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Otra batalla de Trotsky contra la ofensiva de Stalin

Ponemos a disposición del lector la sesión octava de El caso León Trotsky publicado por Ediciones IPS-CEIP.

Rossana Cortez

Integrante de Ediciones IPS-CEIP

Sábado 15 de agosto | 00:06

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Hace 10 años publicamos El caso León Trotsky, una traducción inédita al español de las actas de las audiencias de la Comisión Internacional de Investigación sobre las acusaciones de los Procesos de Moscú –más conocida como "Comisión Dewey" en referencia a su presidente– hechas al propio Trotsky y a su hijo, León Sedov, en el marco de los juicios y ejecuciones a los dirigentes bolcheviques, la llamada "vieja guardia", a partir de 1936. Las sesiones tuvieron lugar en Coyoacán entre el 10 y el 17 de abril de 1937.

El contexto mundial

Con Hitler en el poder en 1933 se iniciaba la tensión entre revolución y contrarrevolución en Europa. Dando comienzo a la era de los frentes populares contra el fascismo, la política de la Internacional Comunista en 1935 fue la contracara de la política anterior, que justamente, había permitido la llegada de Hitler al poder, al negarse a hacer un frente único con la socialdemocracia alemana.

El ascenso obrero en Francia en 1936, bajo la dirección del Frente Popular, enemigo de pelear contra la burguesía, fue encausado hacia acuerdos de mejoras para los trabajadores. Mayo de 1937 marcó el inicio de la derrota de la revolución española. El Frente Popular en ese país planteaba que primero había que ganar la guerra y luego hacer la revolución, anunciando el derrotero que culminó con el triunfo de Franco y casi cuarenta años de fascismo. La burocracia soviética también cumplió un rol determinante imponiendo esa política y liquidando desde adentro a las milicias del POUM y de la izquierda anarquista.

Entre 1936 y 1938 se dieron los Procesos de Moscú, en el marco de una feroz represión de la burocracia en la URSS que, como plantea Andrea Robles en el prólogo, "entre 1937-1938, se estima que fueron detenidas 1.548.366 personas por ’actividades antisoviéticas’, de las que 681.692 fueron fusiladas".

El camino a la conformación de la comisión

Después del segundo Proceso de Moscú, Suzanne LaFollette, una de las principales figuras de la Comisión Dewey, escribió una carta a Trotsky en la que le manifestaba que desde la Primera Guerra Mundial nada había agitado tanto al mundo intelectual norteamericano como los Procesos de Moscú. Desde octubre de ese año, el movimiento obrero y los círculos intelectuales, tanto en Europa como en Estados Unidos, estaban profundamente divididos ante el tema del derecho de asilo para Trotsky y la campaña para constituir una comisión internacional.

León Trotsky en Copenhague 1932

El primer Proceso de Moscú, en agosto de 1936, encontró a Trotsky en su asilo en Noruega que pronto iba a convertirse en una prisión, porque efectivamente estuvo detenido en ese país. La primera ayuda seria y eficaz para Trotsky y su hijo vino de Estados Unidos con la formación de un Comité Provisorio para la Defensa de León Trotsky que hizo un llamado firmado por John Dewey, los periodistas Freda Kirchwey, Horace M. Kallen, Joseph Wood Krutch y dos dirigentes del Partido Socialista norteamericano, Norman Thomas y Devere Allen. Este llamado apelaba a todos los amigos de los derechos democráticos a unirse a ella, destacando que apoyar este llamado no implicaba, necesariamente, ninguna afinidad con los pensamientos políticos de Trotsky. El comité no hacía más que retomar la tradición liberal norteamericana de la defensa de grandes causas judiciales que había dado nacimiento al Comité por la Defensa de Sacco y Vanzetti, y al Comité por la Defensa de Tom Mooney.

Miembros de la Comisión Dewey. John Dewey (al centro)

La reacción del Partido Comunista norteamericano no se hizo esperar. Los firmantes fueron acusados violentamente por New Masses, la revista cultural del PC. Freda Kirchwey renunció al comité. La presión de los estalinistas sobre los intelectuales era tal que los amenazaban con no publicar sus libros en ruso por las editoriales de Moscú si adherían al comité provisorio.

Sin embargo, un mes después, el comité se consolidó con unos 40 miembros. El 18 de diciembre, el día que expiraba la visa de Trotsky en Noruega, se realizó una asamblea de masas presidida por Suzanne LaFollette en el Center Hotel en Nueva York que reunió cerca de 4.000 personas. Al final, el comité anunció que México le había otorgado una visa a Trotsky. Este fue un primer triunfo.

