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Origen de la palabra parásito

Nora Buich

Profesora Escuela Técnica Astillero Río Santiago

Domingo 11 de diciembre de 2016 | Edición del día

Según el Diccionario de la Real Academia Española:

parásito, ta

Del lat. parasītus, y este del gr. παράσιτος parásitos ’comensal’, ’gorrón’; el acento de la forma española actual se basa en el étimo griego.

1. adj. Dicho de un organismo animal o vegetal: Que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo. U. t. c. s.

2. adj. Dicho de un ruido: Que perturba las transmisiones radioeléctricas. U. t. c. s. m. pl.

3. adj. Dicho de una persona: Que vive a costa ajena.

Tal como aparece en el diccionario pareciera que la palabra parásito designó en un principio a esos pequeños animalitos que viven a costa de otros como la Tenia Saginata en el aparato digestivo de las vacas o los piojos en la cabeza y que de allí vino la asociación posterior con la gente que vive a costa de los demás.

Pues, lo interesante, es que es exactamente al revés.

En la antigua Grecia, el termino parásitos aludía (sin ninguna carga peyorativa) a los funcionarios encargados de verificar la cosecha de trigo y la preparación del pan, así como los banquetes en homenaje a los dioses.

Se los consideraba personas sagradas que estaban bajo la protección de los dioses y cuando se celebraban fiestas en su honor, a los primeros a los que se invitaba a los banquetes era a los parásitos.

También ocurría que miembros de un mismo grupo decidían a veces reunirse en las casas de unos y otros alternativamente, aportando la comida y la bebida entre todos o casi siempre se celebraban los banquetes por invitación de un huésped lo bastante rico como para correr con los gastos de la reunión.

Estas invitaciones podían ser bastante improvisadas. Se encontraba a unos amigos en el ágora (la plaza pública, lugar de debates y también de interacción social pero sólo de los que eran considerados ciudadanos, esto el 5% de la población) y se les invitaba a cenar. Muchas veces un invitado llevaba uno de sus amigos por propia iniciativa, sin que lo hubieran invitado y sin aportar nada, también a ellos se los empezó a denominar parásitos. Gente que siempre tenía un pretexto para comer y beber bien “de arriba”.

Más tarde en la sociedad de la antigua Roma, individuos de rango socioeconómico inferior que se ponían bajo el amparo y dependencia laboral de un patrón de rango socioeconómico superior mantenían una relación de “clientela”. Este tipo de relación se inició para fomentar los vínculos entre ambas partes de la sociedad romana, de manera que unos -los clientes- pudieran vivir sin envidia y los otros -los patronos- sin faltas al respeto que se debía a un superior. Ni más ni menos que una conciliación de clases para amortiguar conflictos. Y cuantos más clientes tuviera el patrón romano, accedía a más prestigio y se convertía en una persona importante.

Y con la palabra latina parasītus /parásito los patronos designaban -ahora sí peyorativamente- a los clientes (los trabajadores) que eran considerados como “vagos que vivían a su costa”.

Recién en el año 1721, aparece por primera vez el término parásito, “parasite” en francés, aplicado a la botánica primero y luego a la zoología.

Así que, cuando el millonario industrial Pescarmona, dijo la semana pasada que “las chicas de 14 años se preñan y tienen un bebé para que les den unos mangos” para vivir del estado o los obreros que son “inempleables”, porque son vagos y no se preocupan en aprender para trabajar mejor (y rendir más), habla en representación de una clase dominante que desde mucho antes del sistema capitalista ya defendía sus privilegios justificando la explotación.

Y como aquellos patronos romanos o como los funcionarios griegos, crea el discurso de que trabajadores y trabajadoras son parásitos que viven de arriba y hay que terminar con sus privilegios, cuando los que realmente viven de arriba son ellos, comiendo manjares en banquetes pagados con la sangre obrera y viviendo del estado a través de subsidios millonarios.







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