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Red Internacional

Reseña del libro Escritos sobre cine norteamericano, de J. Hoberman

Diego De Angelis@DieDeAngelis

Miércoles 23 de marzo de 2016

Tal vez no sea la expansión de una sensibilidad especial lo que determina una escritura audaz. O tal vez no sea ese su fundamento principal. Acaso lo que define un estilo no sea más que el despliegue lento y agotador de una obsesión irremediable. Escribir podría ser entonces contar una obsesión a cualquier precio y exorcizar así -al menos por un rato- sus efectos nocivos. “A cualquier precio”: precisamente allí, en esa frase cristalizada, subyace el principio de un estilo notable. Todo escritor podría ser caracterizado como un ser perturbado que descubre en la escritura, en ese fatigante proceso de morder palabras como un perro rabioso, la posibilidad de conjurar una obsesión que lo persigue por todas partes y a cualquier hora. El escritor como un fanático que insiste una y otra vez con lo mismo: con la búsqueda por consolidar un régimen de escritura que lo entusiasme y, en el mejor de los casos, lo socorra.

En Escritos sobre cine norteamericano (Ed. Cuenco del Plata), una compilación de textos del periodista y crítico de cine J. Hoberman (Nueva York, 1948) -referente insoslayable de la crítica cinematográfica de su país-, se hace de inmediato comprobable la manifestación de una obsesión y su puesta en práctica expresiva. Obsesión por el cine. El crítico de cine es antes que nada un cinéfilo. Un troglodita. Alguien que se la pasa todo el día viendo cine. Y en cualquier lugar imaginable. “El término apesta a tardes desperdiciadas en cines y trasnoches consumidas frente al televisor”, definirá Hoberman en “De cara a los noventas” (1991), uno de los artículos del libro. La obsesión por el cine exhibe, como pocas otras experiencias, la imperiosa necesidad de escribir sobre él. Obsesión por la escritura. Porque a fin de cuentas cada film -cualquier film- no es más que una excusa para escribir. Un pre-texto.

¿Escribir sobre qué? Sobre cine. Pero secretamente –o no tanto- sobre la sociedad, sobre la propia vida y la de los otros. Hoberman citará una y otra vez una frase que establecerá desde el principio su posición: “El buen crítico de cine es sólo concebible como crítico de la sociedad”. Pertenece a Siegfried Kracauer. Hoberman analizará brevemente el trabajo crítico del pensador alemán. En especial, dos de las obras que alterarán, en el momento de su publicación, la visión del público respecto del cine: De Calilgari a Hitler: Una historia psicológica del cine alemán (1947) y Teoría del cine (1960). Hoberman subrayará cada vez que pueda la condición perceptiva que estructura la experiencia cinematográfica: “El cine es una cuestión de percepción: comprenderlo tiene que ver con la percepción de esa percepción”. Por lo tanto, el crítico proyectado por Hoberman debería situar el análisis cinematográfico dentro de una orientación más amplia. El cine como forma de pensamiento y -sobre todo- como forma de comprensión de un modo de ver históricamente determinado.

Escritos sobre cine norteamericano está dividido en tres partes: Una posición, Para una crítica de la crítica, Cine o realidad. La primera parte se ocupará principalmente de aquellos directores marginados por la crítica oficial. En Películas malas (1980), Hoberman señalará que existen varias razones para tener en cuenta las películas consideradas basura. En los errores y descuidos, en las ambiciones desmedidas, en las deformaciones inconscientes de fórmulas y clichés, el cine encontrará una oportunidad para expandir sus posibilidades formales. El artículo destacará la enorme potencialidad de un film objetivamente malo: “Una película sumamente mala –una anti obra maestra- irradia una estupidez tan asombrosa como genial”. Hoberman apuntará los hallazgos de varios realizadores de películas malas, desde el caso más conocido de Ed Wood hasta la obra de Oscar Micheaux, hacedor de películas “tan malas que solo se lo puede considerar como uno de los innovadores formales más grandes del medio”. En Modernismo vulgar (1982), el crítico norteamericano identificará una sensibilidad particular en los bordes de la industria cultural. En esta primera parte, el énfasis estará puesto fundamentalmente ahí, en la revelación de esa franja encubierta. A su vez, destacará el carácter inclusivo del cine, en tanto medio masivo, capaz de fascinar simultáneamente al gran público deseoso de entretenimiento y a los especialistas dedicados al gesto vanguardista.

La segunda parte estará dedicada a la crítica de cine. Hoberman escribirá sobre su condición, sus alcances y las posibilidades de su intervención futura. Una serie de artículos sostenidos a partir de una afirmación que todavía permanece irresuelta: la crisis que sufre desde hace tiempo el crítico de cine, convertido en un “porrista mal pago” de la industria, casi en un publicista encubierto del sistema mediático. En “El cinéfilo: Manny Faber en las trincheras del cine”, buscará delinear su contrapartida. Una mirada dirigida hacia las expresiones artísticas culturalmente desprestigiadas que no gozan de la atención de la crítica y del público.

Los artículos de Cine o realidad reflexionarán sobre el presente y el futuro del cine y su vínculo con lo Real. El género hollywoodense por excelencia tendrá su lugar en La pérdida del western (1991). Hoberman trazará un recorrido por su trayectoria, su significación social y su actual decadencia. A su vez, esta última parte del libro incluirá un análisis de La Guerra de las Galaxias y un pormenorizado estudio de la obra de Spielberg. El último artículo, Cine del siglo XXI: Muerte y resurrección en el (nuevo) desierto de lo Real, señalará la realización efectiva del sueño baziniano del “Cine total”, pero como pesadilla. El desarrollo y hegemonía de la imagen digital llegó a configurar una existencia ficticia capaz de producir la desaparición de la realidad.

El cine para Hoberman lo es todo. Cualquier actividad humana ha sido y todavía es intervenida por el cine. La religión, la política, la guerra, el entretenimiento, la tecnología, el dinero, el amor, la publicidad, el comportamiento social y sexual. Todo es cine. Un medio capaz de cumplir fantasías y deseos. Una forma de pensamiento, un modo de comprender el mundo. Escritos sobre cine norteamericano no solo traza un recorrido por el trabajo de un crítico que pensó el cine en toda su dimensión, sino que revela otro asunto aún más importante: cómo escribir acerca de esa porfiada y emocionante obsesión.




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