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Pactar con los golpistas: la política de Haddad y el PT que Atilio Borón defiende en Brasil

El intelectual kirchnerista defiende el voto a favor de Fernando Haddad como “mal menor” contra Bolsonaro. Además, vuelve a justificar el voto a Scioli en Argentina, en 2015.

Miércoles 26 de septiembre | Edición del día

Hace pocos días Atilio Borón escribió un artículo destinado a atacar al sector de la izquierda que, en Brasil, critica a Fernando Haddad el candidato del PT. Al mismo tiempo, aprovecha para meter de contrabando un balance sobre la política del Frente de Izquierda en Argentina, por haber votado en blanco en la segunda vuelta electoral de 2015, cuando se enfrentaron Macri y Scioli.

En su nota en Pagina/12 Borón se pregunta "¿cuál debe ser la postura de la izquierda ante un ballottage entre una fuerza reaccionaria, xenófoba, fascista y otra que representa una alternativa que sin ser radical significa un movimiento en una dirección moderada de socialismo?".

Vale aclarar que el interrogante de Borón se da solo en términos electorales. La izquierda revolucionaria en Brasil -de la cual el MRT, partido hermano del PTS es parte- planteó y plantea la más amplia campaña contra el autoritarismo y la proscripción judicial en Brasil y la prisión preventiva para Lula,además de exigir el derecho de los trabajadores y el pueblo pobre a votar al candidato petista sin traba alguna. Esa fuerza, además, ha llamado a movilizar, exigiendo un plan de lucha a la CUT y al PT para lograr la liberación de su líder. Sin embargo, ni la central sindical ni el partido, han tomado mínimamente el camino de una pelea seria por ese objetivo.

Pero además esta izquierda revolucionaria ha planteado claramente el Frente único obrero y la autodefensa para enfrentar las amenazas del fascismo que representa Bolsonaro. Al mismo tiempo ha planteado la pelea por una Asamblea Constituyente Libre y Soberana, para terminar con las instituciones del régimen golpista y el ajuste contra los trabajadores y el pueblo pobre.

Es evidente que Borón, ante de escribir su artículo, ni siquiera se ha tomado el trabajo de averiguar sobre las posiciones de la izquierda revolucionaria en Brasil. O ha preferido guardar silencio sobre las mismas.

¿Movimiento moderado al socialismo o política de ajuste?

Dicho esto resulta increíble que Borón considere al PT y su candidato como "un movimiento en dirección moderada al socialismo". ¿De verdad?

Parece un chiste de mal gusto. O una burla abierta al pueblo trabajador de Brasil que toleró un ajuste fenomenal del propio gobierno de Dilma Rouseff. Según los datos oficiales hasta julio de 2015, esa política económica había significado un aumento del desempleo desde los 6,5 millones a 8,6 millones; además de la caída del salario real en un 4,3% por la devaluación de la moneda. El ajuste petista había significado además recortes presupuestarios del 15,3 % en educación; 11,4 % en salud; 32,1 % en transportes y 54,3 % en vivienda.

Como bien denuncian los compañeros y compañeras del MRT, ni bien asumió Dilma "puso un banquero ultraneoliberal en el Ministerio de Hacienda (Joaquim Levy) y atacó el derecho al seguro desempleo en un momento de enorme recesión y desempleo masivo, recortó 6 mil millones de reales (1,46 mil millones de dólares) de los presupuestos de salud y educación y avanzó en la privatización de Petrobras para seguir pagando fielmente la deuda pública a los banqueros millonarios y para ganarse el apoyo de sectores del capital financiero internacional".

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En esas medidas de ajuste hay que buscar una de las explicaciones por la escasa movilización popular en defensa del gobierno petista derrocado por el golpe institucional que instauró a Michael Temer. La otra causa es la pasividad de la "moderada dirección hacia el socialismo" de la CUT y el PT.

Lo que para Borón -que de esa deserción de la dirección petista y de la CUT a la hora de pelear en las calles no dice una palabra- es inadmisible es que la izquierda revolucionaria se mantenga independiente de la candidatura de Haddad.

Pero el candidato muleto de Lula ha declarado que se siente "orgulloso" de haber sido parte de que el PT haya mantenido la “responsabilidad fiscal”, controlando la deuda pública. Es decir, la entrega en bandeja de los recursos del país a empresarios y banqueros imperialistas y nacionales durante sus 13 años de gobierno. El monto de esa entrega alcanza un cifra cercana a los 15 billones de reales (3,68 billones de dólares). Como vemos el recurso de reivindicar ser “pagadores seriales” de deuda externa es común al progresismo del lado argentino y del lado brasilero de la frontera.

Con esto, el planteo de Borón ya tiene un límite: el "movimiento moderado hacia el socialismo" no se propone ni una pizca de enfrentamiento a quien está detrás del golpe, es decir el imperialismo yanqui.

El mismo Haddad se ha erigido en defensor parcial de la escandalosa reforma jubilatoria de Michael Temer, reforma que constituye uno de los nudos del ajuste contra el pueblo brasilero. Ha declarado que "esa reforma de Temer, el primer informe que está en la Cámara, tiene cosas útiles. Los regímenes propios del sistema previsional deberían ser el objeto inicial de la reforma”.

