Política

EL ESTADO ES RESPONSABLE

Caso Maldonado: sobran pruebas contra Noceti, la fiscal oculta el contexto represivo

En Esquel y El Bolsón este diario habló con la comunidad mapuche y con varios testigos de la represión de Gendarmería. La reconstrucción de los hechos como mejor "respuesta" a la fiscal Silvina Ávila.

Daniel Satur

@saturnetroc

Alan Gerónimo

@Gero_chamorro

Miércoles 30 de agosto de 2017 | 10:30

Foto Joaquín Díaz Reck

Un equipo de la La izquierda Diario se instaló en los lugares centrales donde se desarrolla el caso de la desaparición forzada de Santiago Maldonado. Algunos de esos lugares, al día de hoy, nunca fueron visitados ni por la fiscal del caso Silvina Ávila y mucho menos por el juez Guido Otranto.

Este diario dialogó con varios de los protagonistas de los hechos ocurridos hace un mes. La mayoría de las certezas que se expresan a continuación fueron confirmadas por Julio Saquero y Mabel Sánchez, referentes de la Asamblea Permanente Por los Derechos Humanos de la región, quienes tienen acceso directo a la causa. Su testimonio, junto al de otros protagonistas y testigos, permiten armar parte del rompecabezas y darle cuerpo a una sospecha fundada: el Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación, Pablo Noceti, no sólo tuvo una participación directa en la represión al Pu Lof en Resistencia de Cushamen. ¿Pablo Noceti ordenó de forma directa la desaparición de Santiago Maldonado?

Escalada represiva

Desde la liberación del lonko Facundo Jones Huala, a fines de 2016, las declaraciones del gobernador de Chubut Mario Das Neves, de los voceros de la Sociedad Rural de la región (integrada entre otros por la familia Benetton) y de altos funcionarios nacionales fueron acompañadas por una escalada represiva contra los miembros de la comunidad mapuche y sectores solidarios con su lucha por la recuperación del territorio ancestral, comprado por Benetton hace más de veinte años.

Entre otros “hitos” de esa escalada, en enero de 2017 miembros de la comunidad ya habían estado al borde de la muerte e incluso de la desaparición. La nueva detención del lonko Jones Huala el 27 de junio (por un hecho que ya había sido juzgado y del que había sido absuelto) tuvo su correlato fuera del penal de Esquel con acciones de los gobiernos nacional y provincial, con sus fuerzas represivas y hasta con el uso de “guardias blancas” que operan desde la propia estancia del magnate italiano.

Par dar sólo un ejemplo, es conocido en la región el accionar permanente de una camioneta 4x4 blanca que regularmente, en su paso por la Ruta Nacional 40, dispara con armas largas hacia adentro de la Pu Lof.

Así se llegó al 31 de julio, cuando al cumplirse un mes de la detención de Jones Huala, y al haber éste comenzado una huelga de hambre, se reprimió una movilización pacífica en Bariloche (con nueve detenciones) y desde esa misma ciudad el Gobierno orquestó la represión a la Pu Lof.

Los hechos

El lunes 31 de julio, previo a las declaraciones periodísticas de Noceti vaticinando la detención de toda la comunidad de la Pu Lof, el segundo de Patricia Bullrich mantuvo una reunión secreta con altos mandos de la Gendarmería Nacional de la región (como el jefe de la Agrupación XIV Conrado Héctor Balari, el del escuadrón 35 de El Bolsón Fabián Méndez y el del 36 de Esquel Pablo Badie) y también de las policías de Río Negro y Chubut. Incluso se presume que participó Pablo Durán, el ministro de Gobierno de Das Neves.

Por esas horas, mientras se reprimía y detenía en Bariloche, desde la comunidad de Cushamen decidieron subir al asfalto de la ruta 40 para comunicarle la situación a los automovilistas que por allí pasaban, pidiendo apoyo y solidaridad. El Gobierno decidió entonces acabar con ese “delito” y activó un operativo inusitado, ayudado por la rápida orden de desalojo de la ruta emitida por el Juez federal Guido Otranto. Así fue que Gendarmería hostigó al puñado de jóvenes mapuches que seguían sobre la ruta, quienes al caer la noche decidieron regresar a sus casas.

