Política Uruguay

Editorial

Orden y estabilidad

Dadas las condiciones internacionales y regionales de la economía, el elenco de gobierno es incapaz de recrear un futuro venturoso. Apenas se centra en mostrar “previsibilidad”, “estabilidad”, “certezas”, frente a las incertidumbres que plantea la oposición y directamente el discurso apunta a “mantener lo que se tiene”.

Sábado 21 de septiembre | 10:30

El candidato moderado del peronista Frente de Todos de Argentina, Alberto Fernández suele contar a modo de anécdota una enseñanza que le dejó una conversación con el Ministro de Economía, Danilo Astori. Fernández cuenta que Astori le enseñó que “pueden venir dos autos con un problema de carburación, pero para desarmar un carburador hace falta una llave de cuatro pulgadas y para desarmar el otro una llave de diez. No siempre se desarman los carburadores con la llave de cuatro pulgadas". Y siguió: "¿Qué me decía Astori con esto? Que en verdad no hay una regla para resolver nuestras economías. Que hay momentos en que hay que ser liberal y momentos en que hay que ser más heterodoxos, más keynesianos si se quiere, y que así se va llevando adelante la economía de los países. Y a mí eso me quedó grabado”. Esta misma semana en una entrevista con Alejandro Fantino, el economista, amigo y asesor económico de Mauricio Macri, Carlos Melconian ponía como ejemplo a Uruguay y a Chile en cuanto a su política monetaria. “La izquierda en Uruguay lo aprendió y ya lleva 15 años... y en Chile también, después de la dictadura de Pinochet”, sentenció el ex presidente del Banco Nación durante el primer año del mandato presidencial de Macri.

Siguiendo con el ejemplo de Astori, podríamos decir que las medidas anunciadas la semana pasada de las cuales nos explayamos aquí, configuran parte de su kit de llaves “liberales” para reparar el carburador de la economía uruguaya, que viene desacelerándose desde hace algún tiempo y busca contentar a un sector empresario que desde hace algún tiempo está exigiendo medidas por el estilo para recrear un buen “clima de negocios”.

Dadas las condiciones internacionales y regionales de la economía, el elenco de gobierno es incapaz de recrear un futuro venturoso. Apenas se centra en mostrar “previsibilidad”, “estabilidad”, “certezas”, frente a las incertidumbres que plantea la oposición y directamente el discurso apunta a “mantener lo que se tiene”.

Se reconfiguran las alianzas al interior del Frente Amplio

La tendencia a la fragmentación del sistema de partidos en general, también se tradujo en esta especie de reordenamiento interno en el Frente Amplio a las listas al senado, y también a las diputaciones por cada departamento.
El Frente Líber Seregni recibió su estocada final cuando Rafael Michelini decidió negociar una lista común al senado con el diputado “rebelde” Darío Pérez de la Liga Federal. Este movimiento del Nuevo Espacio generó el malestar de Alianza Progresista, bloque al que pertenece el ex intendente fernandino, Oscar de los Santos, enfrentado y enemistado desde hace mucho tiempo con Pérez. La vigencia del FLS ya había entrado en cuestión cuando Mario Bergara decidió lanzar su propia pre-candidatura a la presidencia en contra de la resolución de Astori de apoyar a Daniel Martínez y también por la decisión temprana de Michelini de votar dentro del FLS pero con lista propia al senado. El ‘astorismo’, bloque que delineó la política económica de los últimos 15 años hoy quedó reducido a Asamblea Uruguay, que irá por un lugar en el senado sin alianzas de ningún tipo. Por su parte, Alianza Progresista de Liliam Kechichian y Rodolfo Nin Novoa acordaron ir debajo del paraguas del sublema Progresistas, un nuevo bloque de centro compuesto por Cristina Lustemberg, Álvaro García, Fernando Amado, y la Vertiente Artiguista, entre otros. Así, Progresistas se transforma en una gran plataforma para proyectar el liderazgo de Mario Bergara, y, a su vez, cortar la sangría de intención de voto hacia el espacio opositor, que centralmente estaban recalando en el colorado Ernesto Talvi.

Por su parte, el Partido Socialista que en los últimos meses ha sufrido la sangría que varios dirigentes identificados con el ala renovadora (moderados), creó una nueva alianza con el sector Casa Grande de la senadora Constanza Moreira. La lista 1001 del Partido Comunista de Oscar Andrade y aliados irá como es sabido desde hace tiempo en alianza con la Lista Amplia que apoya a Carolina Cosse y con otros grupos como el PVP. El sector del dirigente del SUNCA busca un posible segundo senador y una ampliación en la cámara de diputados, intentando capitalizar la pre-candidatura de un Andrade que se quedó con las sensibilidades más de izquierda en el FA.