Como frutilla del postre, para encandilar a los capitalistas, ha asegurado que "con asociaciones, con concesiones, estoy a favor de eso, soy autor de la ley de las PPP”. Se refiere, claro está, a las sociedades público-privadas, para la obra pública y la privatización de empresas estatales.

Por ultimo Haddad ha declarado que “estamos en diálogo permanente con quienes hacen autocrítica” con relación al PSDB, el MDB y sectores del “Centrão” (gran centro) que fueron la base parlamentaria del golpismo contra Dilma Rouseff.

Balance del balotaje argentino

Para Borón que, como vimos en Brasil desecha cualquier recurso de lucha de clases contra la ultraderecha, hay que tener en cuenta el balance del voto en blanco en la Argentina.

El triunfo de Macri, según el investigador, puso en movimiento una fuerza social reaccionaria de apoyo a la derecha. Escribe que "el genocidio de los pobres, de los ancianos y de los niños en la Argentina que impulsa Macri es posible porque la fuerza social que encabeza está dispuesta a acompañarlo en tan funesta empresa. Aunque Scioli hubiese querido hacer lo mismo –cosa que no descarto a priori– no habría podido, porque su base social le habría impuesto límites infranqueables a tan nefasta iniciativa. ¿Habrá que recordarle a la ultraizquierda que es la lucha de clases la hacedora de la historia, no tal o cual líder en particular?".

En los debates pertinentes al voto en blanco Borón supo calificar a Scioli de “conservadurismo popular” para justificar que su ajuste iba a ser controlable por el propio FpV, a diferencia del de Macri.

Ahora radicaliza el argumento: la fuerza social que votaría a Scioli lo iba a condicionar. Reconozcámosle al persistente Borón el cambio de concepción, aunque sin realizar una crítica sobre sus pasadas posiciones.

Sin embargo, el FpV derrotado fue incapaz de ponerle límites a Macri. Por el contrario una gran porción de los "defensores" del proyecto "nacional y popular" han sido garantía de gobernabilidad del macrismo, votándole más de cien leyes, entre ellas la reforma previsional. Reforma votada bajo custodia policial, con el pueblo masivamente movilizado en las calles.

Son también los gobernadores surgidos del FpV, como Alicia Kirchner, los que llevan adelante un brutal ajuste contra los trabajadores de las provincias. Hoy diputados y senadores -salidos en su gran mayoría de las filas de esa misma fuerza- votarán el Presupuesto de ajuste, exigido por el FMI en detrimento del pueblo trabajador.

Ahora bien, para Borón la victoria de Scioli garantizaba que la base social que lo votaba impidiera el ajuste. Pero la función política del kirchnerismo en doce años de gobierno fue contener la lucha de clases, cooptar y corromper a las organizaciones populares y lidiar contra toda lucha de clases que los enfrentara, como sucedió en las luchas del Casino Flotante, Kraft o Lear, para tomar solo algunos ejemplos.

Pero además los dirigentes sindicales que fueron afines al kirchnerismo son los que le permitieron, con su tregua y su pasividad, avanzar a Cambiemos en sus planes y sus ataques contra el pueblo trabajador.

Es la lucha de clases la que hace la historia. Y el peronismo en todas sus variantes es un enemigo acérrimo de que la misma de rebele contra el régimen burgués. Algo que Borón oculta, porque también es enemigo de que ello suceda.

El Frente de izquierda tuvo razón. Votar por el "mal menor" contra Macri significaba apoyar un bloque patronal y burocrático ajustador que iba a desactivar la lucha de clases contra cualquier ajuste. Votar en blanco significaba apostar a preparar la resistencia y bregar por la independencia política de los trabajadores. Y es hoy en las calles donde se ve quien impulsa la resistencia y quien la complacencia o la pasividad frente a la derecha en el poder. Además, es bueno recordar que el primero en reunirse con Macri para darle apoyo fue el mismo Scioli.

"Malmenorismo"

Borón dirá también que "las usuales críticas al “malmenorismo”, que pretenden tapar el sol con un dedo, tratan infructuosamente de ocultar esa debilidad de larga data y los límites de la desprestigiada consigna del ‘tanto peor, tanto mejor’, porque si algo ha enseñado el capitalismo en las últimas décadas fue su formidable capacidad de metabolizar la protesta social y de erigir enormes obstáculos al surgimiento de una conciencia y una organización política anticapitalistas. El desconocimiento de esta realidad, el optar por la neutralidad entre un fascista y, pongamos, un reformismo coherente como el que representan Haddad y d’Avila sólo puede traer renovados sufrimientos a las clases y capas populares del Brasil, dificultar aún más la organización del campo popular y alejar todavía más las perspectivas de una revolución anticapitalista".

El fantasma de Bolsonaro es agitado como espantajo por Borón para disciplinar a la izquierda revolucionaria en Brasil acusándola de ser reproductora del viejo apotegma "cuanto peor, mejor". Pero ha sido y es la izquierda revolucionaria la que llama a combatir al fascismo en las calles y la que se oponía a Dilma Rouseff por avanzar contra los derechos y condiciones de vida del pueblo trabajador.