En ese momento, y por primera vez, Santiago Maldonado estaba acompañando a la comunidad. Frente a la amenaza represiva decidió aceptar la invitación a quedarse en el puesto de guardia, montado unos 200 metros campo adentro.

Según el relato de quienes quedaron del lado de adentro del alambrado (colocado por Benetton), durante las horas que siguieron y hasta el amanecer Gendarmería no dejó de hacer constantes movimientos amenazantes, incluyendo ráfagas de munición antimotín.

Enterados de esos aprestos represivos, otros miembros de la comunidad que se encontraban en las ciudades lindantes de Esquel y El Bolsón viajaron hasta la Pu Lof para conocer el estado de sus hermanos y llevarles novedades (allí no hay señal de teléfono). Tres de ellos ingresaron al predio a las 9 de la mañana y dos horas después salieron en auto con rumbo a Esquel, para desarrollar actividades de denuncia sobre lo que estaba ocurriendo.

A dos kilómetros de ahí, hacia el sur, se encuentran el casco de la estancia Leleque (propiedad de Benetton) y un destacamento de la Policía de Chubut que hace las veces de guardia del terrateniente italiano. Allí se apostaban decenas de gendarmes, quienes detuvieron a las tres personas de la comunidad mapuche, les retuvieron los documentos, los papeles del vehículo y los teléfonos celulares (impidiéndoles poder hacer llamados). Ante la interpelación de por qué no se les dejaba avanzar, los agentes respondieron que se las detenía por “averiguación de antecedentes”.

Destacamento policial de Leleque (foto Joaquín Díaz Reck)

Durante las siguientes dos horas esas personas pudieron ser testigos “privilegiados” de los movimientos de la Gendarmería y de civiles en camionetas, entrando y saliendo de la estancia con dirección a la Pu Lof. Y promediando el mediodía vieron acercarse desde la zona de la comunidad una camioneta con vidrios polarizados y luces led azules entre los faros delanteros. De allí descendió Pablo Noceti, quien saludó uno por uno a los gendarmes y miró con desprecio a quienes estaban detenidos al costado de la ruta.

Una de las personas detenidas se acercó a preguntarle quién era él y por qué se las detenía. “Soy el jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación y a ustedes los podemos detener hasta seis horas por averiguación de antecedentes”, respondió Noceti. Segundos después se subió a la camioneta y arrancó con dirección sur, rumbo a la zona de Esquel.

Para ese momento la ruta 40 se encontraba hacía varias horas cortada por la propia Gendarmería varios kilómetros a un lado y al otro de la Pu Lof.

Se desconoce a ciencia cierta hacia dónde fue Noceti y qué tipo de directivas dio. Lo cierto es que inmediatamente después de su retiro del lugar los movimientos en el casco de la estancia se aceleraron y las comunicaciones telefónicas y por handy se multiplicaron.

Los relatos recogidos por este diario, tanto de los miembros de la comunidad que estaban dentro del predio como fuera del mismo y también de referentes de derechos humanos que aguardaban en los retenes de la ruta, coinciden en tiempos y espacios sin fisuras. Luego de la partida de Noceti comenzó el ingreso, sin orden judicial alguna, de más de un centenar de efectivos de la Gendarmería Nacional a balazo limpio, con el segundo jefe del escuadrón de Esquel, Juan Pablo Escola, al frente del operativo y al grito de “¡disparen, cacen a uno!”.

Como ya se relató en diversos artículos en ese momento los miembros de la comunidad que estaban próximos al puesto de vigilancia (y junto a quienes estaba Santiago Maldonado) decidieron bajar hacia la orilla del río. Hasta allí llegaron parte de los efectivos con un camión unimog, cuyas huellas quedaron marcadas.

Secuestro y desaparición

La versión de Gendarmería es que nunca detuvo a nadie, menos aún a Santiago Maldonado. Y desde el Gobierno nacional insisten en propagar la idea de que posiblemente el joven ni siquiera haya estado en el lugar. Pero los testimonios de los perseguidos son contundentes. En la desesperación por salvarse de la balacera, decidieron cruzar el río casi congelado. Pero Santiago Maldonado no cruzó y hubo quienes escucharon los gritos de los efectivos diciendo “agarramos a uno”.

