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Red Internacional

Enzo Orellana, obrero de la construcción, falleció al caer 30 metros desde una antena en mal estado. Trabajaba en negro y sin protección. Sus compañeros y familiares apuntan contra una patronal acostumbrada a abaratar costos poniendo en riesgo la vida de los trabajadores.

Viernes 19 de marzo | 14:38

El deceso de Enzo Orellana ocurrió el pasado viernes, cuando se vino abajo con una antena derruida de más de 20 años de antigüedad, y que tenía que desmontar por encargo de la patronal, RN Servicios Integrales, que presta servicios para la empresa Galindo.

Enzo trabajaba en negro, por 1000 pesos el jornal y sin ninguna protección. Tenía 33 años, era padre de familia y tenía una vida por delante. En las imágenes que circularon horas después del siniestro, se puede observar al supervisor contratista, Martín Ruiz Naranjo, mirando desde abajo.

"Martín Ruiz no tendría que haber dejado subir a mi hermano. Esa antena se calcula que tiene más de 20 años, se tendría que haber desmontado con una grúa. Pero poner una grúa es más caro. La vida de mi hermano valía 1000 pesos. Estaba en juego su trabajo si no se subía ¿Dónde está la UOCRA, que no se acercó a mi familia, ni al hospital? ¿No se supone que es un sindicato que vela por la vida y la seguridad de los empleados de la construcción?", aseguró Iván, hermano de Enzo y trabajador de la construcción, entrevistado por la periodista Mariana Romero.

"A mi hermano lo mataron Ruiz Naranjo y Galindo. Quiero justicia por mi hermano y porque no haya más trabajadores en negro y trabajadores que sufran lo que hace esta gente, que porque tienen un peso piensan que la vida de los obreros no sirve de nada. No señores, nosotros somos los trabajadores, tienen que valorarnos", exclamó con los ojos llenos de lágrimas.

Sus compañeros de trabajo también denuncian que además de contratar en negro, la empresa no entrega los elementos básicos de seguridad, no reconoce días de enfermedad, los apuran todo el tiempo y encima tienen que soportar todo tipo de maltratos y agresiones verbales.

El caso de Enzo Orellana no es un hecho aislado. Es la realidad que viven a diario los precarizados, que representan una franja cada vez más importante de la clase obrera. No fue un "accidente laboral" o una "tragedia", sino un verdadero crimen social perpetrado por una clase capitalista acostumbrada a un trato repugnante para con la clase trabajadora de la que se sirve para amasar sus ganancias.

Junto a su familia, compañeros de trabajo y amigos, exigimos justicia por Enzo. Justicia que más allá de los tribunales, sólo se podrá conquistar para todos los precarizados con la fuerza de los trabajadores organizados y en pie de lucha por todos sus derechos.




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