"La formidable capacidad" del capitalismo de impedir la organización anticapitalista de los explotados, en el caso de Brasil, se expresa entre otras cosas en el "reformismo coherente" del PT, cuya coherencia radica, precisamente, en presentarse como gestores de los intereses de las elites capitalistas, tal cual vimos promete Haddad. Quien ha impedido hasta ahora el surgimiento de una lucha real contra el golpe y los brotes fascistas han sido precisamente el PT y la burocracia sindical de la CUT.

La mentira del "son lo mismo"

En este marco las apelaciones a Lenin “contra el izquierdismo” de Borón llaman a risa. Borón usa al dirigente revolucionario ruso para llamar a que la izquierda revolucionaria que lucha contra el golpismo, se subordine al candidato del PT que busca la conciliación con los golpistas en Brasil.

Bien leído, lo que hacía Lenin es aconsejar a los comunistas europeos el frente único para enfrentar en la lucha de clases la contraofensiva de los capitalistas, luego del retroceso de la oleada revolucionaria que había desencadenado la Revolución Rusa; y no a componendas electorales con los burgueses.

Increíblemente Borón compara a F.D. Roosevelt con Hitler y a Donald Trump con Sanders para decir que no son lo mismo. Verdad de Perogrullo, ya que la izquierda revolucionaria nunca dijo que eran lo mismo, ni siquiera Macri y Scioli. Se afirmó que eran distintas políticas burguesas que atentaban contra los intereses de los trabajadores.

Ciertamente Roosevelt y Hitler eran diferentes en cuanto uno representaba los intereses imperialistas de los EE.UU. y el otro los de la burguesía alemana. No en tanto encarnaban la idea de democracia o nazismo, lo cual funcionaba como la cobertura ideológica del choque entre los distintos intereses imperialistas ¿Esa diferencia hacía a la política de los revolucionarios? Obviamente. Pero la defensa de los mecanismos de la democracia burguesa debía ser usada para organizar la lucha contra el propio imperialismo y la guerra imperialista, no para pasarse al bando de los aliados.

Trump y Sanders tampoco eran lo mismo. A pesar de que este último ya había demostrado que no tenía intención de construir una fuerza política ajena al Partido Demócrata, la izquierda revolucionaria planteó esa necesidad política como una perspectiva para organizar a millones de jóvenes que giraban a izquierda. Sin embargo, ambos con su discurso anti élite que despertó adhesión popular, fueron funcionales a rescatar a las fuerzas políticas del bipartidismo yanqui, en el caso de Sanders apoyando a Hilary Clinton y su programa guerrerista y neoliberal, luego de las primarias Demócratas.

Como hemos dicho, y Borón reconoce, Macri y Scioli representaban dos variantes de ajuste y dos formas de lidiar contra la resistencia del pueblo trabajador.

El Frente de Izquierda en la misma medida que mantuvo su independencia política y denunció el carácter de ambas candidaturas, llamó a las bases del FpV a organizar desde el vamos la resistencia a cualquier intento de ajuste.

Antifascismo y anticapitalismo

Si para Borón "la derrota de Bolsonaro es un imperativo categórico para las fuerzas genuina y realísticamente empeñadas en la construcción de una alternativa anticapitalista", debería criticar la inacción de la CUT y el PT. No la posición electoral de la izquierda revolucionaria que es coherente con su lucha en las calles, barriadas, empresas y universidades contra el golpe y las amenazas ultraderechistas.

Pero aún más, para Borón "una vez consumada (la derrota de Bolsonaro, NdR), las fuerzas de izquierda deberán profundizar sus esfuerzos para, de una buena vez, constituir una mayoría política y social -cosa que al día de la fecha está largamente demorada- que impulse la necesaria radicalización de un eventual gobierno del PT y sus aliados". Es decir ningún horizonte independiente, ninguna perspectiva de lucha de clases, sino “radicalizar” la política de Haddad, mantenerse como furgón de cola de la conciliación de clases del petismo.

No gracias. Esa experiencia ya ha llevado a la derrota a la clase obrera en nuestro continente en innumerables ocasiones.

El MRT se ha destacado por defender la soberanía popular por sobre cualquier fallo que proscriba a aquellos candidatos que los trabajadores y el pueblo pobre reivindiquen como propios más allá de nuestras diferencias políticas. Sin embargo, la defensa de dicho derecho, la exigencia de la libertad de Lula y la denuncia del golpismo, no implican tener que llamar a votar a los candidatos del PT o hacer un bloque político común con una fuerza que, como hemos dicho, se erige como defensor de una política burguesa.

Como señala Diana Assunção, candidata a diputada federal por el MRT, "para combatir a la derecha, al golpismo y a los capitalistas se necesita lo opuesto al ‘mal menor’. Se necesita crear una fuerza de izquierda, con peso en los lugares de trabajo y estudio, que quite a los sindicatos de la conciliación y traición, que se apoye en la fuerza de las mujeres, de los negros, de la juventud y de los trabajadores".







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