Otros testigos de la comunidad, ubicados en una zona alejada pero con vista clara hacia la ruta, minutos más tarde vieron al unimog salir del campo con dirección norte y en una tranquera contigua, a unos cientos de metros, se detuvo junto a una camioneta blanca y verde de la Gendarmería. Allí, previo armado de una barrera de gendarmes para intentar impedir la visión, se pasó de un vehículo a otro un “bulto”. Acto seguido la camioneta salió rumbo al sur, dirección en la que rato antes se había dirigido Noceti.

¿Qué se encuentra en esa dirección? Las localidades de Esquel y General José de San Martín (cuyos destacamentos de Gendarmería participaron del operativo) y también se encuentra la estancia de Benetton (quien posee dentro un destacamento informal de la misma fuerza).

Julio Saquero y Mabel Sánchez, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y activos acompañantes de la lucha mapuche, llevaban horas intentando llegar a la tranquera de la comunidad. Recién pudieron hacerlo cuando la parte más feroz del operativo había concluido y cuando Santiago Maldonado ya no estaba. Frente al ingreso al predio, y custodiados por un grupo de gendarmes que habían tomado posesión de la entrada, pudieron hablar con mujeres que se habían quedado refugiadas en la casilla junto a sus niños durante la represión.

Saquero y Sánchez mantuvieron fuertes discusiones con los uniformados, que se contradecían respecto de quién daba las órdenes (desde el juez Otranto hasta el “Estado” a secas) e incluso reconocían que varios miembros de la comunidad se encontraban adentro y bajo su control.

Mientras tanto las personas de la comunidad mapuche detenidas frente a la estancia de Leleque volvían a ver movimientos de Gendarmería. Entre los varios vehículos que vieron pasar, posiblemente se encontraba la camioneta en la que se trasladaba a Santiago y otra más, cargada de muchas de las pertenencias de la comunidad secuestradas durante la irrupción violenta (desde herramientas de trabajo hasta ropa, utensilios y mochilas). Otras pertenencias, quizás menos apetecibles para los gendarmes, fueron quemadas en sus lugares.

Fueron no menos de cinco horas en las que Gendarmería Nacional, ante la mirada de organismos de derechos humanos a los que se les impedía siquiera acercarse a conocer la situación de quienes habían sido corridos más allá del río, sitió esa parte del territorio mapuche, con la impunidad absoluta para destruir, retirar, fraguar y/o plantar pruebas de su accionar.

Vista exterior del ingreso a la Pu Lof (foto Joaquín Díaz Reck)

Encubrimiento criminal

Entre tantas mentiras que dijo durante este mes Patricia Bullrich, se le escapó una verdad. Efectivamente Pablo Noceti pasó por el casco de la estancia de Benetton “a saludar” a sus subordinados. Pero hay algo que no dijo: cuántas veces pasó por allí su jefe de Gabinete. La Izquierda Diario recogió varios testimonios que ubican al hombre dos veces en el mismo lugar con una diferencia de entre cinco y seis horas.

Como ya se dijo, el funcionario pasó por allí minutos antes de la violenta cacería en el Pu Lof. Y volvería al atardecer, coincidiendo con el retiro de los gendarmes del territorio mapuche y con la desaparición de Santiago Maldonado consumada. En ese momento también serían liberados los miembros de la comunidad detenidos frente a la estancia de Benetton, al cumplirse las seis horas límite que Noceti había estipulado para la supuesta “averiguación de antecedentes”. No sin antes ser anoticiados, inesperadamente y con un acta, que se les iniciaba una causa por “entorpecimiento de investigación”.

Quizás con lo que no contaba Noceti es que además de esas personas se encontrarían en el lugar algunos periodistas de la región preocupados por los acontecimientos. La foto que lo muestra junto a un uniformado a metros del ingreso a la estancia fue registrada en el atardecer invernal, como grafican las sombras sobre el asfalto y como lo certificó el fotógrafo que disparó contra Noceti.