Con libertad de movimiento en tierra mexicana, Trotsky pudo desplegar toda su energía para avanzar hacia la creación de una Comisión Internacional de Investigación. Disponía de apoyos sólidos, con el comité norteamericano y los comités que se habían constituido en Europa, sobre todo en Francia, comandado por su hijo, León Sedov. Moscú y los partidos comunistas tenían plena conciencia de ello. Desestabilizar el dispositivo de defensa de Trotsky en Estados Unidos, que se había convertido en el centro de la actividad para la formación de la Comisión Internacional de Investigación, se convirtió en el principal objetivo del Partido Comunista y de las organizaciones que él controlaba. Soviet Russia Today, la revista de los Amigos de la URSS, dirigida por Corliss Lamont, se puso a tono con la campaña que se preparaba: “Todos los liberals honestos se preguntan por qué el Comité para la Defensa de León Trotsky sigue existiendo, ahora que ya se ha obtenido el derecho de asilo”.

Desde fines de enero hasta mediados de febrero de 1937, el comité norteamericano iba a sufrir una serie de ataques. La campaña lanzada por el PC se organizó alrededor de cuatro acusaciones contra él: que estaba compuesto por trotskistas, que estaba compuesto por liberals que son marionetas manejadas por los trotskistas, que su objetivo era destruir a la Unión Soviética y que bajo la cobertura de una agitación a favor de la justicia, apuntaba a ayudar objetivamente los planes antisoviéticos de Hitler y el Mikado.

De hecho, lo que quebró notablemente la campaña del PC fue el considerable éxito de la reunión del 9 de febrero de 1937 en el Hipódromo de New York que reunió a más de 6.000 personas. Trotsky tenía que hablar por contacto telefónico desde México. Finalmente, el público no lo escuchará: una desconexión, debida sin dudas a un sabotaje, interrumpió la comunicación. Max Shachtman fue quien leyó el magistral discurso.

En la comisión participaron: John Dewey, Suzanne LaFollette, quien fue la secretaria, Ben Stolberg, Otto Rühle, que vivía en México. Se eligió un abogado, John Finerty, que había defendido a Sacco y Vanzetti. A último momento, Stolberg invitó a su amigo Carleton Beals, sin conocer la relación que este último tenía con Lombardo Toledano, el dirigente sindical estalinista mexicano. Beals finalmente renunció a la Comisión.

La obra

Edmund Wilson, escritor norteamericano, dijo que El caso León Trotsky era uno de los más grandes reportajes políticos jamás realizados. En cierto sentido, es una obra autobiográfica, ya en la primera sesión se perfila una biografía desde sus primeros pasos revolucionarios en Nikolaiev, en 1897 hasta su llegada a México. También en la sesión decimotercera, respondiendo a las acusaciones de Vyshinsky (el exmenchevique y fiscal de todos los Procesos de Moscú) esboza su biografía. Trotsky plantea que la evidencia documental con la que cuenta es su obra y la de Lenin, que están publicadas.

El libro toma la forma de un juicio, con la Comisión actuando como "jurado". Trotsky, mientras se defiende de acusaciones hechas en ausencia a él y a su hijo, tales como haber sido agente del gobierno alemán o agente del Mikado, de haber saboteado las industrias soviéticas –"actos explosivos o maniobras de distracción", como se las denominaba en la acusación–, de haber querido fundar un centro trotskista en la URSS y de haber llevado adelante todo tipo de alianzas con personajes "contrarrevolucionarios" incluso inexistentes, va abordando diferentes cuestiones. Por ejemplo, el desarrollo de la burocratización en la URSS, su teoría de la revolución permanente, la revolución española y sus perspectivas, la próxima guerra mundial. También cuenta cómo se le retiró la ciudadanía soviética, cómo se persiguió a su familia. Desnuda el carácter de sus principales acusadores, hoy bolcheviques, ayer mencheviques. Se explaya sobre su relación con Lenin en muchas oportunidades, y con los acusados del primer Proceso, Zinoviev y Kamenev, la formación de la troika Stalin-Zinoviev-Kamenev y la lucha de la Oposición de Izquierda, la ruptura de aquellos con Stalin, la conformación de la Oposición Conjunta, la posterior capitulación de Kamenev y Zinoviev. También relata la actividad de la Oposición de Izquierda en Rusia y de sus principales exponentes, que escribían trabajos teóricos y que se publicaban en el Boletín de la Oposición hasta 1931. Además del desarrollo de la Oposición Internacional. Reitera la defensa de la URSS como Estado obrero que ha tenido avances en la industrialización, a pesar del control burocrático, pero critica la colectivización forzosa y la industrialización forzosa.

Trotsky tenía que demostrar su inocencia a un juzgado que opinaba, como Dewey, que bolchevismo y estalinismo eran lo mismo o que desconocía la historia soviética, y eso implicaba explicar muy aguda y sencillamente las diferencias entre el régimen bajo Lenin y el de Stalin.

Por supuesto, el veredicto de la comisión fue: inocente.







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