Mientras tanto, el MPP hará una alianza con la lista 711 de Raúl Sendic al senado y distintas alianzas por departamento. En el caso del bloque de Mujica, las aspiraciones son a mantener el caudal de votos de la elección de 2014.

En el rompimiento y armado de coaliciones al interior del FA en muchos casos cuesta distinguir las afinidades políticas o ideológicas. Más bien parece un ordenamiento “técnico” y pragmático, donde lo que se busca es quedar en mejor posición para ingresar a ambas cámaras y la discusión política ha quedado en segundo plano.

El FA acorta la brecha y se pone en carrera

Las últimas encuestas de Grupo Radar y de Factum muestran un avance del Frente Amplio y un estancamiento o leve retroceso del candidato colorado. Es que, después del despegue que significó la victoria en la interna colorada sobre el ex presidente Julio María Sanguinetti, Talvi comenzó a sufrir el efecto de la exposición pública y de mostrar algo de su programa económico que claramente está ligado al clamor de las cámaras empresariales por aplicar medidas de ajuste más drásticas. Las declaraciones de Ana Zerbino, posible Ministra de Economía diciendo que “el estado es el mejor asignador de recursos”, o los dislates del mismo candidato acerca de los números de desempleo, desestimando a 70 mil trabajadores públicos, comienzan a minar la credibilidad de un Talvi que hasta hace un mes parecía inmune de ataques. Cabe recordar que entre su grupo de asesores se encuentra Fernando Pérez Tabó, asesor legal de Gas de France desde la privatización de la ex Compañía del Gas y luego de su sucesora Petrobras. Pérez Tabó, que es el referente de Ernesto Talvi en el área de relaciones laborales es el asesor jurídico de los empresarios uruguayos ante la OIT, se ha destacado por su política antiobrera y por su conducta antisindical. Es que, si Danilo Astori representó el renunciamiento de los empresarios nacionales y extranjeros a administrar el estado mediante sus partidos históricos (blancos y colorados), prescindiendo de los sindicatos y los movimientos sociales, por el contrario, el proyecto político de Ernesto Talvi encarna la voluntad y la predisposición de los capitalistas de desarrollar una lucha por su rentabilidad y sus márgenes de ganancia, ahora si, prescindiendo de cualquier relación que “los ate” a los sindicatos. En esta dialéctica, Astori es garantía de ajuste, pero con otros ritmos y negociado; mientras tanto Talvi es como ya lo ha planteado: “por las buenas o por las malas”.

Y a esto debemos sumarle el cuestionamiento ético a su candidato a vicepresidente, Robert Silva, quien siendo director de URSEA, también fue asesor de la española Teyma S.A., empresa regulada por el mismo ente.

La recuperación de intención de voto del partido de gobierno en la actual coyuntura responde también a que después del escándalo de El Gucci, el comando central de campaña comenzó a unificar criterios, Martínez presentó a sus equipos en el área económica, social y en la educativa y el Frente Amplio comenzó a tener la iniciativa política. El anuncio de enfermedad de Tabaré Vázquez creó otro clima proclive a suavizar las críticas de la oposición a la gestión y definitivamente el gobierno con las medidas económicas busca posicionarse activamente en la campaña electoral, intentando disputar nuevamente el centro del espectro político.

En las disputas con los colorados tampoco se privaron de discutir los símbolos y de pelear por el legado de Batlle y Ordóñez y el (o los) ‘batllismo(s)’. Discusión por demás interesante que ya tendremos tiempo de abordar.

Represión a movilización contra UPM: la imposición de un discurso de “orden”

Uno de los elementos importantes de la coyuntura y que se ha intentado ocultar con el paso de los días fue la represión a la marcha contra la injerencia de UPM en la Educación. Varias son las lecturas que se podrían hacer, pero en un momento de pérdida de hegemonía electoral y política del gobierno, y de posible rompimiento por derecha de sectores importantes de la clase media con este, no es descabellado pensar que el accionar policial vaya en el sentido de mostrar el uso de la autoridad, algo tan discutido por la oposición y en lo que el gobierno no quiere ceder terreno.