Pablo Noceti junto a un gendarme en Leleque

A partir de entonces comenzaría otra historia. Del lado de la comunidad mapuche y de quienes se solidarizan con su causa se comprobaría que la Gendarmería hizo desastres en el lugar y que se llevó al joven que había llegado el día anterior a sumarse a su lucha. “El brujo” o “El Lechu”, como le decían a Santiago desde que pocos meses antes se había asentado en la casa lindera a la Biblioteca Popular del Río, en el barrio Los Hornos de El Bolsón, había sido “chupado” por el Estado.

Del lado del Gobierno, sobrevino toda una serie de negaciones sobre lo actuado, de tergiversaciones sobre lo sucedido y de ataques sobre Santiago Maldonado, su familia, la comunidad mapuche de la Pu Lof en Resistencia de Cushamen, los organismos de derechos humanos, las organizaciones políticas de izquierda, los trabajadores de prensa comprometidos con la verdad y gran parte de la sociedad.

Pablo Noceti no quiere hablar desde hace semanas. En su lugar habla su jefa Patricia Bullrich, abocada a mostrar una historia plagada de delirios y victimización. Sin embargo, casi todas las medidas investigativas ordenadas por el juez Otranto durante este tiempo fueron ejecutadas nada menos que por la Policía Federal, la Prefectura Naval y la Policía de Seguridad Aeroportuaria. Es decir que Pablo Noceti y la Gendarmería se investigan a sí mismos.

Por si fuera poco, gran parte de los peritajes en los destacamentos de Gendarmería de El Bolsón, Esquel, Bariloche y General San Martín no contaron con la presencia de ningún funcionario del juzgado federal que encabeza Guido Otranto. Obviamente aun no fueron ni peritadas ni allanadas ninguna de las dependencias de la estancia de Benetton.

Sin embargo Otranto sí pudo hacerse el tiempo para encabezar el allanamiento en la casa que habitada Santiago Maldonado. De allí se secuestraron pertenencias varias que no sirven para su búsqueda al tiempo que efectivos de la Policía Federal ingresaron a las patadas, con armas largas y con rostros tapados a la biblioteca contigua, amedrentando a quienes conocían a Santiago en momentos en que realizaban un taller para niñas y niños.

Hace pocas horas la fiscal del caso Silvina Ávila comunicó que “los múltiples testimonios que se realizaron mediáticamente nunca pudieron ser judicializados, fundados en un supuesto temor a ser incriminados u hostigados por las autoridades judiciales”. Estas declaraciones son un intento de detener el curso de la causa aduciendo que las víctimas de la represión constante serían los responsables de impedir que se llegue a la verdad de los hechos.

Ávila no puede desconocer que la comunidad de donde fue arrancado Santiago Maldonado está aterrorizada y cuenta con más de 40 miembros procesados por el mismo Poder Judicial (con causas armadas por delitos que no cometieron). Los supuestos “no colaboradores” de Ávila son los mismos que estuvieron al borde de correr la misma suerte que Maldonado. Ellos saben perfectamente quién es quién en esta historia, desde Pablo Noceti hasta los uniformados que entran a balazo limpio a su comunidad.

Pablo Noceti es responsable

Todos los hechos arriba relatados dan cuenta de que el jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad fue el responsable directo de la represión y las detenciones del 31 de julio en Bariloche y de la represión y militarización en la Pu Lof en Resistencia de Cushamen el 31 de julio y el 1° de agosto.

A su vez, los diversos y coincidentes relatos reunidos por éste y otros medios a lo largo de semanas permiten suponer que el mismo funcionario tuvo también una responsabilidad principal en la concreción del plan represivo, incluyendo la detención ilegal de personas en la Ruta Nacional 40, el ingreso sin orden judicial a la Pu Lof y, por último, la detención y desaparición forzada de Santiago Maldonado.

¿Fue Pablo Noceti quien también ordenó qué hacer con el joven que sin, ser mapuche, ese día había decidido solidarizarse con la recuperación del territorio ancestral? Si es así, Pablo Noceti puede responder dónde está Santiago Maldonado.

Puesto de vigilancia de la comunidad Pu Lof en Resistencia de Cushamen (foto Joaquín Díaz Reck)







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