea de cómo es esta tendencia en nuestra literatura contemporánea, también representada por Samantha Schweblin y Mariana Enríquez.

Durante la lectura del libro, cualquier espectador asiduo de cine podrá percibir fácilmente ese cruce de géneros del que habla Mattio. También se pueden observar coincidencias temáticas (a pesar de las diferencias de estilo) y una cierta preminencia (aunque no exclusividad) de los imaginarios distópicos.

Agradezco especialmente el tratamiento burlesco que hace Ever Román de la distopía, en su relato “Osobuco”: en días de pandemia, toda risa vale oro. En un clima un poco más oscuro, se ubica “Big Rip”, fragmento de una novela recién publicada de Ricardo Romero, que va siguiendo a Astor, al drone que sigue a Astor y la relación inquietante que ellos establecen.

La imagen que no puedo quitar de mi retina proviene del relato de Claudia Aboaf, “El manual del ángulo de la Bolsa azul”: es una imagen de la isla de Hashima, a pocos kilómetros de Nagasaki, Japón: una isla/mina de carbón/prisión que funcionó desde 1887 hasta 1974. Ni siquiera la bomba nuclear interrumpió las labores. Tal vez en este cuento hay una idea de que las distopias que imaginamos son los fantasmas de las que ya ocurrieron.

Si bien todos los cuentos son excelentes, me quedaron resonando en particular algunos que eluden el imaginario distópico. “Cajas de humo”, de Yamila Begné, se va a 1799 y relata la extraordinaria historia de tres hombres que sueñan con trenes antes de que los trenes existan. Por otro lado, “Mi pez” de Dolores Reyes y “Huesos” de Marcelo Carnero, logran paisajes muy realistas (una familia humilde que vive a la vera del delta, unos enfermos en un hospital) donde nunca pasa nada literalmente fantástico o sobrenatural, pero todo es tan contradictorio que se vuelve inexplicable.

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Una ciudad otra

A la luz indómita de estos Paisajes, llegó a mis manos Una ciudad otra, de Josefina Arcioni (Hexágono Editoras, 2021). A través de diez cuentos, los personajes y narradores que habitan este paisaje urbano enrarecido pueden pasar de humanos a animales, de lo real a lo fantástico, de lo promedio a lo extremo. Y, de tanto en tanto, pueden descansar un poco e intentar divertirse, aunque no sin rollos.

La metamorfosis ocurre en un santiamén, pero nunca arbitrariamente. Hay una serie de alertas y absurdos que habitan de antemano el tejido de lo real y que simplemente, ante la crisis, se despliegan. A medida que avanzan los relatos, la tendencia es ir al extremo. De metamorfosis más tranquilas pasamos a estallidos de rabia y grietas que se alzan como fronteras. La mirada extrañada sobre la ciudad tiende, en este caso, hacia el imaginario distópico.

Arcioni parece inscribirse en el universo de influencias que menciona Mattio para justificar su reunión de Paisajes experimentales. El ejemplo es importante porque se trata del primer libro de una escritora joven. El cruce de lecturas habla de las influencias que están operando en vivo y en directo, aunque no siempre conscientemente, a la hora de escribir y leer literatura en Argentina.




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