Es un mensaje también para todos aquellos que quieran luchar no solamente contra la instalación de UPM2, sino también contra las reformas estructurales que desde el gobierno y la oposición tienen un relativo consenso (con matices en las formas y los tiempos) en aplicar. El Frente Amplio con esto, resalta los rasgos de ‘partido del orden’. Es decir, el FA desde que asumió la administración hace casi 15 años expresó una relación de fuerzas posterior a la crisis del 2002 y gobernó bajo un esquema de “pacto distributivo” donde “todos podían ganar”, sin alterar la estructura socioeconómica del país y siendo un partido centralmente de la “contención”. Cuando las condiciones económicas ya no son favorables y el modelo económico empieza a tener graves fisuras, el discurso y las acciones del gobierno tienden a presentarse como baluarte de la estabilidad económica y política, pre-condición necesaria para aplicar un ajuste.

Para esta tarea el gobierno cuenta con muchos medios a su favor. La policía, los medios de comunicación, la justicia y el silencio y estigmatización de gran parte del sistema político. Aun así, hubo sectores sociales y políticos ligados al Frente Amplio que rechazaron la represión y la posterior detención de un total de 7 manifestantes, entre los que se encontraba nuestro compañero Facundo Faroppa, quién estuviera dos días detenido por estar filmando el procedimiento policial.

Perspectivas

La campaña electoral continúa y no se discuten grandes ideas que encarnen giros bruscos en materia de proyecto histórico. Una de sus características es la desconexión entre las discusiones centrales que se plantean y los problemas reales que sufren a diario los trabajadores y los sectores populares. Es una campaña especial porque reúne muchos ingredientes interesantes que tienen que ver con la época política, el agotamiento del modelo económico y de un partido de gobierno, la irrupción de nuevos fenómenos políticos como Sartori o Manini Ríos y el recambio y procesamiento de nuevos liderazgos en el Frente Amplio. ¿Cómo será el próximo FA? ¿Continuará teniendo el monopolio de “la izquierda” en términos políticos? En lo que refiere a la fragmentación del sistema de partidos ¿cuáles serán las fortalezas y debilidades de un futuro gobierno? ¿Podrá un gobierno “multicolor” de la oposición o del FA en minoría parlamentaria implementar el conjunto de medidas que esperan los empresarios? Son algunas interrogantes que se abren en la situación y que permiten pensar hipótesis para la intervención política de los trabajadores, las mujeres y la juventud.

El 28 de agosto pasado, el PIT-CNT realizó un paro general parcial, que, por el tenor de la proclama leída que daba cuenta de ataques contra las conquistas y condiciones de vida de los trabajadores, parecía que ameritaba medidas más contundentes y sostenidas en el tiempo. La dirección del PIT-CNT ha sido parte del esquema de gobernabilidad posterior a la crisis del 2002 y ha sido un factor activo en patrocinar la paz social en el marco de movilizaciones y medidas de baja intensidad. Quizás una de las grandes enseñanzas que ha inculcado la dirección de la central obrera haya sido la idea de que mediante luchas parciales y en el marco de un gobierno “progresista” se podrían alcanzar mejoras graduales in eternum. Pero esto encontró su límite. Ya no hay condiciones para una política mínima de reformas como la que aplicó el FA en estos tres períodos de gobierno. Y se plantea cada vez más una distancia importante entre la legítima aspiración antiajuste de un gran sector de la sociedad y lo que realmente se visualiza como perspectiva.

Es entendible que sectores de trabajadores ante el avance social y electoral de los partidos fundacionales y de una formación política estructurada desde el aparato militar como Cabildo Abierto, voten al Frente Amplio no esperando un giro a la izquierda, sino como un instrumento para que no vuelva la derecha. Pero este pensamiento esconde una derrota subjetiva. Y es la poca o casi nula confianza de esos mismos sectores en sus propias fuerzas para derrotar aún los planes más terribles. La clase trabajadora uruguaya en distintos períodos de la historia ha logrado conquistas librando grandes batallas políticas y poniendo eje en su fuerza como clase y en sus aliados naturales. Hoy en día debemos volver a plantear que el tenor del ajuste cuando la clase empresaria declare la guerra contra los trabajadores, no estará dado por el signo político del gobierno únicamente, sino, por sobre todas las cosas por la relación de fuerzas que se imponga entre las clases, es decir, de la lucha de clases.

El escenario político plantea la necesidad de avanzar en repensar a la izquierda y cuáles pueden ser las vías para el surgimiento de una izquierda política que exprese a los sectores de clase descontentos con el gobierno, pero hoy en día no encuentran un canal. Es necesario discutir contra lo que se ha impuesto como una resignación a lo posible, a que, por ejemplo, el proyecto político de la izquierda uruguaya sea UPM2.







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